ALEJANDRO VIDAL
Es evidente que los Martí han comprado el Mallorca para hacer un negocio. Saben que no lo hay en la explotación directa de los clubes, ni aún con los derechos de televisión de por medio, y más que a la venta de camisetas, parece que se van a dedicar a la compraventa de jugadores.
Está claro que Nando Pons equivale a una piedra en el camino que si es pequeña se tira y si se pone pesada, se aparta. Su cargo es de confianza y no cabe reproche en el deseo del dueño de buscar el consejo de los suyos. Otra cosa muy distinta es la desavenencia con el entrenador, pues de hacer caso omiso a sus decisiones a interferir en las alineaciones sólo hay un paso. Dicho con toda claridad: ¿qué sucede si Gregorio Manzano, en el ejercicio de su trabajo, no cuenta con China? La respuesta no está en el viento como las de Bob Dylan. A nadie le gusta que le chafen el negocio y el portugués viene para jugar, le guste al técnico o no.
Ya hemos dicho que, aunque vendido, la salud del Mallorca es precaria. Se ve afectado por dolencias crónicas que se pueden complicar a la primera gripe y, por mucho que el joven Martí Asensio mienta ante la prensa para dar imagen de tranquilidad, la que ha desatado no es influenza común, sino el H1N1. ¿Que se puede propagar? Sí. ¿Que se puede curar? Sí. O no.