ALEJANDRO VIDAL
Los primeros pasos no son tranquilizadores. Tanta prisa por constituir el consejo de administración y tan poca para completar la plantilla infunden más desasosiego que calma.
El joven Martí Asensio quiere abarcar demasiado, delega poco o casi nada y, como dice el refrán, aprieta poco. De él lo desconocemos todo por ahora, pero han transcurrido diez días desde que se hizo oficial la compraventa y no ha podido cumplir con la promesa formulada a su regreso de Palermo al afirmar que en tres o cuatro días habría fichajes.
Si el retraso se debe a las condiciones económicas inalcanzables dentro del planteamiento económico formulado, tal vez haya que revisarlo porque a estas alturas ya no quedan gangas.
Si, por el contrario, se debiera a un cálculo demasiado optimista sobre las posibilidades de la plantilla en su estado actual, no respaldado por el entrenador ni la dirección deportiva, todavía sería mucho peor.
El caso es que el incipiente consejero delegado todavía no ha dado señales de vida. Ha enviado por delante a Vidal, pero no ha explicado a la afición en qué consiste su proyecto, ni cuáles son sus intenciones, ni cómo espera llevarlo a cabo.
Sólo ha abierto la boca para anunciar fichajes que no llegan y que, si era necesario, se haría un esfuerzo extraordinario, pero de momento no hemos visto ni lo uno, ni lo otro. No nos tilden de agoreros. Todo el mundo merece un margen de confianza que no le vamos a negar. Pero el tiempo corre rápido.