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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 01
    Agosto
    2012

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    ENTREVISTA - Vicente Verdú, columnista de El País

     

    Que el periodista, ensayista, sociólogo, economista y pintor Vicente Verdú (Elche, 1942) te conceda una hora de su tiempo y su lucidez equivale a una carrera universitaria completa en materia de periodismo y también del mismo mundo en el que vivimos. Autor de más de treinta libros, fue redactor jefe de Cuadernos para el diálogo y secretario de redacción de la Revista de Occidente, y en la actualidad es habitual en las páginas de El País. Acaba de editar La hoguera del capital: Abismo y utopía a la vuelta de la esquina (Temas de Hoy), diagnóstico de la actualidad con el que ha ganado el premio De Hoy de Ensayo 2012. El pasado fin de semana visitó Mallorca para aportar varios de sus lienzos a la colectiva Flesh Art Fair.

     

    “ANTES UN TITULAR A TODA PÁGINA NECESITABA MUCHOS ASPECTOS IMPORTANTES PARA GANAR ESA CONSIDERACIÓN”

    –¿Un analista certero de la realidad que opta por la abstracción en su pintura?
    –Nunca me lo había planteado así. Lo primero es un análisis que se apoya en la razón para ser certero, pero que llega también a través de intuiciones; lo segundo es otra manifestación de la intuición. Es el punto común: el golpe emocional.

    –¿Utiliza la pintura para, como decimos los mallorquines, “desembafar” de la actualidad?
    –Sí, en eso te doy la razón. Todo pensamiento sobre información social se satura de angustias y preocupaciones, y la pintura no busca finalidad ni resultados eficaces. Es el gozo del pensamiento. Ortega y Gasset decía que así como los pájaros tienen el gusto del gorjeo por el gorjeo, los seres humanos tienen el gusto del pensamiento por el pensamiento. La pintura es un ejercicio de la emoción, pero no se sabe dónde acaba ésta y empieza el pensamiento. Es un poco del gorjeo del pensamiento. Un trino sin destino concreto, aunque no trivial, porque es el gozo.

    –¿Le sucede lo que a tantos maestros: que su pintura mira cada vez menos hacia fuera y más hacia dentro, hacia sí mismo?
    –Es muy difícil establecer límites. No somos sino seres sociales, y no pensaríamos ni sentiríamos si no lo fuéramos. La identidad siempre necesita del otro, y no seríamos nada sin la dialéctica con el otro. Lo que más le gusta a la gente es la gente. Lo demuestran las redes sociales. Sobrevivimos gracias a que somos cooperativos, sociales, asociativos. Si la crisis la llevamos a buen puerto será porque lo hagamos todos juntos. No necesitamos un líder sino ser muchos y conjuntados para buscar una solución que nos ayude a todos.

    –¿Cuáles son sus musas?
    –Me inspira el buen humor. Cuando estoy de buen humor, también con bienestar personal y físico, es cuando estoy en condiciones de vivir la vida con esperanza, y una vida con esperanza es muy propicia para hacer algo, como pintar. Si vives una vida triste, desesperanzada, desanima para cualquier producción.

    –¿Ha visto alguna vez un cuadro de 91 millones de euros? [una de las versiones que Edvard Munch pintó de El grito se vendió el pasado mayo por esa cifra]
    –(piensa) Sí.

    –Si la inmobiliaria fue una burbuja enorme, ¿cómo llamamos a la del arte?
    –La arbitrariedad que hay en el valor del arte es muy representativa de la pérdida de una referencia del valor moral y social. Esas barbaridades de miles de millones que se pagan por cosas que no tienen sentido, como las píldoras de Damien Hirst, o lo del tiburón, hacen pensar a qué mundo loco hemos llegado: la justicia está pervertida por toda clase de vacilaciones y dudas, las personas que nos representan implicadas en todo tipo de asuntos, desde el representante del ayuntamiento hasta el de la Corona. ¿En qué valores nos apoyamos para tener sensación de que pisamos tierra firme? Y todo se ha producido con tanta extensión, tanta explosión y en tan poco periodo de tiempo, que ha hecho saltar en pedazos todas las referencias que teníamos como patrones de comportamiento. El arte lo refleja de forma espectacular, en millones de dólares, pero en realidad millones de pecados mortales están por todas partes.

    –Volviendo al empacho: ¿no le satura de la crisis que cada semana vaya a llegar un fin del mundo?
    –Hay que plantearlo en función de los medios de comunicación. Se han hecho todos sensacionalistas porque se han convertido en empresas multimedia que han requerido inversiones muy altas de dinero. Y la fórmula para recuperarlo es crear acontecimientos, sucesos de mayor envergadura, una y otra vez. Antes, El País, New York Times o Le Monde, ante un asesinato triple o una violación en serie, lo ponían en Sucesos. Pero ahora va en primera porque piensan que las sensaciones más espectaculares crean más clientes. No sé cuántas portadas lleva El País desde hace meses titulando a toda página… Antes un titular a toda página necesitaba muchos aspectos importantes para ganar esa consideración. La información se ha hecho más emocional y menos racional. De hecho, la crisis en la que estamos es una crisis emocional. Lejos de haber crecido en los términos en los que la Ilustración planteó la modernidad, reforzando la razón, ha habido un periodo siguiente de hartazgo de la razón y más romántico, si se quiere asociar la emotividad al romanticismo. Lo repiten muchos analistas económicos: los datos no indican que España esté tan mal, ni implican que la prima de riesgo suba tanto. Pero las reacciones no tienen tanto que ver con la razón como con la emoción y el contagio. Éste tiene sigue un discurso que tiene más que ver con la catástrofe, y el accidente crea temor, miedo, desconfianza, inseguridad en la sociedad. A partir de ahí viene el pánico, que es lo que ha precedido siempre a las grandes crisis económicas.

    –Antonio Gutiérrez-Rubí [columnista de política y economía en El País a través del blog Micropolítica] opina que la crisis se está explicando fatal. Argumenta que la gran mayoría de lectores ni entiende ni calibra las informaciones económicas con las que se están abriendo los periódicos.
    –Los periódicos tienen su propia ley interna. Son también mercancías. Y si se considera necesario proclamar el éxito de una película por sus efectos especiales, lo mismo con la información: se necesita acentuar los efectos especiales creando una excepcionalidad de la situación para atraer a la clientela. Es muy coherente con la sociedad de consumo, que no se hubiera mantenido en pie si no hubiera ofrecido productos que antes no existían. Y se actúa de la misma manera con la información: se hace un producto que sea excepcional por sus dimensiones, características, consecuencias, por su carácter inédito. Es una línea de actuación que traspasa todo: desde las relaciones comerciales a las morales y las informativas.

    –¿Qué es lo más incomprensible de esta crisis?
    –Todo. Precisamente porque es emocional. Si fuera comprensible la habríamos resuelto ya. Estamos en el fin de una historia que se podía explicar de manera ordenada y concatenada, y hemos pasado a otra en la que los grandes hechos son efectos especiales, y cuya concatenación no interesa tanto y sí su sorpresa.

    –¿Cuál debe ser el papel de la prensa local en un mundo globalizado?
    –La prensa local lo está haciendo bien. La nacional es la que está más metida en crear hechos o informaciones heterogéneas. La local tiene el corsé de la verificación inmediata. No puedes decir que el colegio X está dando comida envenenada si ves que tu hijo o el del vecino no están envenenados, o al revés. Está más obligada y necesariamente enlazada a la información real. Debe haber una enorme diferencia entre los diarios de Madrid, los de Alicante y los de Palma. Aquí debe ser un acontecimiento que el obispo local se vaya. Lo mismo en mi pueblo con ese picudo rojo que se come las palmeras.

    –¿De qué escribiría Vicente Verdú en un periódico de provincias?
    –Del picudo rojo.

    –Señor Premio González-Ruano de Periodismo: ¿el periodista está obligado a hacer juicios de valor si los hace con honestidad?
    –Tanto como obligado… Los periodistas hemos escogido una profesión porque no parecía que nos obligaran a nada, pero luego venía un redactor jefe y nos hacía polvo. Pensábamos que no estábamos obligados sino a informar, con gusto porque es nuestra vocación. Nuestra dependencia de los jefes ha sido, y hablo de mi época, muy cómplice, porque el redactor jefe mandaba pero perseguía lo mismo que tú: que hubiera verdad, precisión y honradez en la información. Con sus consiguientes excepciones.

    –Señor Premio Miguel Delibes de Periodismo: ¿cuántos mundos ha visto desaparecer?
    –Unamuno decía “mi reino no es de este mundo”, pero yo tengo la sensación de que mi mundo ha interesado mucho, y nunca he visto desaparecer nada en el sentido de ese interés. Aunque el mundo que se está configurando, que comprendo menos y manejo menos, utiliza nuevos instrumentos y por lo tanto no puedo acabar de comprender los fenómenos que éstos provocan en toda su proporción.

    –Señor Premio Julio Camba de Periodismo: ¿no hay gran periodista sin su reputación dañada o por lo menos contradictorio?
    –Evidentemente. No somos ni santos. Hemos tenido una reputación a veces muy favorecida por las circunstancias, y otras empañada por no estar en el sitio oportuno o por no saber interpretar adecuadamente, o por haber sido manipulados sin darnos cuenta por gentes que tenían unos intereses a los que hemos servido sin saber que eran contradictorios con el bien público.

    –Hemos leído a muchos prebostes de la profesión sentenciando “solo el periodismo salvará los periódicos”, pero sin dar consigna concreta alguna.
    –Es una frase muy de la herencia religiosa: “solo los curas salvarán la religión”. Los medios son brazos de una empresa que busca sobrevivir a través de un beneficio. En éste importa la calidad de la información: puesto que nos dedicamos a venderla, no puede estar averiada o adulterada. Ahora, ¿de qué modo esa verdad es inmutable? Hay verdades reaccionarias y verdades progresistas, y hay otras neutras, redundantes. “El periodismo salvará a los periódicos” es una de esas bonitas frases que apenas las investigas se convierten en triviales.

    –Pregunta para el valenciano: ¿le pedía el cuerpo un rescate?
    –La Comunitat Valenciana ha sido un ejemplo de corrupción muy peculiar, porque allí todo el mundo sabe que hay corrupción y que tal representante del Partido Popular es infausto, etc. Pero luego está el asunto de que el PSOE está muy debilitado y que es muy contradictorio, y que por lo tanto el PP es el mal menor.

    –Tesis de Ernesto Ekaizer en su último libro, Indecentes: “Nunca volverá a ser lo que parecía ser”. ¿La hiperrealidad que diagnosticó Baudrillard sigue vigente?
    – Jamás habría pensado que el discurso de Ekaizer se pareciese al de Baudrillard. Éste decía otra cosa: su idea de la hiperrealidad viene asociada a la idea de simulacro, a un mundo en el cual los medios han creado una realidad y en el que la moda, la estética, el arte, etc., han creado una idea de las cosas que nos ha alejado de la esencia de éstas. Y vivimos en ese segundo mundo, en esa segunda realidad que él llama “hiperrealidad”.

    –Afirma usted en su último libro: los compartimentos estanco definían al mundo moderno de los enciclopedistas, obsesionados por la clasificación, mientras que el bazar de las mil ofertas que es internet caracteriza al mundo posmoderno de hoy. ¿La cultura del analista debe ser más amplia que nunca para entender la actualidad?
    –Probablemente. Vivimos en un mundo en el que todo está integrado entre sí. La estética no es la de los museos, sino la de sillas y vasos, la ropa que llevamos, la película que vemos… Y lo mismo nos ocurre con los espectros morales: ya no tienen que ver con unas afecciones religiosas, sino con comportamientos ciudadanos que muchas veces no están vinculados a nada, solo son formas que decidimos en una situación u otra. ¿Dónde está el edificio moral frente al cual la otra parte está descalificada? Por eso hoy en día incluso los premios Nobel necesitan preguntarse cómo se ha producido esto, hasta dónde va a llegar, qué va a durar, etc. La misma idea de la crisis generalizada que afecta a tantas cosas es una demostración de que lo que se está jugando no es un sistema económico o financiero, sino una ordenación de la sociedad humana. Todo esto influirá no solo sobre instituciones, sino sobre la propia condición de los individuos.

    –También afirma en su último escrito que “otro mundo es posible. Y en la red habita su profeta”. Sin embargo, la inmensa mayoría de los navegantes solo busca una cosa en internet: pornografía.
    –El sexo no es una cosa despreciable. La palabra “sexo” aparece más veces en la red que la palabra “dios”. Probablemente esta obsesión por el sexo es un asunto que merece la pena considerar y no tomarlo como una desviación. No sé hasta cuándo, pero el sexo es un asunto de mucha conexión interpersonal. Muchas redes sociales están basadas en el sexo. Bendito sea dios con este pecado mortal.

    –Usted fue jefe de Opinión en El País: ¿internet ha provocado que entre los columnistas las voces autorizadas sean minoría y los copistas mayoría?
    –Es una característica de nuestros tiempos: las cosas se difunden con una facilidad tan grande que todos se copian, hasta el punto de que la copia acaba deshaciendo al original. Si Chanel saca un bolso exclusivo y en poco tiempo hay millones de copias, la noticia son éstos y no el bolso original. Todos los medios de comunicación están promoviendo ese efecto de contagio. El mundo funciona en las redes, donde se interviene e intercambia, y ese conocimiento es colectivo. Eso que se llama el “saber de la muchedumbre”: las ideas no son de un tipo que sabe mucho sino que están produciéndose con intervención de muchos. Los derechos de propiedad intelectual empiezan ahí a perder sentido.

    –También fue jefe de Cultura: dijo Cebrián [Juan Luis, presidente de PRISA, propietaria de El País] en Jot Down que el periódico que no respeta la cultura está fuera de su época.
    –¿Cuándo lo dijo?

    –En una entrevista a la revista online Jot Down de hace escasos tres meses.
    –Debían estar fuera de época.

    –¿Hay que ser tan benevolente con Gregorio Peces-Barba como se fue con Fraga, o más duro, como Gregorio Morán fue con Suárez?
    –Gregorio fue muy buen amigo mío, y como a todos los amigos les perdonas muchas cosas. Pero no fue el santo que están alzando a los altares.

    –La economía es como el fútbol: todo el mundo cree saber lo que hay que hacer. ¿Cuál es su receta?
    –Soy economista, pero me parece que todo lo que ha ocurrido ha sido una descalificación global del pensamiento económico. Hoy mismo [por el sábado pasado] he leído en Diario de Mallorca una entrevista a un economista [Carlos Manera] que decía que hemos fallado todos los economistas en los conocimientos de historia económica. Ojalá solo fuera eso. En realidad, la historia económica, como tantos aspectos de la historia, no se repiten. Una de las cosas que definen el futuro es que está compuesto por elementos que no están en el presente. Entonces, cualquiera que haga una prospección por el futuro se equivocará con facilidad porque si lo hace como extrapolación del presente deja fuera los componentes novedosos que aparecerán más tarde pero que no puede incorporar porque no conoce. Manera dice bien cuando señala la pérdida de conocimientos históricos, pero la historia ayuda mucho siempre que la historia nos sobresalte. Estos momentos de quiebra son muy propicios al error al querer prolongar las direcciones del pasado.

     

     

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