M. ELENA VALLÉS. PALMA.
–¿Qué entiende el niño de una canción de cuna?
–Lo importante: el ritmo y la melodía. El arrullo. El sentido de las palabras es lo que menos importa. La relación es más directa cuando el bebé está en brazos y entra en contacto con el calor y la voz de la madre.
–¿Le cantaban nanas de pequeña?
–Sí. Mi madre, mi tía y mi abuela.
–¿En mallorquín?
–Sí. Hay una que dice así: "Senyora, sa nina plora i no la puc fer callar. Passeja-la per defora, per ventura es dormirà".
–¿Se las cantaba a sus hijos?
–Sí, claro, tanto en castellano como en catalán. Y las populares, no las de autores conocidos, porque éstas no se cantaban. Pasan a la tradición escrita como estrofas de la métrica.
–¿Cuándo pierde la nana la función de dormir al niño?
–No la ha perdido nunca. Lo que pasa es que en una cultura oral ese tipo de canciones eran mucho más importantes que ahora, cuando la tele sustituye a la nana, pero sin conseguir la fuerza de la canción, que trata de recrear el vientre de la madre.
–Este libro, otro intento de recuperar las voces anónimas.
–Sí. No creo que las nanas corran peligro de desaparecer, pero, con la cultura digital y de la imagen, veo que se van usando cada vez menos.
–¿Por qué esa necesidad de recuperar la historia de los olvidados?
–Porque me interesan estas cuestiones. Entiendo la literatura como recuperación de la memoria. Ya lo hice en Dins el darrer blau, explicando la historia de los judíos conversos en Mallorca. La memoria son los ojos de los escritores. Todo esto me ha interesado mucho antes de que se pusiera de moda lo de la memoria histórica. Esto de las nanas es igual. Las mujeres son las grandes olvidadas.
–¿Cuándo fue la última vez que vio a una madre cantar una nana?
–Hace muy poco, en la estación madrileña de Atocha.
–¿Y a un padre?
–Nunca he visto a ninguno. ¿Has visto tú a alguno?
–Recupera la memoria femenina, pero choca que en el libro las mayoría de firmas sean de hombres que jamás acunaron a sus hijos.
–Sí, lo sé. Es terrible. Pero la historia la han hecho los hombres. Y la literatura, también. Una curiosidad es que muchas de las nanas son de mujeres solteras que no tuvieron hijos. Por eso creo que componer nanas supone asimismo una sublimación de la maternidad.
–¿Gloria Fuertes?
–Sí, es un caso de soltera sin hijos. Tiene una muy buena, irónica, en la que quiere despertar un pie que se le ha dormido.
–¿Cómo duermen las madres del siglo XXI a sus hijos?
–Algunas no tienen ni tiempo. No sé si habrá quien les ponga un cedé con nanas. La verdad es que tanto canciones como cuentos se usan poco.
–¿Qué es más efectivo, una nana o un cuento?
–Son diferentes. La nana tiene ritmo, es poesía y creo que, en parte, junto a la acción de acunar, recrea un poco el vientre acuoso de la madre.
–¿Ha perdido gas la femineidad en la literatura?
–Hay dos cuestiones distintas aquí. La mujer no ha perdido gas. Lo que sucede es que la femineidad entendida como ámbito privado sí se está perdiendo, porque la mujer ha accedido a un trabajo fuera de casa y su papel no sólo es el de reproductora, sino que a éste se le ha añadido el de creadora.
–¿Hay algo que le quite el sueño?
–Seguramente muchas cosas. Si en lugar de un orfidal me cantaran una nana, seguro que dormiría mejor (Ríe).
–Usted es profesora de la Universitat Autònoma de Barcelona. ¿Qué le parece extender hasta los 18 años la educación obligatoria?
–Prefiero la Formación Profesional para los que no deseen estudiar, que tenerlos amarrados a un pupitre para enseñarles los verbos irregulares.
–¿Vistos los últimos casos de corrupción, hubiera cargado más las tintas en Amb ulls americans?
–Sí. Me he quedado muy corta. Me da vergüenza ajena, es asqueroso todo lo del Palau, Gürtel, los alcaldes del PSC, Mallorca. Pese a todo, creo que el libro es muy oportuno.
–Describa a un mallorquín amb ulls catalans.
–Nos ven como una colonia: ses illes, dicen, haciendo hincapié en nuestro acento como algo exótico. Actúan como si fueran la metrópoli.
–¿Para cuándo una sátira sobre Mallorca?
–Después de Amb ulls americans, prefiero cambiar de tema para no aburrirme. No la descarto para el futuro.
–Y dos proyectos sobre la mesa.
–Sí, una novela policiaca con una detective mujer. Y otra sobre la Mallorca de los años 50. En ésta, hay una niña que se queda viviendo en Deià. Sus padres son músicos, de fuera, y la dejan allí. Es un poco lo que le pasó a la primera mujer de Michael Douglas, Diandra. Pero no cuento más porque trae mala suerte.