MIGUEL VICENS. PALMA.
María Kodama (Buenos Aires, 1937) presentó ayer en Palma la exposición El Atlas de Borges, un montaje de ciento treinta fotografías y textos que ilustran en La Misericòrdia los viajes del autor de El Aleph alrededor del mundo y descubren una faceta íntima que completa al personaje. La viuda del escritor argentino que, antes de contraer matrimonio en 1986, fue su discípula, amiga y llegó a colaborar con él en algunos libros, recordó ayer la huella que Mallorca dejó en el escritor
– Cuando se hace público el Nobel de Literatura se recuerda también a los grandes olvidados del galardón. ¿Sintió Borges ese olvido como una injusticia?
– Jamás. Nunca le importó que le negaran el premio. Era un hombre modesto.
– ¿Y alguna vez se refirió a ese olvido, aunque fuera bromeando o de forma irónica?
– Sí, porque el debate le divertía. Pero decía de forma irónica que prefería convertirse en mito escandinavo antes que ganar el premio.
– ¿Se siente la guardiana de la memoria literaria y personal de Borges?
–?Guardiana no, porque ese término posee para mí un sentido peyorativo que va en contra de mis principios, uno es guardián de una cárcel. Y el trabajo que realizo con la obra de Borges es el gran placer de mi vida y a la vez una responsabilidad. Tampoco me considero administradora. Lo que trato es de cuidar la difusión de su obra. Eso es lo más importante.
– ¿Es una tarea siempre grata?
– A veces no. Con frecuencia suceden cosas horribles, personajes que recurriendo a falsificaciones de textos de Borges, a collages, pretenden lucrarse. Ahora mismo hay dos individuos procesados por este motivo en Buenos Aires, uno de ellos preside una institución y se llama a sí mismo investigador. Y si ese señor tiene tal categoría académica yo soy Nefertiti.
– Se lo decía por la reciente polémica que se vivió en Argentina como consecuencia de la iniciativa de la diputada María Lenz de pedir a la comisión de cultura del Congreso la repatriación de los restos de Borges a Buenos Aires, una pretensión a la que usted se opuso de inmediato.
– Toda la polémica parte del mismo señor que antes citaba, Alejandro Váccaro, porque tuve la oportunidad de hablar con la diputada y de aclararlo rápidamente todo con ella. Él ni siquiera conoció a Borges, aunque a menudo se atreve a hablar en su nombre.
– Con todas las diferencias, en España los familiares de Lorca se oponen a que los restos del poeta sean exhumados en nombre de la Memoria Histórica.
– Es terrible. Borges decía que en Argentina lo único que hacemos desde la independencia es trasladar los restos de nuestros muertos de un lugar a otro. Y que, cuando entendamos que la muerte es sagrada, nuestra mala suerte acabará. Además, recordaba el caso de Italia, donde esta máxima se respetaba como ley y donde a nadie se le ocurriría pedir la exhumación de los restos de Dante. El respeto por los muertos ya está en La Ilíada.
– La exposición que anoche inauguró descubre al escritor viajero a través de imágenes y fotografías. ¿Qué idea tenía del viaje?
– Le divertía mucho viajar. Era un gran curioso. Le gustaba descubrir lugares nuevos que sólo conocía a través de la literatura. Apreciaba conocer gente nueva y distinta. De viaje sentía una enorme felicidad.
– ¿Hubo algún destino especial, una cultura que le marcara, una experiencia inolvidable?
– Disfrutó mucho de un viaje en globo en el Valle de Napa.
– ¿Y cuál fue su ciudad?
– Muchas, pero Ginebra fue la ciudad a la que siempre quiso regresar. Le conquistó el respeto que allí se respiraba, el trato que sus ciudadanos dispensaron a los refugiados de la Primera Guerra Mundial. Los conjurados es un homenaje a todo eso, su legado, una obra en la que desarrolla su ideal de humanidad, basado en un respeto a la diferencia que consideraba fórmula universal de convivencia.
– ¿Cuál fue su viaje más deseado?
– Tenía la fantasía de recorrer la ruta de la seda.
– La exposición lo muestra en esos destinos en fotografías. ¿Diría que al escritor le gustaba posar?
– Creo que le relajaba. En esas situaciones era como los gatos.
– En la biografía viajera de Borges, Mallorca aparece en primer lugar, en los albores de los veinte, tras su primer viaje a España.
– Fue muy importante en su trayectoria porque aquí publicó su primer poema, Himno al mar; entabló amistad con Jacobo Sureda, una persona entrañable para él; tomó contactos con los movimientos de vanguardia e introdujo en esas vanguardias a los autores del expresionismo alemán a través de una antología de poemas que él mismo había traducido. Recuerdo que me llevó a conocer la Catedral.
– Además, en Formentor se le concede en mayo de 1961 el Premio Internacional de Editores, ex aequo con Samuel Beckett.
– Sí, y gracias a ese galardón su obra obtuvo relevancia internacional. No se exagera cuando se señala ese premio como su gran trampolín.
– ¿Cuáles son los proyectos más importantes de la fundación dedicada al escritor?
– Después de catalogar toda la biblioteca Borges, tenemos ahora en proceso la catalogación de la hemeroteca de 1870 a 1970, lo que seguro que será de gran utilidad para los investigadores.
– Existe también el proyecto de abrir un museo en Buenos Aires.
– Allí se exhibirán todos los objetos que se mostraron durante la celebración del centenario. Y la preinauguración se celebrará el año que viene con la idea de que se convierta en un centro vivo.