ALEJANDRO VIDAL
Todo el mundo entiende de fútbol, a diferencia de otras disciplinas deportivas, desde el atletismo al voleibol por orden alfabético, de las que nadie sabe ni papa. Hasta aquí vamos bien.
El problema surge cuando alguien que quiere distinguirse de esa masa cree que por ver diez partidos a la semana y tragarse la liga hondureña, ucraniana, siria, maltesa y algún amistoso en Madagascar, sabe más que su vecino de asiento y que los mismísimos profesionales. Si, por faltar algo, se rodea de unos o dos representantes visionarios con aspiraciones de cazar y descubrir talentos sin el menor éxito, ya tenemos el perfil establecido.
Hablemos claro. El zozobrante desembarco de los Martí Mingarro en el Mallorca, de la mano de su delfín Martí Asensio, ha provocado el fichaje de un defensa central al borde del desahucio, gratis naturalmente, y la pérdida del objetivo prioritario del técnico y la dirección deportiva,- Camuñas fichó ayer por Osasuna-, mientras el joven batidor invertía el poco dinero que tiene en un futbolista cuya demarcación está cubierta.
Todo ello a cinco días del primer partido de liga, con el entrenador lógicamente rebotado, el vestuario entre la incredulidad y la sorpresa y un entorno cada vez más preocupado ante el rumbo de los acontecimientos. Eso sí, a falta de fichajes, hoy tendremos quelytas.