ALEJANDRO VIDAL
Cuenta la leyenda que antes de que los jugadores del Barça saltaran al mítico estadio de Wembley para disputar aquella famosa final de la Liga de Campeones que ganó a la Sampdoria con un gol de Koeman al transformar un libre directo, Johan Cruyjff les dijo a los jugadores: "Ahora que ya habéis llegado hasta aquí, lo único que os tengo que decir es que salgáis y disfrutéis".
Probablemente sea un consejo parecido a éste el que, si nos preguntara, podríamos darle a Rafa Nadal, cuya reaparición ha vuelto a ser noticia de alcance mundial.
El mallorquín vuelve para probarse a sí mismo, sin marcarse objetivos que, dadas las circunstancias de la temporada, flotan en la lejanía de sus posibilidades inmediatas. Aunque para él no exista nada imposible, retomar el liderato del ranking mundial en poder de Federer no está a su alcance a corto o medio plazo. Es más, incluso es probable que Andy Murray le arrebate la segunda posición si tenemos en cuenta cómo suben los enteros del juego del escocés sobgre superficies duras.
Nadal, que no debió participar en el Masters de Madrid, como él mismo ha reconocido, tiene que medir muy bien a partir de ahora cada uno de sus pasos. En el horizonte se asoma ya la semifinal de Copa Davis de España contra Israel, en Murcia, para la que no sería necesario su concurso. Los médicos tendrán la última palabra.
Nos olvidamos con demasiada facilidad de que el de Manacor es el tenista más musculado del circuito, circunstancia que no le resulta favorable. Tendrá que acostumbrarse a procurar más por su físico y quien sabe si, puntualmente, adaptarse a otro tipo de juego sin apurar el límite del esfuerzo como le hemos visto hacer hasta ahora. Pero vuelve Nadal y es una buena noticia para el tenis.