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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 21
    Febrero
    2012

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    Sa Gerreria, zona franquista

    Dormir es una de las actividades más subjetivas que existen. Desde el inicio del porculeo con la Ruta Martiana muchos se preguntaban cómo lo hacen para conciliar el sueño tantas y tantas personas que viven en zonas con el lógico ruido urbano: bares que cierran tarde, autopistas cercanas o calles con tráfico constante (o algo más cotidiano: cómo lo hacen los que se quedan dormidos ante el televisor o los que se levantan a partir de las doce). La incógnita venía implícitamente revelada en el reportaje De ruta por las rutas que se llevó a cabo aquí mismo sobre diversas -y muy envidiadas- zonas de tapeo de varias ciudades españolas: en vez de sacralizar el sueño, se optaba por la adaptación y la convivencia. De lo contrario, el peligro era evidente: implicar al ejército con su mejor y más moderno armamento en una guerra total contra los mosquitos, esos profanadores del sueño inviolable. Y lo siguiente, cárcel para quien ronque.

    Pero desde el principio, los perjudicados por la Ruta (¿cuántos serán; 10, 20, 30?) negaron cerrilmente la posibilidad de la coexistencia. No querían que aquello envileciese (o enriqueciese) su barrio, ni aunque fuese una sola noche, entre semana, y hasta una hora prudente, que al día siguiente hay que trabajar. Es de suponer que una zona de tapeo -que no de discotecas- les parecería una buenísima idea en cualquier otro barrio, pero no en el suyo. Escama esa voluntad monopolizadora del espacio público (la calle) y privado (los bares), cuando es más que dudoso que las competencias del individuo puedan invadir dichos ámbitos. Tal ojeriza ante una idea atractiva y desestacionalizadora como la Martiana llevó incluso a la mentira: desde el principio se dijo que allí había botellón, la aparente peste del siglo XXI. Y eso es mentira. Nunca lo ha habido en la Ruta Martiana, tal y como se expuso en otro artículo también en este mismo blog.

    El argumento a favor de la existencia de la Ruta podría ser también tajantemente numérico: son muchas, muchísimas más las personas que disfrutan de la Ruta que no las decibélicamente agraviadas por ella (agravio que sería infinitamente menor si dejara de tratarse al humo del tabaco como si fuera virus Ébola y se permitiese fumar en el interior de los bares). Sin embargo, se acaba de aprobar la normativa municipal que permite disolver las concentraciones de gente en sa Gerreria a partir de las diez de la noche, medida que, inevitablemente, retrotrae a otras de época franquista, cuando la diversión tenía tan mal cartel como parece tener hoy día, convirtiendo la zona en un revival de aquellos tiempos. Da la impresión de que se legisla la parte por el todo. También hay cafres que se tajan y conducen en dirección contraria, y nadie ha pedido que se prohíba la circulación a partir de las 10.

    Cada vez es más preocupantemente habitual que las nuevas leyes sean injustas (como lo es el poder despedir a cualquiera de un día para otro y por dos duros) o ilógicas (como lo son las que frenan el normal desarrollo de la vida civil en estos tiempos). Es de esperar que la posibilidad legal de dispersar -¿a porrazos si lo juzgan necesario?- a la gente que se junta al fresco para disfrutar de la vida se quede en una de las muchas normativas que no se cumplen porque se impone el sentido común. Aunque se ve que legislar con sentido de la realidad es tan complicado como encontrar a alguien gordo o feo entre los nuevos valores del cine español.

     

     

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