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SEBASTIÀ ADROVER. ENVIADO ESPECIAL A MÁLAGA Este punto es de salvación. De los que dejan un gran sabor de boca. De los que cuando se repasa la trayectoria de una temporada se señala en rojo y se recuerda su importancia. El Mallorca dio un paso de gigante en su cruzada por mantener la categoría al empatar ante el Málaga en un partido en el que se podrían haber dado los tres signos de la quiniela (1-1).
De todas formas hay que felicitarse porque los bermellones dejaron claro que son de Primera División ante un rival que no acreditó ser superior en ningún caso. El mayor éxito del grupo de Manzano es que jamás se sintió inferior. Más que nada porque no lo es. El golazo de Arango dejó mudo a La Rosaleda cuando todavía estaba festejando la espectacular volea de Apoño. Los dos equipos disfrutaron de ocasiones para aumentar la renta en el marcador -Castro, Keita, Duda y Salva-, pero los porteros o la puntería dejaron en tablas un choque que fue de menos a más.
Los 36 puntos que figuran en el casillero de los bermellones son una catapulta hacia el éxtasis. Hay que ganar dos partidos. Sin más. Y el Valladolid el próximo jueves y el Recre en Huelva el domingo son las citas en las que se puede adelantar la fiesta. Esta extraordinaria segunda vuelta deja en evidencia las carencias de la primera, porque esta plantilla no debería estar sufriendo. Ni en broma. Manzano sorprendió al alinear a Lux en lugar de Aouate, pero las paradas que hizo el argentino le dieron la razón, aunque mostrara las dudas de siempre en las salidas. Eso sí, la defensa estuvo a un gran nivel, por lo que es más difícil perder.
Al Mallorca le costó entrar en el partido. No era cuestión de legañas porque el duelo se inició a las ocho de la tarde, pero sí de falta de intensidad. Estaba a verlas venir ante un rival que tampoco hacía nada del otro mundo. Tenía el balón, pero poco más. Hasta que paradójicamente una ocasión rojilla despertó a ambos conjuntos. Martí sirvió un magnífico centro que Webó remató a placer en el área pequeña. El problema es que se encontró las manos de un inspirado Goitia, que despejó con acierto. Era el minuto 20 y a partir de ahí la dinámica cambió. Los visitantes se dieron cuenta de que podían asustar a los locales. De hecho, no daba la impresión de que los andaluces lucharan por entrar en Europa y los baleares por la salvación. Arango entró un poco más en juego y Martí y Cléber se entonaron.
Lo de Varela ya es un caso perdido. Juega porque parece que la ley que impera en la mente de Manzano no le permite otra cosa. Como si fuera un delito dejarle en el banquillo, aunque hay que reconocer que ayudó mucho en defensa. Incluso Castro, que apenas había entrado en juego, supo lo que era tener el balón en sus pies.
Las fuerzas estaban igualadas, hasta en desacierto. Porque Manolo Gaspar envió a las nubes el balón desde dentro del área cuando tenía toda la portería para él. El encuentro aumentó una marcha su velocidad al mismo ritmo que se elevaba la tensión. Lux estuvo acertado en varias salidas, sobre todo en una en la que Eli se quedaba solo para batirle.
No obstante, el momento del Mallorca ya había llegado. El ´Chori´ se inventó una sensacional jugada por la banda derecha, dejó sentados a dos adversarios y cedió la pelota a Webó, que remató muy mal. Fue la antesala de una acción que podría haber cambiado el duelo. Cléber condujo un rapidísimo contraataque, pasó el balón a Castro y el uruguayo falló una de esas ocasiones de las que a buen seguro se acordó anoche. Porque cuando estaba solo ante Goitia no acertó en su disparo al enviarlo fuera. La mirada al cielo del sudamericano lo decía todo.
Todo quedaba relegado a la segunda parte, que ya fue otra historia. Arango dio un primer aviso alcancerbero de los malacitanos con una falta que se estrelló en su cuerpo. Sin embargo, el que dio primero de verdad fue el conjunto blanquiazul. Un despeje de la defensa isleña fue recogido por Apoño, que de volea desde fuera del área hizo inútil la estirada de Lux. Golazo. Eso sí, la alegría les duró sólo seis minutos. Porque Arango volvió por sus fueros. Tal y como hizo en Gijón, salió al rescate de su equipo con una falta para enseñar en los colegios. Desde 35 metros, su tiro se coló de forma irremediable ajustado al palo izquierdo de Goitia. Otro golazo que hacía justicia.
Tapia no se quedó de brazos cruzados. Sacó toda la artillería que tenía en el banquillo. Algo tenía que hacer. Fernando, Salva y Luque saltaron al césped dispuestos a desarbolar la ordenada zaga de los bermellones, pero la dinámica no varió. Pero fue Duda el que estuvo más cerca del gol. Su remate se iba directo a la red, pero entonces apareció Lux para despejar el balón. El Mallorca no quiso ser menos, y cuando ya todos miraban al árbitro para que pitara el final, Keita se quedó solo ante Goitia tras una fenomenal combinación con Arango, pero el cancerbero le adivinó la intención. Mateu Lahoz pitó el final y los de rojo levantaron los brazos. Tenían motivos para estar contentos.
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