M. ELENA VALLÉS. PALMA.
Agustín Fernández Mallo enfatiza sobre el proceso de escritura de Nocilla Lab (Alfaguara): "Estaba poseído por lo que escribía. Cuando algo te domina así, sabes que lo que estás haciendo es bueno". Convencido de su "Proyecto" –así le llama el escritor a su trilogía tanto en público como en las páginas de Nocilla Lab–, el gallego afincado en Palma desbrozó ayer en Literanta las cuestiones capitales de la Nocilla. "Cuando estaba llegando al final de Lab, me di cuenta de que necesitaba otro desenlace, algo completamente distinto. Me dije: ´Pues como soy un narrador contemporáneo, voy a usar todas las herramientas a mi alcance. Así quedaba legitimado el uso del cómic de Pere Joan y yo ampliaba mi campo de batalla". "Sí, y entonces me pediste que dibujara a Vila-Matas cuando era guapo y joven", le replica el dibujante ante el amplio y tierno auditorio. Fernández Mallo recordó también la película casera de 60 minutos que puede descargarse gratis desde su blog. "Un correlato en imágenes que me apetecía hacer en la que aparecen Antonio Luque, Eloy Fernández Porta, Luis Macías y Vicente Luis Mora", añade. Así, al autor le entusiasmó que algún periodista le dijera que Nocilla no era sólo literatura, sino un proyecto artístico total. "Me gustó la apreciación, porque yo siempre quise ser artista", reconoce.
El responsable de Creta Lateral Travelling recaló en los orígenes del Proyecto: "Me rompí la cadera en Tailandia y en el hotel escribí Nocilla Dream. Jamás pensé que fuera a publicarse. Por entonces escribía sólo poesía y, cuando estás en ese círculo, te crees que estás en el crepúsculo de los elegidos y que los que no te leen son tontos. Que me publicaran la novela y que se leyera fue en realidad una lección de humildad. Entonces comprobé que la gente era muy lista".
El escritor Román Piña se encargó de los prolegómenos: repasó la educación académica y sentimental del gallego. Incidió en que tanto él como Fernández Mallo maduraron en los años ochenta. Y que el vigor de su literatura le evoca una frase de Carlos Salem: "La solemnidad mata la literatura o la obliga a tomar viagra".
El dibujante Pere Joan, encargado de ilustrar las últimas diez páginas de Lab, destacó la ingente cantidad de ideas embrionarias que florecen en el libro. "Las desperdicia, le darían para tesis enteras. Impagable, aquella en la que hace un análisis de los grifos monomando y afirma que simbolizan el paso de la modernidad a la postmodernidad".