Joan Punyet Miró: "Cuando ves un cuadro de Miró siempre escuchas música contemporánea"

En el volumen se reconstruyen las relaciones de Miró con Edgar Varèse, Stockhausen, John Cage, Mestres Quadrenys o Maria del Mar Bonet

15.06.2017 | 18:06
Emilio Fernández Miró, Raimon, un sonriente Joan Miró, Josep y Manel Parellada, en el Moulin de la Galette, París, en 1973.

Autor del libro ´Miró & Music´ (Alreves). El nieto del artista presentará el próximo día 30 de junio, en la Fundació Miró de Palma, una investigación que muestra una faceta desconocida del genio: su relación con la música, solo comparable a la que mantuvo con la poesía

P ¿Qué le llevó a investigar la relación de su abuelo con la música?
R Empecé con este libro hace veinte años, cuando comencé a investigar en la biblioteca, depositada en la Fundació Joan Miró Barcelona, y en toda la colección de discos de mi abuelo, ahora en mi despacho. Ahí me di cuenta que Miró tenía todos los discos archivados y catalogados como si fuesen la Biblia, un lugar de recogimiento espiritual adonde acceder. Han sido dos décadas de investigación a nivel internacional, entrevistando a Pierre Boulez, André Masson, Mestres Quadreny, Raimon, Maria del Mar Bonet y muchísima otra gente que me ha aportado información inédita que sale a la luz por primera vez.

P Un trabajo que interesará a los expertos en la obra mironiana. ¿También a los músicos?
R Sin duda. Los músicos encontrarán en este libro, por fin, a alguien que hable de ellos porque es un sector que ha sido repudiado a favor de la poesía. Para mí, la poesía y la música son dos caras de la misma moneda para entender la obra de Miró. Cualquier lector encontrará referencias de su interés pero además los músicos hallarán una nueva puerta abierta al mundo Miró que encaja en el mundo de los sueños, la música, un ingrediente perdido de la fórmula Miró. El lector podrá encontrar cómo la música, a partir de los años 20, cada día estaba más presente en Miró y cada día se hacía más palpable en su obra. Era como encontrar música silenciada en su pincel. En esta obra encuentras la clave para descodificar el acceso que abre la puerta al mundo sonoro y musical de Miró.

P ¿Cómo era la relación que mantuvo con la música?
R Miró siempre mantuvo una relación con la música de respeto, amor y de gran sinergia e influencia. Durante esta investigación me he dado cuenta de que hay muchísimos compositores que influenciaron a Miró, influencias que hasta hoy permanecían en las sombras. Su relación con la música fue muy intensa. Siempre se rodeó de poetas y de músicos, de compositores, violinistas, guitarristas, violonchelistas€

P ¿Cuál fue su bautismo sonoro?
R A través de la Escuela de Francesc Galí en 1912 en Barcelona. Después de trabajar la pintura al óleo en el taller, por las tardes iba a leer poesía y escuchar música, de Bach, Mozart, Vivaldi€ En 1916 Miró ya decía que era mirar el cielo y ver una orquestación sinfónica de Haydn.

P ¿Ha comentado que su investigación se adentró en la colección de discos de Miró. ¿Qué títulos incluía?
R En su discografía había música de lo más diversa. Música clásica –Bach, Mozart, Beethoven–, compositores más radicales –como Stockhausen, Varèse, Duke Ellington, John Cage–, música de revolucionarios –caso de Messiaen o Iannis Xenakis– que buscaban sonidos nuevos... Miró decía que Stockhausen hacía lo mismo que él. Si aquel buscaba en la música sonidos revolucionarios, Miró perseguía en su pintura composiciones revolucionarias. Miró hacía una analogía entre lo que es una nota musical con un toque de pincel de color de un cuadro. En mi libro figura la lista completa de los discos que Miró tenía en su casa, unos 150 en total. Los guardaba con máximo esmero, cura y atención. Hoy, con Spotify y otros servicios, se ha banalizado el acceso a la música pero antes escuchar un disco era una ceremonia religiosa; había que prepararse mentalmente, tener el equipo adecuado y lograr el silencio adecuado para entregar tu alma a la música.

P ¿A qué músicos les pintó las portadas de sus discos?
R A Joan Magrinyà, Francis Poulenc, Pierre Boulez, Louise Varèse, Josep M. Quadreny, Raimon y Maria del Mar Bonet, a quien le hizo la portada de un disco de los años 70. Bonet acababa de hacer un recital maravilloso en el Auditòrium de Palma, a mediados de los 70. Tras la actuación mi abuelo fue a verla al camerino y le dijo: "Lo que has hecho es algo extraordinario. Quiero hacer la portada de tu próximo disco". Maria del Mar confesó que se le abrió el cielo y que era un milagro tener a Miró ofreciéndose para trabajar en su disco. Eso demuestra que Miró siempre tenía la esperanza depositada en los artistas jóvenes. Quería estar con gente de 25 años aunque él tuviera 80. Miró supo reconocer el talento natural de Bonet inmediatamente.

P ¿Miró pintaba, como otros muchos artistas, con música de fondo?
R Jamás. Siempre lo hacía en máximo silencio. Cuando Miró se imbuía de música y poesía era en su estudio, por las tardes. Es un recuerdo que guardo en mi memoria. Tenía yo 10 años. Al día siguiente, desde las nueve de la mañana a las dos de la tarde, iba a trabajar al estudio en absoluto silencio. Nunca quiso trabajar como Jackson Pollock, con jazz a todo volumen. Miró digería la música y la poesía durante la noche porque durante el proceso del sueño, a través del subconsciente colectivo, lo juntaba con las fuerzas telúricas de la tierra más las influencias que había acumulado, y esa amalgama era lo que pintaba al día siguiente. Esas figuraciones oníricas nacían de dejar reposar en su alma toda esa influencia poético-musical que había escuchado y leído la noche anterior. 

P ¿Cultivó la música en alguna ocasión?
R Miró jamás tocó un instrumento. Todo lo contrario que, por ejemplo, Paul Klee, que tocaba el violín; o Kandinski, que tocaba el chelo.

P ¿Era un espectador habitual en conciertos?
R Siempre que podía iba a un concierto. Cuando se fue a Nueva York acompañado de Joan Gardy Artigas acudió cada noche al Jazz Club de Manhattan a escuchar actuaciones de jazz; también a Harlem, en busca de gospel africano. En París también fue a muchos conciertos de música clásica o contemporánea, de lo más radical y contestatario que hubiese en aquel momento. En Palma, cuando Eaktay Ahn creó la Orquestra, Miró asistió a varios conciertos.

P ¿Su abuelo bailaría hoy en el Sónar barcelonés?
R Edgar Varèse es el padre de la música electrónica y por las limitaciones electrónicas de aquel momento le impidieron desarrollar plenamente sus ideas. Pero siempre buscaba sonidos electrónicos nuevos. Varèse fue un incomprendido hasta 30 años después de su muerte. Lo de bailar, a mi abuelo no le atraía mucho (risas), más bien nada. El ritmo lo llevaba dentro, muy escondido.

P ¿Qué afinidades encontró con Stockhausen?
R Se conocieron durante las Noches de la música en la Fundación de Saint-Paul-de-Vence, en los 60. Allí se codeó con otros muchos jóvenes músicos y compositores contemporáneos de fama internacional. El crítico frances Georges Raillard me confesó en una entrevista que Miró le dijo: "Cuando voy a ver a Stockhausen me doy cuenta que hace lo mismo que hago yo, busca sonidos nuevos en ramas, caracolas, conchas y piedras, así como yo busco colores nuevos en nuevas creaciones cromáticas con aguarrás, disolvente o gasolina para lograr unos colores únicos que puedo crear gracias al atrevimiento de las mezclas que hago con mis experimentos propios".

P Otro buen amigo suyo músico fue John Cage.
R Sí. En el Club 49, creado en Barcelona, la secretaria era Maria Lluisa Borràs. Ella me contó que mi abuelo, cuando se enteró de que estaba John Cage por Europa, con Merce Cunningham y la escenografía de Robert Rauschenberg, le dijo: "Traeremos a Barcelona a John Cage". Hizo una serie de obras que puso a la venta y todo el dinero lo destinó a la causa de traerlo a Barcelona. Se convirtieron en muy buenos amigos. Tenemos correspondencia entre ellos para colaborar en distintos proyectos musicales. En la Fundació Miró tenemos un poema musicado de Cage llamado Haiku, que mezcla la música americana contemporánea –sin olvidar que él es el creador de esa pieza de 4 minutos y 33 segundos de máximo silencio, lo más provocador del mundo– con la poesía japonesa. Miró y Cage eran dos enamorados de Japón.

P ¿Qué otros músicos le impresionaron?
R La lista es extensa pero uno interesante es Olivier Messiaen, compositor francés que realizaba grabaciones de insectos. Miró pintó en 1927 Diálogo de insectos y Messiaen grababa grillos y otros insectos que hicieran ruido, y hacía composiciones musicales aportando la música de la naturaleza, que era lo que a Miró le fascinaba. También le impresionó Jimi Hendrix. Mi hermano Emilio, un día que la televisión le dedicaba un programa a Hendrix, llamó a mi abuelo para ver juntos el festival de Monterrey. Miró se quedó alucinado, perplejo. Cuando vio cómo Hendrix quemaba la guitarra, soltó: "Caramba, pero si este chico hace lo mismo que hago yo. Yo también quemo las telas de los cuadros". Miró sentía la máxima admiración hacia Hendrix.

P ¿La música está presente en sus lienzos?
R Desde siempre. Hay un texto de Rimbaud que habla de que la música atraviesa el cielo. También hay una confesión de Diego Masson, que decía que cuando Miró veía las Constelaciones no veía un cuadro, escuchaba música.

P ¿Miró improvisaba como un músico de jazz?
R Sin duda alguna. La influencia del jazz en su obra es máxima, por su alto grado de improvisación. Cuando ves un cuadro de Miró siempre oirás música contemporánea. Miró improvisaba como un músico de jazz. Antes de romper las reglas tienes que conocerlas.

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