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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 03
    Junio
    2011

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    Halagos autorizados: poetas y músicos mallorquines hablan de Leonard Cohen

    La concesión del Príncipe de Asturias de las Letras al poeta y músico canadiense Leonard Cohen ha generado una ola de satisfacción unánime en entendidos y aficionados como pocas veces antes se ha visto. El reconocimiento a la categoría de su obra escrita –motivo del galardón, por delante de su obra musical–, se ha interpretado también como un bofetón a las eternas promesas de Nobel de Literatura para él mismo o para Bob Dylan. Para calibrar la hondura de la producción de Cohen, nada mejor que las opiniones de los afectados por ella: poetas, narradores y músicos mallorquines.

    Pere Antoni Pons (filólogo, escritor y periodista) ve en Cohen varios aspectos únicos: “A diferencia de otros músicos que son considerados poetas, sus letras aguantan por sí solas al leerlas separadas de la música”. En la evolución ideal, perfecta, que detecta en su obra escrita, también distingue “su propia y muy particular definición del misticismo. Su particular forma de tratar y vivir las relaciones amorosas, convirtiendo posteriormente éstas en algo místico”. Y más: “es el único que ha cantado a los tríos amorosos, como en Famous blue raincoat (…). Su poesía es tan buena porque sus relaciones con las mujeres son tan complicadas. Es envidiable pero también da miedo”. El poeta Emili Sánchez-Rubio, al igual que Pons, se congratula casi hasta la sorpresa de la evolución en la obra del bardo, a quien ve, en sus inicios, como “el beatnik canadiense” (su primera novela, El juego favorito, se considera una obra canónicamente beat, y a la posterior Los hermosos vencidos se le adjudican rastros éticos y estéticos de aquel movimiento. El poeta y músico incipiente residía en Nueva York en el apogeo de todo aquello, aunque nunca fue plenamente aceptado por el colectivo beat). Para Sánchez-Rubio, Cohen “ha sido capaz de llevar su poesía a la música, y esto es muy, muy difícil”.
    El músico y carismático frontman Jordi Maranges reconoce que su música “llega a eclipsar a su poesía escrita. Es lógico: la música siempre lo ha tenido más fácil para dar conocer al artista”. Sobre la aparente imposibilidad de separar vida y obra en el caso de Cohen, opina que “todos los artistas trabajamos con nuestra biografía, también porque es con lo que más podemos fabular. Y más en el rock, que es tan mitificador”. Sobre esa gran característica del creador Cohen, esa aparente incapacidad para cantar y/o escribir de algo que no haya vivido antes, reconoce que “no sé si creerme todo lo que canta. Pero es indudable que todos llevamos nuestra cruz y nuestras joyas. Lo que está claro es que los años 70 y 80, con aquella explosión de libertad, debieron ser tremendos. No sé si envidiables, pero sí tremendos, y lo bueno de Cohen es que ha dejado muy buena obra a raíz de todo aquello”. Otro músico, Pep Toni Ferrer, motor creativo de Oliva Trencada, afirma sentirse ante la obra del de Montreal “como un monaguillo hablando de Dios”. De su figura ve muy destable “su actitud de gentleman: conozco a más de uno que si fuera Cohen sería insoportable”. Opta por definir su música, lo que más conoce, por delante de su producción escrita: “Es un diez sobre nueve”, y llama la atención sobre la figura del catalán de origen aragonés Javier Mas, virtuoso de la guitarra (y la bandurria, el archilaúd, la guitarra de 12 cuerdas, etc.), también integrante de la banda de Maria del Mar Bonet, y que ha acompañado a Cohen desde 2006.
    Joan Castells (músico, líder de Petit y periodista) incluye en su repertorio una versión de Be for real, canción que también versionea Greg Dulli con sus Afghan Whigs en la película Beautiful girls. Asegura que le sorprende la vigencia de letras como la de The Partisan (sobre la resistencia francesa en la II Guerra Mundial). Reconoce su empatía con el Cohen músico y letrista a la hora de no estar interesado en escribir nada que no salga de las vivencias propias, y de hecho afirma “no soy capaz de vincularme tanto a otros tan grandes como Bob Dylan o Tom Waits debido a su literatura novelesca, porque se inventan lo que quieren”. Señala otra característica fundamental de Leonard: “la sencillez de su escritura. Hace que pueda llegar a cualquiera, pero al mismo le ves nuevos significados cada vez que te vuelves a acercar a ella. Y tiene otra doble vertiente: puede llegar tanto a gente con muchísima cultura como a público con menos bagaje”. La ambivalencia que revela Castells es la misma que la producida por el flamenco, género que tanto gusta a Cohen.
    El novelista y poeta Agustín Fernández Mallo, gallego de nacimiento y mallorquín de actitud, reconoce que el tipo de poesía de Cohen no le es especialmente cercana, y duda de si es realmente medular para el canadiense más que su música: “Su poesía es tan de la experiencia que cae bastante lejos de mis gustos, aunque valoro mucho sus letras porque –como se ha dicho– se sostienen solas”. De Cohen le atrae “su anormal combinación de experiencia y misticismo, dos extremos que no lo son tanto”. La escritora y poeta barcelonesa residente en Palma Irene La Sen encuentra fascinante casi hasta la hipnosis su sola figura, “la mezcla de canalla y seductor en una sola persona”. Porque para ella “Cohen no tiene personaje –algo nada habitual en el mundo de la música–, sino que es solo él, la persona”. Aprecia tanto sus textos que cree distinguir que en sus canciones “la letra siempre precede a la música”. Sobre los dos aspectos en principio antagónicos de sus creaciones, lo real y lo místico, opina que “no creo que estén tan separados. De hecho, creo que por medio de la experiencia busca y encuentra su parte mística. Y no tiene miedo de cantar/hablar de ambas partes. Él quiere contar una historia, y es por ello el texto siempre va primero (…). La palabra terapia es horrible, pero va un poco por ahí. Y además lo hace con esa voz, que es casi sedante”.
    Sobre la voz del canadiense, esa voz de lengua rota de los viejos que con los años ha ganado en gravedad y matices, afirma jocoso Joan Vich (músico, promotor, disquero y periodista) que “es como la de Dylan, pero con más delito. Cohen ni tiene voz ni sabe cantar”. Fan entregado como pocos, en sus años mozos escudriñó su música y sus letras hasta la saciedad. Afirma que “volver a él es como volver a la casa donde naciste”. Miembro destacado del staff directivo del festival de Benicàssim, consiguieron que Cohen actuase en la edición de 2008, tras llevar sin pisar un escenario desde 1993. Es por ello que guarda con el artista un vínculo sentimental muy especial: “Nos criticaron mucho cuando le trajimos. Algunos no entienden que la música es un asunto global. Total, que para el concierto, que duraba una hora –lo habitual en un festival–, Cohen tuvo que condensar, si esto es posible, lo mejor de su repertorio. Y aquello fue como una educación sentimental acelerada”. Señala que fue especialmente emocionante la mezcla de edades en el público: “Veías a padres de 60 años con sus hijos. Y al acabar el concierto, los padres al hotel y los hijos a continuar la fiesta”. Joan Feliu (músico, integrante de Vacabou) señala que “la única versión que hacemos es de Cohen –If it be your will–, lo cual es muy significativo”. Para él, lo más genuino de Cohen es el tamaño de la figura, su enorme personalidad: “En realidad, está tan por encima de su música, que si la quitas y analizas ésta, no es precisamente un prodigio de arreglos, sofisticación, etc.”. En su opinión, su entidad “solo es comparable a David Bowie”.
    A Hilari de Cara (poeta, profesor de Literatura y gestor cultural) le gusta por encima de todo “su personal concepción metafísica, toda esa simbología críptica, judía, esos poemas de amor que podrían haber sido escritos por Salomón o el rey David”. Y por otro lado, también le resulta muy particular su contemporaneidad, que le nivela con otros judíos geniales como Saul Bellow, Philip Roth o Woody Allen. Sobre el ajetreo sentimental de Cohen, esos precipicios emocionales parece que fundacionales e inseparables de su obra, el poeta es otro de los que se inclina por dudar: “no sé si creerme todo lo que canta y esa gran fama de famellut que tiene”.

    * Facebook & Twitter: conejomanso

     

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