ALEJANDRO VIDAL
Un amigo futbolero no soporta el patinazo de un jugador cuando se encuentra en posición de remate a gol o bien colocado para una acción decisiva. Argumenta, posiblemente con razón, que los buenos no resbalan.
El fútbol contiene numerosos ejemplos tan aplicables a otras disciplinas como a la vida misma. En el Gran Premio de Chequia, Rossi se cayó en los entrenamientos; Lorenzo en la prueba oficial. Sin duda, una gran diferencia que avala la tesis de mi amigo.
¿Por qué se cae uno y no el otro, o uno lo hace cuando puede y el otro cuando no debería?. Posiblemente porque el mallorquín necesita apurar más y arriegarse más que el italiano. Sencillamente porque, a día de hoy, Valentino todavía está un escalón por encima de Jorge.
Naturalmente esto no va en detrimento de nuestro mundialista, ni le resta un ápice de mérito. Su futuro sigue intacto, ha podido perder casi todas las opciones de ganar este año el cetro de GP, pero ello no significa que no esté llevando a cabo una grandísima temporada. A veces es necesario mirar lo que viene por detrás, en lugar de aquello que tenemos delante, para saber exactamente cuál es nuestra posición y a espaldas de Jorge Lorenzo van muchos pilotos y muchos de ellos importantes.
Todo esto habrán tenido en cuenta los responsables de Ducati al fijarse en el piloto palmesano para liderar su equipo, que de eso se trata. En Yamaha es el segundo de a bordo y el primero parece tener cuerda para rato. Pero Lorenzo no tiene madera ni carácter de segundón. No lo es en la pista, ni tampoco fuera.
Claro que en la decisión influyen factores que a todos se nos escapan, pero en la cúspide caben más de uno.