Cela quiso evitar la cárcel a Arrabal argumentando que nació "dormido"

Una firma de libros "atípica" hizo que el fiscal pidiera para el "surrealista puro" 12 años de prisión, que quedaron en 3

08.05.2016 | 03:40

En 1967, Fernando Arrabal escribió una dedicatoria que le costó la cárcel. Camilo José Cela contribuyó a que fueran 3 meses y no 12 años argumentando que el dramaturgo era "un surrealista puro" y que estaba "dormido" desde que nació, según el manuscrito inédito de su defensa, al que ha tenido acceso EFE.

Cela había creado en 1964, junto con dos de sus hermanos y miembros de la familia Huarte, la editorial Alfaguara, y tres años después consiguieron traer al dramaturgo a España, donde no era bien recibido, para que firmara ejemplares de libros suyos. En uno de ellos, a instancias del "lector" que le pidió que le pusiera "una barbaridad", escribió "me cago en Dios, en la patra y en todo lo demás".

Aquella dedicatoria, que en principio iba a ser "confidencial", la leyó el padre del destinatario, un capitán de la marina, que la consideró blasfema y le denunció por ello ante el Tribunal de Orden Público. El fiscal pedía 12 años de cárcel para él pero se quedaron en tres meses gracias a la presión internacional y a la intercesión de Cela, Laín Entralgo y López Aranguren.

Además, el testigo principal de la defensa, Jorge Cela, informó al tribunal de que Arrabal se había tomado "una copita de Marie Brizard" antes de acudir a la firma de libros y que su gato se llamaba 'Patra'.

"No soy quien para prejuzgar si Arrabal ha delinquido o no, y en qué grado. Pero sí quisiera dejar dicho qué es lo que pienso del suceso por el que está sometido a procedimiento y de sus motivaciones. Arrabal es un surrealista puro", sostiene Cela en su escrito, de dos folios.

El surrealismo, detalla, "implica, por principio, un choque con el mundo en torno y con las reglas, de un cariz o del contrario, por el que se rige ese mundo en torno, porque la actividad surrealista queda al margen de toda responsabilidad moral, con un nuevo carácter de experimento involuntario".

Tras recordar que Dalí se defendió de haber puesto en un cuadro "una inscripción injuriosa" con la tesis de que era "el mismo conflicto de orden moral" que cuando "se asesina en sueños a una persona querida", Cela subraya que si el teatro español está "presente en el mundo" es gracias a Arrabal y "a la pureza de sus convicciones estéticas surrealistas, de las que no claudica, entre otras razones, porque aunque quisiera no podría hacerlo".

"En una histórica reunión surrealista, el francés André Breton dio un muera a Francia y el alemán Max Ernest, un muera Alemania; no deben entenderse ambos mueras en su estricto o riguroso sentido, como tampoco debe suponerse que el que asesina al padre o al hijo en el sueño de Salvador Dalí quiera, efectivamente, asesinar al padre o al hijo si está despierto".

Los surrealistas, añade, "al querer expresar su automatismo, las zonas más obscuras del subconsciente (aquellas por la(s) que no podemos responder porque quedan al margen de la voluntad), proceden como ángeles –gloriosos o caídos, que no importa al caso– moviéndose en un mundo onírico".

"El suceso, repito, no es a mí a quien corresponde juzgar y, de otra parte, debemos tener confianza en los señores que componen el tribunal que ha de hacerlo. Sólo quisiera rogarles que recapacitasen cristianamente sobre una evidencia: los sueños no entran en tela de juicio y Arrabal, desde que nació, está dormido, quizá incluso trágica y bellamente dormido".

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