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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 23
    Febrero
    2013

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    Sorteo de 5 entradas para el Jarana Fest + entrevistas a Extraperlo y Linda Mirada

    *Sopas mallorquinas sortea 5 entradas para el Jarana Fest. Envía un mail a sopasmallorquinas@gmail.com respondiendo a la pregunta: ¿Qué música te pondrías para tener sexo con alguien que acabas de conocer: Extraperlo o Linda Mirada?

     

    Dos eventos marcaron un hito cualitativo en el último año, y los dos se debieron a los mismos promotores: La Jarana, ese bar de barrio que se ha convertido en epicentro tanto de la modernidad como de la normalidad (sí, también hay hipsters de provincias allí, pero son como los resfriados: es imposible que no se cuelen de vez en cuando). Dichos saraos fueron los Jarana Fest: tanto el de verano en Sa Possessió (Las Kellies, Mujeres, Beach Beach, Son & The Holy Ghosts, Miquel Serra, Watermelon Dijeis...), como el de otoño en la sala Es Gremi (Pony Bravo, Za!, Satellites, Oso Leone…).

    Hoy sábado se celebra la nueva edición, digamos de invierno, con la misma fórmula: grupos de la península de muy buen cartel (Extraperlo desde Barcelona y la cacereña residente en Madrid Linda Mirada) más varios de los grupos locales que más expectativas están levantando: cualquiera que se mueva un poco sabe lo mucho que prometen grupos como Ceremoney, Jansky o Film Behavior. La noche reventará definitivamente con varios DJ conocidos como infalibles.

    Jarana Fest: Extraperlo + Linda Mirada + Ceremoney + Jansky + Film Behavior + Capitán Groovy + Rito Campari + Las Suecas + Tömmy Medusa

    Es Gremi (Porgadors, 17, pol. Son Castelló), desde las 23 h., 15 €

     

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    Aleix Clavera, Borja Rosal, Alba Blasi y Cacho Salvador son Extraperlo. Foto: Coke Bartrina

     

    EXTRAPERLO

    Hoy día los discos se dividen en dos grupos: aquellos de los que la gran mayoría del público escucha solo unas cuantas canciones, y otros, la excepción, que no solo se escuchan completos, sino 80, 90, 100 veces. Esto último pasó con Desayuno continental (Mushroom Pillow, 2009), el primer disco de los barceloneses Extraperlo. Delirio específico (Canada, 2012) ha confirmado, a decir de la gran mayoría de crítica y público, la personalidad única de un grupo que mezcla sin problema aparente pop sintético con tropicalismo pausado.

    Has sido tres años largos hasta que ha llegado el nuevo material, producido por el único que parecía destinado a hacerlo: el canario residente en Barcelona Pablo Díaz-Reixa, El Guincho, líder sotto voce de una pequeña generación de músicos fascinados por los ritmo africanizados y tropicalizados pasados por un cierto tamiz mediterráneo. La ecuación cuadra más que más habida cuenta de que dos integrantes de Extraperlo, Borja Rosal (guitarra) y Aleix Clavera (bajo) han acompañado a Díaz-Reixa en su larguísima gira por todo el mundo. Es Clavera quien atiende a esta entrevista.

     

    “BUSCAMOS QUE CADA CANCIÓN FUERA UN UNIVERSO”

    ¿El objetivo con Delirio específico era provocar que el oyente se lo pusiese al menos 100 veces?
    –Al principio el disco era más largo. Lo escuchábamos y quedábamos llenos, como después de postre y café. Pero luego quitamos un par de canciones y entonces nos dio la sensación de que así podría escucharse una y otra vez, tal vez hasta cien.

    ¿El sonido de Extraperlo es “sonido Barcelona”?
    –Nunca ha existido un sonido Barcelona, pero nosotros lo buscamos. No hay una uniformidad clara como puede haber en Andalucía, pero lo intentamos.

    Superado el síndrome del segundo disco, ¿preparados para el síndrome del tercer disco?
    –No sentimos mucha presión, así que no hubo síndrome. Queríamos quedarnos contentos con el disco y corregir los “errores” del primero, por ejemplo buscando que cada canción fuera un universo.

    ¿Sois de los que cuando presentan disco nuevo ya tienen pensado e incluso escrito el siguiente?
    –No, qué va. Pero porque somos muy trabajadores. Es decir, pasamos mucho tiempo en el estudio pensando en cómo hacer de la mejor manera posible lo que estamos grabando, y por eso no tenemos tiempo de pensar en el futuro.

    Pablo Gil escribió en su crítica para Rockdelux que Desayuno continental es un disco para la noche, mientras que Delirio específico lo es para la siesta. ¿De acuerdo?
    –(ríe) ¡No lo sé! Yo veo los dos discos muy nocturnos.

    El pop, o es banal, o es intelectual. No lo hay de otro tipo. ¿Cómo queréis que sea el vuestro?
    –Todo lo que puede parecer banal esconde siempre algo. La fachada puede ser ligera, pero lo maravilloso es encontrar el significado que hay detrás. Aunque entiendo que con títulos como Fina vanidad pueda parecerlo. Pero jugar entre las dos cosas es lo divertido.

    Es muy llamativa la revalorización del pop hedonista y mainstream de los ochenta, cuando hasta hace poco era prácticamente menospreciado por artificioso, banal, y por su sonido gomoso.
    –Aparte del tema de los ciclos y las modas, vivimos en una época con tantas opciones que los prejuicios se rompen enseguida.

    A menudo el trabajo de un buen productor consiste en eliminar, en limpiar el exceso de ideas puestas en cada canción. ¿Ese ha sido el trabajo de El Guincho?
    –Sí, es lo que buscábamos. Las demos eran muy complejas, y nos gustaban mucho, pero éramos conscientes de que había que trabajarlas. Y lo mejor es tener a alguien como Pablo, que nos conoce perfectamente y sabía cómo pulir el material. También le dio parte de su sonido, cosa que nos interesaba.

    ¿Y no había preocupación porque no pareciese un disco de El Guincho con banda de apoyo?
    –No, principalmente por el método de trabajo. Es un disco creado con software, lo cual lo convierte en un disco de 2012, de hoy. No oyes la sala de ensayo, como en los años ochenta, que tienen muy buena producción pero no hay tanto loop como actualmente.

    En el ámbito anglosajón, un grupo que llama tanto la atención con su primer disco para a moverse en un nivel mediático, social e incluso económico que le permite dar 90 conciertos al año y dedicarse sólo a hacer música. ¿Habéis pensado sobre ello?
    –La verdad es que no mucho, pero tal vez se deba a que hay más mercado porque la gente está más pendiente de lo que es nuevo. Aunque yo lo prefiero, porque el ritmo es más tranquilo.

    Habéis reivindicado el Joana Lluna del manacorí Joan Bibiloni. Eso es típico de la música española de los últimos 30 años: que está lleno de obras maestras desconocidas.
    –Cierto, y sobre eso sí que he reflexionado mucho: por qué los mejores discos acaban siendo subterráneos. Aunque tampoco hay que verlo de manera negativa. Yo antes pensaba que sucedía porque algo falló en su momento. La promoción, el artista, la mala suerte… No sé. Pero ahora ha llegado a la conclusión de que si algo está bien hecho no tiene por qué funcionar inevitablemente a todos los niveles, como el comercial. 

     

     

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    LINDA MIRADA

    Es curioso, muy curioso, como una época y una estética que hasta hace bien poco provocaba desdén y hasta menosprecio, está hoy generando en España tanta música interesante. Son aquellos años ochenta edulcorados, de colores y actitudes pastel, de sentimientos sin tamizar mezclados paradójicamente con pretensiones de sofisticación. Eso y mucho más fue aquella década, que ha influido profundamente a artistas como Linda Mirada (Ana Naranjo, Cáceres 1976), que toma su nombre artístico de un personaje de entrevistadora que salía en Barrio Sésamo, otro mito que aquella época.

    Esta cantante y compositora se reconoce deudora tanto de bandas aceptadas por la ortodoxia –con todo lo castrante que es siempre cualquier tipo de ortodoxia–, como David Bowie o Talking Heads, pero no tiene reparo en admirar el trabajo de imagen y producción en gentes como Julio Iglesias, los primeros Mecano o incluso Parchís. El resultado es una música no ingenua sino encantadora, no superficial sino hedonista, y nada esquemática sino suficientemente creativa. Tras sorprender con un primer disco modélico, China es otra cultura (La Cooperativa, 2009), presenta ahora su segundo trabajo, Con mi tiempo y el progreso (Discoteca Océano, 2012).

     

    “LOS OCHENTAS SON MUY MELÓDICOS, PERO AL MISMO TIEMPO USAN UN LENGUAJE MUY CERCANO CON EL QUE LLEGAN A DECIR COSAS MUY DURAS”

    –Los artistas que sois capaces de mezclar hedonismo casi teenager con oscuridad reflexiva soléis resultar fascinantes para el público. Supongo que todo ello responde a un plan previo para conquistar a las masas y el mundo.
    –¡No lo creo! Es todo teoría, y creo en ese sentido que todo el mundo hace lo mismo. Todos los ochentas, los nuevos románticos, etc., son muy melódicos, pero al mismo tiempo usan un lenguaje muy cercano con el que llegan a decir cosas muy duras.

    –No es para nada habitual que los músicos se esfuercen en contar historias con las que el público pueda empatizar. Las letras del 90% de los grupos solo cuentan clichés. Linda Mirada tiene una intención narrativa evidente, por lo que es muy pertinente la pregunta de si escribes antes los textos o las músicas.
    –La canción perfecta sale cuando surge todo a la vez, pero la verdad es que escribo antes las melodías. Es importante tener claro qué quieres hacer, porque además en más difícil encajar las palabras en castellano que en inglés. Tengo muy claro qué no quiero hacer, por ejemplo no caer precisamente en clichés. Otra cosa que evito es el rollo literario, porque para escribir a ese nivel hay que haber leído mucho.

    –¿La sencillez de las cosas naturales es un leitmotiv para Linda Mirada?
    –Sí, porque si te pierdes y no ves el principio y el final, no tienes historia que contar. Es lo que he percibido siempre en la música que más me ha gustado. Yo soy todo referencias, no funciono por ciencia infusa. Hacer algo sencillo es muy complicado.

    –Superado el síndrome del segundo disco, ¿preparada para el síndrome del tercer disco?
    –No lo sé. Todo es tener tiempo y ganas. Cuando saqué el primero dije en una entrevista “yo no sé hacer segundos discos”.

    –A lo cual se suma el hecho de que el primer disco se ha gestado durante toda la vida anterior a su publicación, mientras que el segundo se compone con prisas, presión y tiempos muertos en aeropuertos, hoteles, furgonetas…
    –Sí… el problema del tiempo. Pero tampoco me dedico mucho a esto, la verdad. Con este último me encerré un verano, sin más.

    –¿Eres de las que cuando sacan disco ya tienen pensado e incluso escrito el siguiente?
    –Uf, no. Tardo muchísimo, y hago las cosas a fuego lento.

    –Dijo un reputado crítico que la mayor virtud de la música hecha hoy con influencia evidente del pop ochentero más festivo y kitsch es que ha conseguido que el término “pastiche” tenga una connotación positiva.
    –Respeto mucho las opiniones de todo el mundo, pero a los críticos les gusta demasiado categorizar. Es mucho más sencillo que todo eso: escucho música de todas las épocas y luego, cuando me pongo a componer, me sale este rollo. ¿Qué crítico dijo eso?

    –Fernando Navarro, de El País.
    –(ríe) ¡Pero es que él vive en la nostalgia de una época que no ha vivido, la del rock de la Ruta 66!

    –Por eso también me llamó mucho la atención que lo dijera y, quieras o no, que le gustase tanto tu último disco.
    –La cuestión es también que Parchís, Julio Iglesias, Dyango, Los Pecos… todos grababan en grandes estudios y sus discos están muy bien producidos.

    –Le pregunté a Ibon Errazkin (Le Mans, Single) dónde ponía él la barrera entre lo hermoso y lo cursi, y me dijo que esa barrera no existe, porque cada persona la pone en un lugar distinto. Y es más, decía, la elegancia y el buen gusto son aburridos.
    –Lo que hay que evitar es caer en esa corrección, política o no, que dictan unos cuantos, porque es entonces cuando caes en el cliché. Puede sonar cursi, pero tienes que mirar hacia dentro, no hacia fuera.

    –Con los tiempos en los que vivimos, ¿no te apetece ser más beligerante, más pancartera?
    –No, es absurdo. Me parece infantil tener que reivindicar obligatoriamente de manera explícita. Hay muchos artistas que hacen críticas muy fuertes entre líneas. Y eso es mucho más difícil. En mi día a día milito en muchas cosas.

    –¿Y qué militancias hay en Linda Mirada?
    –Milito en el no me vengas con que tengo que politizar mi discurso, y más ahora que todos somos independientes: no tenemos televisiones, no tenemos radios, no tenemos medios, no tenemos nada.

    –En España ya existe el prejuicio “otra chica mona que canta”, aunque vinculado más a la figura de cantautora clásica, más pop rock y de influencia americana. Aun así, ¿te los has planteado, te ha llegado a preocupar?
    –Me da un poco igual. Diría incluso que admiro a quien se lanza a hacerlo.

    –Hay mucho sol, mucha playa y mucho verano en tu iconografía. ¿Conoces el verano mallorquín? ¿Sabes que es totalmente diferente a cualquier otro, que su quietud afecta a cuerpo y mente?
    –Sí, lo conozco. He pasado un par de vacaciones por allí.

     

     

     

     

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