El amplificador

Luis Alberto Segura, jugando con las estrellas

Divertirse, esa es la máxima que sigue un músico que hoy triunfa con L.A., tras años de formación en otras bandas locales, baquetas en mano. Devoto de los Beatles, a los que considera su "escuela", llora la muerte de Tom Petty

31.10.2017 | 00:43
Luis Alberto Segura, jugando con las estrellas
Luis Alberto Segura, jugando con las estrellas

Luis Alberto Segura (Palma, 1978) es un artesano de la música. Todo lo que firma proviene del trabajo hecho en casa, en su estudio, a fuego lento, sin más presión que la que él mismo se marca, siempre que sus hijas se lo permitan (obligaciones de padre). Con L.A. ha tocado el cielo, como Lucy, la de los diamonds de sus adorados Beatles, el grupo que le abrió las puertas a un mundo, el del rock, en el que no deja de divertirse.

Sin los 'Fab Four', quién sabe lo que estaría haciendo hoy Luis Alberto Segura. Su padre, de nombre también Luis, un antiguo mod que fue acumulando una colección de singles adquiridos a los marineros de la US Navy en el puerto de Palma, fue el faro que le guió en sus años de infancia. Su primer recuerdo musical es el de un tocadiscos, con su progenitor enseñándole a limpiar los vinilos, por miedo a que los rayara. "En lugar de esconderlos, me enseñó a usarlos correctamente. Educar en lugar de prohibir", subraya. Y así llegó a los de Liverpool, primero pinchándolos y luego interpretando sus canciones, una de las primeras, It Won't Be Long, de Lennon.

El primer instrumento que cayó en sus manos fue una guitarra, una vieja acústica con dos cuerdas desafinadas que precisamente acaba de desempolvar y con la que ha grabado las canciones del que será su próximo trabajo, una revisión de temas de L.A. que presentará en el Teatre Principal el 6 de enero de 2018. "Me la compraron mis padres en un anticuario a finales de los 80, después de una visita al dentista de la que salí llorando. Aprendí a tocar con esa guitarra, con dos dedos, y de hecho sigo haciendo acordes con dos dedos. Esa guitarra fue la culpable de que haga lo que hago hoy".

Pero es la batería la que ha marcado el ritmo en su carrera, primero con The Green Cherries, con el que se estrenó en los escenarios a mediados de los 90, y luego con Glycerine, Los Valendas, The Nash y, finalmente, L.A. "Yo intento tocarlo todo –afirma–, pero mi instrumento es la batería, a la que llegué por inercia pura". Su idilio con las baquetas se produjo en el colegio, jugando. Con unas cajas de Nestlé y un derroche de imaginación se montó una batería, que pintó y con la que se probó, frente a sus compañeros de clase, en la función de final de curso, con unos pinceles en la mano y haciendo un playback de Mecano. "No soy ni un gran bajista ni un gran guitarrista, eso está claro. Me considero buen batería porque es lo que más he estudiado y más he trabajado, y con lo que más he girado. ¿Una especie de director de orquesta del rock? Sí. Sé muy bien lo que deseo y si no lo consigo como yo quiero, me enfado. Por eso grabo los discos yo solo. Pagar a un músico para que haga algo que después no suena como tu quieres es una putada. L.A. suena como suena porque soy yo grabando todos los instrumentos. ¿Que podría sonar mejor con otros músicos? Por supuesto".

La modestia y humildad definen a nuestro hombre. Pocos saben que una fractura en la mano, siendo un niño, le impide hacer virguerías con la guitarra. De ahí que recurra a la cejilla metálica. "Me cuesta hacer acordes complejos. De hecho siempre hago los mismos. Si escuchas todas las canciones de mis últimos cinco discos verás que siempre son los mismos acordes aunque movidos y girados de un lado a otro". Bueno, Dylan también llegó a lo más alto con tres acordes. "Y con unas letras brillantes", corrige. Al Nobel de Literatura lo ha empezado a descubrir hace poco. Pensaba que nunca lo entendería, como a Robert Fripp, de King Crimson, pero ha ido saboreando su música y, poco a poco, va rindiéndose ante la magia del de Minnesota.

En su estudio todavía no hay ninguna referencia al autor de When The Night Comes Falling From the Sky, de momento. Sí las hay de otros, fruto del fetichismo que practica. "Toda la vida he sido muy coleccionista –reconoce–, y en mi casa me he criado acumulando cosas de los Beatles, yendo a subastas y ferias de disco, y comprando todo tipo de artículos en EE UU e Inglaterra". Uno de sus tesoros es el Damm the Torpedoes, el tercer álbum de Tom Petty and the Heartbreakers, de 1978, firmado por el rockero, fallecido hace unas semanas. "A Tom Petty le vi en Los Angeles, en directo, hace unos tres años, y flipé". Fue en el The Forum de Los Angeles, durante años el hogar de los Lakers de la NBA, otra de las pasiones de juventud de Luis Alberto Segura. "Fue el mejor sonido de guitarra que he escuchado en directo en mi vida. Cambiaba hasta tres veces de guitarra en la misma canción. Lo que uno desea sobre el escenario lo tenía Petty: los amplis, las guitarras, los bajos? Fue un bolo increible, un show espectacular".

Una biografía de Sinatra y los diarios de grabación de los Beatles son otros objetos que pueden encontrarse en su estudio. También... ¡un ukelele de Bob Esponja! Sí. De sus dos hijas, de 4 y 2 añitos. "Quiero que toquen mi batería, que muevan mis platos y los ensucien con sus manos". Como hizo su padre, cuando empezaba. Educar en lugar de prohibir.

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