Achille Bonito Oliva. Crítico de arte y Comisario
LOURDES DURÁN. PALMA.
Achille Bonito Oliva no ha perdido tralla. Desde que se proclamara "ángel de la transvanguardia", el crítico y curator italiano prosigue con un verbo de largo alcance. El sujeto, Amparo Sard. El objeto, la antológica Impasse que dedica el Solleric a la artista mallorquina, a quien Bonito Oliva asemeja a Santa Teresa "porque, como ella, trabaja desde la tentación".
La presentación ayer del catálogo de Impasse en el salón rojo del Casal Solleric se saldó con una pequeña conferencia del italiano, que contó, entre sus oyentes, con el galerista Ferran Cano, "un poeta", dijo; los artistas Lluís Fuster y Mariano Mayol; las comisarias Pilar Ribal, Neus Cortés y Maria José Corominas, y Joan Oliver, de los talleres de la Fundació Pilar i Joan Miró. La teatralidad no estuvo exenta en la aplaudida alocución del veterano crítico de arte.
"Siento una gran emoción –decía mientras se destapaba el rostro con sus manos– al visitar la exposición, porque he descubierto físicamente la madurez de una posición del arte que es muy rara. Tenemos arte de vanguardia, arte tradicional, oriental. Amparo Sard es una artista total con mirada constructiva oriental, diría budista. Trabaja en la zona de confluencia entre el sí y el no, trabaja los elementos primarios –el agua–, sobre el alter ego, sobre una realidad ni virtual ni virtuosa y desde la tentación. Es como Santa Teresa".
Ni qué decir que a la propia Sard, en presencia de sus padres, también entre los invitados, se le puso el semblante en ´éxtasis´.
Agradecida por las lisonjas, las apreciaciones de uno de los críticos de arte más celebrados –también odiados– de finales del XX, la mallorquina aseguró que "sus interpretaciones me abren puertas para seguir trabajando y sintiendo".
Bonito Oliva, que participa, junto a Fernando Castro, en el catálogo con el texto El desierto umbrío para el ´Impasse´ de Amparo Sard, ve en las obras "la superación de la retórica del arte femenino y la identidad compleja del elemento fálico. Amparo Sard propone al espectador un cuerpo a cuerpo. Llegará muy lejos".
En sus cuarenta años de profesión, Achille Bonito Oliva distancia el arte contemporáneo europeo del norteamericano. "Mientras en Europa los artistas debaten temas fundamentales como la identidad, cargados con su importante bagaje a cuestas, los norteamericanos son más impersonales, con un arte lleno de estadísticas".
A su juicio, "la identidad en una sociedad que es multirracial, mestiza, crea ansiedad porque en el nuevo territorio es un problema". Y volvió de nuevo a Amparo Sard: "Ella lo recibe positivamente, con la complejidad y ambivalencia del arte andrógino, porque ha superado la retórica feminista y del clasicismo masculino. ¡Como los bigotes de Duchamp!".
Arte y poder
Asiduo visitante de Mallorca, "una isla muy cosmopolita", se mostró "apenado"· de que "la Fundació Pilar i Joan Miró no funcione. ¿Se puede decir esto?", preguntó con gesto histriónico.
El teórico aseguró que "el arte italiano vive al margen de la lógica local italiana, de los escándalos políticos. Al poder no le interesa el arte contemporáneo, ellos quieren seguir con la retórica del pasado". Bonito Oliva juzga que "el arte contemporáneo es un acto de resistencia contra lo efímero de manifestaciones como la moda y productos como la televisión, que no son más que instrumentos espesos, narcotizantes, frente al arte que hace mover el músculo", concluye, agarrando el brazo de uno de sus interlocutores.