LOURDES DURÁN. PALMA.
Sus novios fueron su primer auditorio. No satisfecha con esa escucha nada atenta –"me odiaban, me pegaban"–, asegura Gabriela Wiener, se lanzó a degüello de lo que algunos denominan ´periodismo gonzo´. Escribió Sexografías. La periodista peruana participó ayer en Literanta en el ciclo En algún lugar de La Mancha. Aproximación a la periferia con un sugestivo envoltorio, Body Paint.
"Entro en ciertos mundos de los que no vuelvo a salir", cuenta. La experiencia en las ceremonias con ayahuasca, la vida de un transexual en París, la crónica de una de las cárceles más peligrosas de Lima, la clonación de óvulos en clínicas de Barcelona o la crónica de un polígamo con siete mujeres son sólo algunos de los lugares vividos por una licenciada en Filología y habitual del periodismo cultural que ha "buscado nuevas maneras de hacer reporterismo, una mezcla entre etnografía y literatura". La pornografía es frecuente en sus letras.
Tímida confesa, sus escritos, sin embargo, no tienen pudor alguno. El punto de vista que rodea sus crónicas la sitúa como personaje. "No se puede hacer un relato real sin hablar de tu cuerpo", enuncia mientras pasea los dedos de su mano izquierda, una y otra vez, arriba y abajo de su vestido. "No es sólo mi experiencia, sino la metáfora de mi experiencia". Al lector le pide "que sea espectador de mi inmersión".
Qué distancia al personaje Gabriela Wiener –mantiene una cierta rutilancia desde sus escritos en El País, redondeado a partir de la publicación de Sexografías– de la mujer de tez oscura, refugiada en unas lentes opacas, calzada en botas de tacón medio y enfundada en un vestido que deja ver más allá de la rodilla. "Me creo como personaje", dispara. "Nunca estoy segura de no estar haciendo más que pajas mentales", confiesa. "No quiero que suene a estafa lo que hago, porque estoy entrando a estos temas de manera respetuosa", aclara.
El denominado ´periodismo gonzo´ cuenta con Beatriz Preciado y su Testo yonqui (una crítica política de la pornografía) como uno de los referentes que ella respeta. No tanto a Forster Wallace, "al que no soporto".
Wiener se siente "muy cercana, muy identificada" a artistas-performes como Ana Mendieta, Regina José Galindo y aboga por acercarse "con sinceridad" a "esa conexión actual entre sexo y estética. Ahí es donde están los mayores tabúes, ahí quiero trabajar".