ALEJANDO VIDAL
Más allá de su participación en las eliminatorias previas a la final del pasado domingo en Mar del Plata, como la de Robredo o Almagro en Perú, creo que el cuarteto ganador en Argentina y, especialmente Feliciano López y Verdasco, exhibieron su versión personal de lo que podríamos denominar el estilo Nadal o, mejor dicho aún, el espíritu de Rafel, porque nuestro número uno no gana solamente por sus golpes, su técnica, sus aciertos o su preparación, sino, por encima de todo, por su actitud.
Es el modo de afrontar un partido o una competición lo que equilibra el conocimiento y las opciones de los contendientes. La técnica, con sus inevitables altibajos o secretos, determinaría eterna e inevitablemente la victoria de quienes mejor la dominan pero, en cualquier especialidad deportiva y aún pesando mucho, hay un componente de esfuerzo personal con el que se vencen no pocas inferioridades.
En el histórico capítulo del polideportivo platense, los jugadores locales entregaron su alma al público en quien, desde el primer día, Del Potro y sus compañeros descargaron toda la responsabilidad de la final. En cambio cada uno de los tenistas españoles puso la suya, como seguramente han aprendido cada vez que han visto ganar al de Manacor. Rafel no es mejor que Federer, pero resulta más competitivo porque en cada bola va una parte de sí mismo.
Y eso es lo que necesitará también para sobreponerse a sus problemas físicos y lo que le ha llevado a firmar la mejor temporada de su aún corta carrera.