ALEJANDRO VIDAL
Las aguas se remiten nuevamente a su cauce. No hay nada como un buen resultado, aunque sólo sea una victoria contra el Xerez, para imponer la calma. Así de fácil y complicado a la vez es el mundo del fútbol, donde el mensajero es asesinado tres veces por minuto cuando, como en política, no sucumbe a encantos partidistas u ocultas aspiraciones personales.
Para eso están los gabinetes de prensa, para impedir el trabajo de los periodistas, intoxicarles hasta donde sea posible y proteger a las estrellas de la contaminación de micrófonos y plumas. Generalmente sin éxito, por fortuna.
A lo largo de mi carrera no he conocido un solo futbolista, no hablo de entrenadores, que me haya agradecido un comentario favorable. Engonga, para ser justo, constituyó en su día la excepción de la regla. En cambio no han faltado caras largas, desprecios y algún insulto ante opiniones críticas. No pasa nada. Está en nuestro sueldo, seguramente bajo para cada uno de nosotros y alto para el empresario.
Periodistas aparte, Manzano, primer beneficiado del trabajo de todos los compañeros estas últimas semanas, ha colocado el listón en el objetivo de la permanencia. Estamos de acuerdo aunque, en términos comparativos, el objetivo haya sido el mismo año tras años con plantillas muy superiores a la que, hipotéticamente, se ha confeccionado para la temporada en curso.