ALEJANDRO VIDAL
No hay aprendizaje sin examen. Si nos calificáramos a nosotros mismos, nadie suspendería y el joven Martí Asensio, cuyo reconocimiento ha de llevar implícita la contrición, aún tiene que ser evaluado.
Tampoco vamos a cerrar los ojos ante la mayor y negarle el tiempo que le damos incluso a los políticos para valorar sus realizaciones. La familia que se ha hecho con la propiedad del Mallorca es seria, no ha venido a tirar el dinero ni a incrementar una deuda que la conduciría al suicidio y, en todo caso, lo que se demanda del principiante no es que permita la invasión de su terreno, sino que asuma que su condición tampoco debe ser patente de corso para irrumpir en el de otros y que al PC Fútbol se juega con fichas y ordenador. O eso creo.
La victoria ante el Xerez, el fichaje de Borja y el paréntesis de la competición han desinfectado las primeras heridas. Tres puntos y un futbolista que han obrado el efecto de un bálsamo protector, porque no hay mejor antídoto para las crisis que, institucionales o no, afectan puntualmente a los clubes.
Pero queda mucho por hacer. Nadie nadará contra la corriente de la notoria sobredimensión que sufre el Mallorca como empresa. La reducción de cada sección a su verdadera medida es parte de la asignatura pendiente a la que se enfrentan los nuevos gestores, menos mediática pero no menos importante que las que inciden en la plantilla de jugadores. Aprovechemos la calma que, invariablemente, sigue a toda tormenta para templar los ánimos, pero sin olvidar que la tempestad se ha producido a océano abierto, no en un vaso de agua.