ALEJANDRO VIDAL
El estado físico de Rafel Nadal ha sido una preocupación latente durante toda la temporada pese a que, paradógicamente, ha cerrado la mejor campaña de su todavía corta vida deportiva.
Rafa ha sorteado con brillantez las dificultades que planteaban sus retos y ha soslayado durante muchos meses cualquier asomo de una lesión que arrastra desde hace tiempo y que, en algún instante, alarmó al mundo del tenis. Es decir, que su decisión de no acudir a Shanghai y las dudas que concita su participación en el España- Argentina de Copa Davis no han causado la menor sorpresa. Más allá del alcance de las dolencias que sufre y que, conseguido el liderato del ranking mundial de la ATP en el mes de agosto, hubieran aconsejado descanso tras los Juegos de Pekín sin forzar la temporada en Miami, Madrid y París, hay que dejar que trabajen los médicos y que la propia juventud del manacorí haga el resto.
No es bueno jugar a las predicciones, máxime cuando hablamos de un deportista excepcional en todos los aspectos. Cabría separar su técnica infusa de su preparación física, aunque al mismo tiempo es imposible disociar ambos conceptos en un tenis en cuya evolución tanto ha tenido que ver el entrenamiento dinámico. En definitiva, parada en boxes y tiempo al tiempo.