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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 27
    Enero
    2012

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    Es finde, hay que ir a…

     

    …empezar la noche con un cóctel en el Hemingway (Fàbrica, 3). Ya sé que parece que los pijos muy pijos se han apoderado de las coctelerías, fenómeno reciente en Palma, pero es un hecho fatuo. Fácil de desmentir, quiero decir. Porque las mejores coctelerías de la ciudad las llevan tipos con saber estar tras una barra: juzgan tu conversación, no tus pretensiones, que es lo único que los pijos muy pijos pueden ofrecer. Porque lo que es conversación, desde luego que no pueden.

    Tras la barra del Hemingway en horario nocturno suele estar Sergio, italiano verídico: ama a un equipo de fútbol tanto como odia a otro. Buen conversador, a poco que se le azuce te habla de su otra pasión: cantar en su grupo de death metal. Afirma que de momento la voz no le llega, pero que le llegará. Un enorme tatuaje en su cuello con el nombre de su banda prueba la fe que tiene puesta en ello.

    La coctelería, en la que también se puede picar, pero como la gastronomía no me interesa aquí acaba toda referencia a ello, la coctelería, decía, está en esa zona de Palma que podría acabar siendo una maravilla y lo más apropiado para una ciudad mediterránea: animada, con diversidad y poca pretenciosidad. Pero los vecinos parecen poseer todas las nuevas fobias sociales, que son las que llevan a comportarse ante el humo del tabaco como si fuera radiación nuclear o a indignarse porque en las ciudades del siglo XXI hay ruido en las calles. No saben que el jaleo callejero es imprescindible para seducir. No conozco a nadie que lo haga en silencio desde Paul Newman.

    Otra coctelería con estilo creíble y detectable es la del Blue Jazz Club, en el hotel Saratoga (Paseo Mallorca, 6). Entrad sin resquemor, pues aunque esté en la séptima planta de un hotel de cuatro estrellas, ni hay chequeo previo ni la entrada está vetada a nadie. Esta falta de artificiosidad, como la de cualquier ciudad moderna, ya juega poderosamente a favor de su personalidad. Arriba, los camareros son gente encantadora porque son gente normal. No se les suben los humos (radioactivos o no)  a la cabeza por estar trabajando en un lugar con carácter. No te hacen el favor de tu vida poniéndote una caña ni ponen copas con celeridad impostada como si estuviesen vendiendo acciones en Wall Street.

    El jefe de barra es un profesional ideal: no lleva ninguna escoba metida en el culo. Te hace el cóctel que pidas esté o no en la carta, y además tiene el detalle de explicarte que no vas a conseguir tomarte más de dos Long Island sin rodar por el suelo.

    Para el sábado, no hay duda: tocan Los pilotos. Son Floren y Banin de Los Planetas, y con eso está todo dicho. Será en la nueva edición de la fiesta Alter Ego en la Assaig (a 12 € la entrada), y lo que trae el dúo es música instrumental bien jaquetona con ese aire ochentero que tan de moda ha puesto la banda sonora de los franceses Kavinsky en Drive, esa película que consigue parecer más buena de lo que realmente es. Tocan más grupos y pincha más gente, y a quien más caso hay que hacer es al Sr. Anderson, de quien sospecho tremendo buen gusto a los platos.

    Como tocan aquellos dos planetarios (que después también pincharán), es de suponer que habrá mucho moderno que vendrá con la autocomplacencia por las nubes porque antes habrá pasado por Es Baluard a ver la exposición de Esther Ferrer, que como es pionera de la performance y el arte conceptual en España desde los años 60, todavía hace cosas como desnudarse en sus acciones (“lo hago por militancia, aunque desnudarse sea algo que ya no está vigente”, me dijo). Ningún problema con los modernos: tienen derecho a existir, y solo tenéis que recordar que tampoco tienen conversación.

     

     

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