EFE. EXETER (NEW HAMPSHIRE).
Dan Brown, autor de El símbolo perdido (Editorial Planeta), que se puso ayer a la venta en español con una tirada de un millón y medio de ejemplares, pasó en 1985 en España un año inolvidable en el que aprendió a bailar sevillanas y disfrutar de la vida, pero en el que también descubrió una opresión religiosa que nunca había sentido.
"Sentí una opresión religiosa que no había experimentado en mi vida", dijo el autor de El Código Da Vinci, un libro al que numerosas organizaciones cristianas han descrito como un ataque a la iglesia católica.
El escritor, que presenta en El símbolo perdido una novela de intriga que discurre en Washington y gira en torno a los masones, reconoce que su experiencia inicial con la iglesia católica fue "negativa".
A diferencia del controvertido retrato de la iglesia católica y el Opus Dei del Código, el último libro de Brown proyecta una imagen positiva del hermético grupo en el centro de la trama, los masones. Su interés en la masonería radica en el hecho de que es una sociedad secreta, algo que cautiva de inmediato a este escritor amante de la conspiración.