ATLETISMO. MUNDIAL DE BERLÍN
SEBASTIÁN FEST / DPA. BERLÍN.
Los gestos, muecas y sonrisitas que ensayó durante toda la tarde llegaron a hacer pensar que Usain Bolt había perdido el foco, pero cuando a las 21:46 del pasado domingo en Berlín el cronometro se paró en 9,58 segundos, un escalofrío recorrió la espina dorsal del deporte mundial: Bolt es de otra galaxia.
"El juego sigue", gritó a las gradas de un casi repleto estadio olímpico minutos después de la hazaña, del mayor salto en un récord mundial en la historia de los 100 metros. "Para mí todo es posible, intentaré batir el récord mundial la próxima vez. Todo es posible", aseveró Usain Bolt.
Habrá que creerle. Al fin y al cabo, Bolt es el hombre que hace un año, el 16 de agosto de 2008, revolucionó los Juegos Olímpicos de Pekín con unos 9,69 que pocos esperaban. Y después logró los 19,30 en el 200 y otro récord mundial en los 4x100. Bolt logra todo lo que se propone.
"Es el mejor, no hay forma de pararlo", dijo Asafa Powell en Pekín. En Berlín tampoco pudo pararlo, aunque con sus 9,84 se llevó el bronce. Lo festejaron juntos, ensayando un nuevo paso de baile y cubiertos por la bandera de Jamaica, esa isla de los milagros.
A pocos metros, Tyson Gay daba puñetazos en el aire: sus 9,71 segundos son la tercera marca de todos los tiempos. Pobre Gay. Casi lo logra, pero cuando acaricia la gloria, Bolt le asesta un 9,58. Cómo no va a estar frustrado Gay, tricampeón mundial de 27 años que ve esfumarse la posibilidad del cuarto título cuando en cualquier otra circunstancia se hubiera convertido en uno de los héroes deportivos del año. Pero es un héroe galante. "Bolt puede llevar el cuerpo humano a otro nivel", dijo Gay.
Bolt hizo los deberes desde el principio hasta el final. Su tiempo de reacción en la salida (0,146 segundos) fue casi idéntico al de Gay (0,144) y no mucho peor que el de Powell (0,134). Solventado ese déficit del larguirucho de 193 centímetros, devorarse el hectómetro azul del estadio era más un placer que una presión: a los 20 metros ya tomó el mando y no lo dejó hasta la línea de meta, donde paró el cronómetro en un nuevo récord del mundo con un total de 41 zancadas. La mayor velocidad la alcanzó entre los 60 y los 80 metros con 44,7 kilómetros por hora, lo que le hizo recorrer esos 20 metros en apenas 1,61 segundos.
Cuando restaban diez metros, el movimiento fue leve, girando sus ojos hacia la derecha buscando al gran rival. Pero Gay no estaba, iba por detrás, y esta vez Bolt cruzó la meta estirando la cabeza y arañando centésimas para seguir reescribiendo la historia del atletismo.
John Einmahl, profesor de matemáticas de la Universidad de Tilburg (Holanda) calculó en 2006 los límites humanos en las 14 disciplinas del atletismo basándose en la Teoría del Valor Extremo: 9,29 segundos es el límite. Ya no suena tan a fábula, porque Bolt está a sólo 29 centésimas tras devorarse en un año 11 de una tacada.
Por eso en la noche del domingo ya nadie se acordaba de la salida en falso de Bolt un par de horas antes en semifinales, ni tampoco de su exceso de muecas. En la húmeda, calurosa e histórica noche berlinesa todos los ojos apuntaban a un prodigio nacido en Jamaica y el mundo se hacía una pregunta sin respuesta: ¿Hasta dónde va a llegar Usain Bolt?