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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 19
    Julio
    2011

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    Mentiras contra la Ruta Martiana

     

    (Aviso: esto es una chapa bastante larga, pero es que son muchas las mentiras a contra argumentar).

     

    Hay unos señores que, se ve que enajenados, decidieron menear la cosa: pensaron que un circuito de tapeo, con sus cañas y sus cosas, a imagen y semejanza de los que existen por toda España, daría vidilla a un barrio en el que antes lo que campaba a sus anchas eran los yonquis y todo lo que ello conlleva. Se ve que su error ha sido mayúsculo, ilimitado: parece que lo que debía haber allí era un cementerio, silencioso, inerte.

     

    Lo peor de no tener razón es defenderse con mentiras, que es lo que se ha estado declarando tanto desde Canamunt, la asociación de vecinos del barrio, como desde FEPAE (la Federación Palmesana de Asociaciones y Entidades Ciudadanas).

     

    Uno: en la Ruta Martiana no hay botellón. Para que haya botellón tiene que haber cientos de botellas en juego, de ahí el nombre. La actitud también cuenta: cuando lo que a uno le gustaría es protagonizar una bacanal romana, está de botellón. Cuando lo que le apetece es disfrutar de la conversación en la barra de un bar, es otra cosa. Y que 2, 5 ó 25 personas estén en la calle con una bebida en la mano por motivos coyunturales (salir a fumar, cambiar de bar o porque el colmado donde han comprado la cerveza es minúsculo y no caben dentro), tampoco forma un botellón.

     

    Dos: en la Ruta Martiana no se está incumpliendo la normativa municipal. Y si está sucediendo, que se cierre el bar que lo haga. Lo que sí está pasando es una aplicación ilógica de una normativa ilógica, y no conviene que las leyes sean ilógicas. Tres ejemplos recientes, estúpidos: a un bar se le ha multado por tener la puerta entreabierta a las 6 de la tarde. A otro por tener abierto fuera del horario de su licencia: el bar estaba vacío, con la barrera a medio bajar y todas las sillas sobre las mesas. El dueño había entrado a recoger algo que se había olvidado. Y a un tercero por tener la música puesta, aunque tal y como el agente reconoció, ésta no se oía de lo baja que estaba. La cota máxima de irracionalidad la marca esa ley que trata el humo de un cigarro como si fuera radiación nuclear y prohíbe fumar dentro de un bar.

     

    En la Ruta Martiana sucede lo contrario a incumplir la normativa vigente: la mayoría de bares está cerrando una hora antes (a la 1) de lo que su licencia les permite. Y media hora antes ya dejan de servir alcohol. Es decir, con sus bares atestados, están dejando de ganar dinero, y no está la cosa como para despreciar el dinero. Es otra de las causas de que la gente se agolpe en la calle: se la empuja a ello porque no se la atiende dentro.

     

    Jurisprudencia no es sinónimo de justicia, como legal no lo es de justo o lógico. Que ya se haya multado a bares por lo que sucede fuera de ellos es injusto e ilógico. ¿Hay que multar a un equipo de fútbol porque algunos de sus hinchas hagan el mandril fuera del estadio? Tampoco es válido escudarse en el decibelio: en toda ciudad, mucha gente junta hace ruido, con la excepción de la Semana Santa.

     

    Tres: la Ruta Martiana no está degradada. La Ruta es un triunfo. Lo que hay allí no es un problema, es un ambientazo. Y donde hay tanta gente, es normal que haya alguno que no sepa comportarse, pero cualquiera que se pasee por la zona con ojos desprejuiciados se dará cuenta de lo pacífico del asunto. La Ruta no es una marcha burra, sino un paseo de tapas en un barrio de calles estrechas, con la lógica sensación de apretujamiento.

     

    El horario sitúa la Ruta fuera de toda posible comparación con lo que sucedió en Gomila o en La Lonja: en estas zonas, la licencia de apertura otorgaba horarios hasta bien entrada la madrugada, y aquello sí eran locales con enfoque de jaleo: música a toda castaña y copas. No hay parangón con una iniciativa que pretende ofrecer pinchos de calidad y ambiente relajado hasta un horario entendible. Porque cualquiera que haya ido a la Ruta habrá podido comprobar que hacia las 12:30-1, aquello da un bajón. Normal: ¡es un martes, y la gente trabaja al día siguiente!

     

    Es lógico y previsible que cientos, miles de personas en la calle la ensucien. Pues que se limpie, y chim-póm. Y aquí nadie está pidiendo que se legitime incivismo. Todo lo contrario: soy partidario del multazo al guarro. Si al bobo que no sabe comportarse y mea en un portal o rompe una botella le calzaran una multa de 6.000 euros, seguro que no volvía a hacerlo.

     

    Otra cosa importante: no se está explicando por qué están pidiendo aplicar la Ley Antibotellón, y es porque esta normativa posibilita prohibir las concentraciones de gente en la calle, que es lo que pretenden para acabar con la Ruta: que esté prohibido juntarse al fresco con los amigos. Lo cual suena bastante predemocrático.

     

    Cuatro: la mayoría de vecinos no está en contra de la Ruta. La asociación de restauradores de la zona tiene constancia de que son más los que toleran y comprenden lo que implica revivir el barrio. Y que duermen a pierna suelta. Y es que el sueño es una de las cosas más subjetivas que existen: los hay que duermen sin problema con el ruido que genera la urbe y otros a los que enerva el vuelo de una mosca. ¿Cómo lo hacen los que viven en las innumerables zonas de tapeo por toda España? ¿Están todos sordos y ciegos?

     

    Tenemos en esta ciudad, por fin, una iniciativa lúdica envidiable. Una iniciativa que amplía y complementa la oferta de sol y playa (¿oído cocina, políticos?). Es lógico y necesario controlarla, pero con sentido común y siendo coherente con los tiempos en los que vivimos: quejarse hoy del ocio en una ciudad es como censurar el sexo antes del matrimonio o lamentar que la carne de cerdo ya no sabe como antes, cuando se alimentaba a los animales con trigo, cebada y avena, en vez de con piensos artificiales.

     

    Que lo sepan los que critican la Ruta Martiana: tienen prohibido ir a La Latina en Madrid, a la calle Elvira en Granada, a la parte vieja de Donosti, al barrio de la catedral en Sevilla, a la calle Entrerrúas de Santiago... y así, mil más.

     

     

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