Blog 
Sopas mallorquinas
RSS - Blog de Víctor Conejo Manso

El autor

Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


Archivo

  • 10
    Octubre
    2011

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Tan pronto y tan harto de Steve Jobs

    La unanimidad debería ser enemiga del periodismo. Han sido tan uniformes las loas encomiásticas a Steve Jobs que uno se pregunta cuándo será propuesto a beato y si el hombre no erró en algo, por leve que sea. Los que tenemos un iPhone sabemos que, en tecnología, el triunfo es seguro si se consigue conectar con la vanidad y el esnobismo del usuario. Es lo que explica que Jobs y Apple fueran capaces de convencer al consumidor para que se gastase 200 y pico euros en un iPod en vez de los 20 que costaba el reproductor de Carrefour, cuya función principal era la misma: que sonase la música después de darle al play. También explica el éxito de ventas del iPad, cuya característica más destacable es ser el acompañante multimedia ideal en la taza del váter. Y firmo lo dicho en el glorioso Carne cruda, programa de Radio3: “¿Quién es ese señor para decirme, tácita pero elocuentemente, cuándo debo cambiar de teléfono?”.

     

    Steve Jobs tenía muy clara la máxima comercial que define estos días: el consumidor no sabe lo que quiere. El empresario triunfador será quien cree necesidades ficticias y coloque un millón de unidades -a precio hinchado- para saciarlas. En otra de las constantes de hoy, consigue que los medios repitan cual mantra y acríticamente tus frases promocionales y el éxito será multimillonario. Así es como triunfan productos tan mediocres como Lady Gaga. Tal vez era eso lo que Jobs quiso decir en su tan alabado discurso de Stanford, cuyas recetas de manual de autoayuda incluyen sentencias tan rompedoras como “sigue los designios de tu corazón”.

     

    Aseguran sus acólitos que democratizó la tecnología y facilitó su usabilidad como nadie. Lo primero sería cierto si todos los dispositivos que creó fueran gratis. Desmontar lo segundo es tan sencillo como poner a un neófito frente a iTunes tan solo para que intente captar su lógica interna. Ambas teorías se destruyen también con otra de las características clásicas de Apple: la incompatibilidad. Se ha visto de nuevo cuando, ante la revisión 3.0 de la conexión estándar USB, la compañía de Cupertino presentaba Thunderbolt, la suya propia e incompatible con cualquier periférico que no la lleve.

     

    Dicen que los aparatos de Jobs mejoran nuestras vidas. Aún no lo he comprobado, pero intuyo que las aportaciones de un par de los últimos premios Nobel de medicina, física o química tienen más aplicaciones beneficiosas directas para lo cotidiano que unos dispositivos carísimos. La diferencia son las presentaciones efectistas. Cabe también recordar a los autores de los cientos de comentarios tipo “le echaré de menos” o “fue un modelo también como persona” que para añorar o calificar a alguien hay que haberle conocido previa y ampliamente en la intimidad.

     

    Rara vez encontrará el lector argumentos originales en este blog, y así es también en esta ocasión: antes fueron Los Simpsons, quienes en un episodio antológico de la temporada 20 se chotearon del papanatismo alrededor de Jobs y Apple. No es cuestión de ningunear al bienllamado visionario, pero sí de mantener una mínima actitud crítica para que a uno le tiemblen las canillas y se harte al leer en prensa estupideces como “la reacción cerebral que desata el iPhone es similar a la de sentimientos como el amor”.

     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook