C.M. PALMA.
De la trilogía Millennium se han vendido ya 21 millones de libros. De cada ejemplar –distribuidos en 42 países– el padre y el hermano de Stieg Larsson se embolsan un euro, ninguno la que fue su pareja hasta el día de su muerte, Eva Gabrielsson. "La ley sueca, digámoslo así, no es muy buena con las mujeres que no están casadas", entiende Kurdo Baksi, que trata de mediar entre las dos partes para alcanzar "una solución". "Stieg me dejó tres flores para que yo las siguiera regando. Me molesta que una de ellas se esté secando", reconoce, en alusión a ella, a la que no piensa dejar marchitar.
Las páginas del que será el cuarto libro de Millennium son las únicas de las que ella podría sacar beneficio; derechos teatrales y cinematográficos inclusive. La situación, explica Baksi, difiere mucho de la imaginada por Larsson, que también tenía planificada la forma de distribuir los beneficios obtenidos, al menos de los tres primeros de los diez libros que pretendía escribir. "Los beneficios de uno los quería destinar a una asociación de ayuda a las mujeres maltratadas, los de otro a asegurar la continuidad de la revista Expo, y los de otro los quería para él y para ella"; destinados, seguramente y entre otras cosas a una "casa de veraneo y a un barquito".