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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 23
    Diciembre
    2011

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    ENTREVISTA: Toni Gomila: “Si ‘Acorar’ pretendía ser nacionalista, ha fracasado”

     

    El monólogo Acorar es la obra de la que está hablando todo el mundo. Su autor y único intérprete, Toni Gomila, ha escrito una lúcida reflexión sobre la mallorquinidad, su identidad, comunidad y territorio, a través de un texto de evidente altura pero totalmente accesible a cualquier tipo de público. Dirige Rafel Duran, otro tótem de nuestro teatro, tras pasar por el Liceu de Barcelona y antes de estrenar en el Nacional de Catalunya.

    Tras haber pasado por Eivissa, Petra, Manacor, Santa Margalida o Vilafranca, la gira sigue por Palma (hoy viernes y 30 de diciembre; 6 y 20 de enero), Capdepera (27), de nuevo Manacor (28 y 29), Alcúdia (14 y 15 de enero), Santanyí (21 y 28), Lloseta (29), Girona (3 de febrero) y próximamente en más localidades (Artà, Porto Cristo, etc.). Asimismo, la librería manacorina Món de Llibres ya ha anunciado que editará el texto de la obra el próximo 15 de enero.

     

    -¿Dónde y por qué surgió la idea de escribir sobre lo nostro?

    -En Buenos Aires. Estuve dos meses con Todo, de Rafael Spregelburd, y allí vi un espectáculo muy inteligente y punzante sobre lo argentino. Algo que sólo un argentino podía representar, y quise hacer lo mismo. Entonces recordé una historia que tenía hace tiempo, que era Acorar. Vine de Argentina con tres cuartos de la obra ya hecha. ¿Y por qué? Porque trata de lo que me interesa y me preocupa, y siempre hay que hablar de las cosas que nos interesan y nos preocupan.

    -¿Acorar es pesimista u optimista?

    -No me lo había planteado. Sí me he planteado con qué actitud quería que el público saliera del teatro. Buscaba un espectáculo que, desde la mallorquinidad, fuera una invitación a vivir, por lo que supongo que es optimista.

    -¿Es Acorar un texto nacionalista para todos los públicos?

    -No. Hay quien lo interpreta así. Cuando hablas de una comunidad que está teniendo problemas para articularse políticamente, estás siendo político. Pero la obra es más una exposición de una comunidad, y los no nacionalistas la disfrutan igual. Por lo que si pretendía ser nacionalista, ha fracasado.

    -Autores como Pinter o Beckett no querían hablar de su sociedad si no era con negatividad. Tu método es el opuesto: la risa, la comedia, la sátira. ¿La crítica entra mejor con risa?

    -Cualquier cosa entra mejor a través de la risa. La letra entrará con sangre, pero será menos bienvenida y no conseguirá la empatía que consigue la risa. Aunque tampoco he querido hacer una comedia. Hay gente que, cuando se reflexiona con humor sobre un colectivo, les gusta sobre todo si no es el suyo. Creo que con el texto le he dado a todas las partes, a todos los grupos.

    -Una de las bazas más potentes de tu obra son los interludios con reflexiones: éstas son lúcidas, certeras, y utilizan un lenguaje muy bello sin llegar a ser cultista. Para llegar a ese nivel de profundidad y también claridad se necesita mucha revisión y mucha reescritura. ¿Ha sido así?

    -El texto está pensado y revisado palabra por palabra. El trabajo de Rafel y Toni Jaume [ayudante de dirección] para ayudarme en ese sentido ha sido fundamental. Si algo estaba escrito de alguna manera que no quedase clara, era revisada al milímetro. Y también es importante que el texto esté pensado y escrito sin reñir a nadie y sin creer que es la verdad absoluta. Un referente para mí en este sentido son los capellanes de la Escola Mallorquina, los Llorenç Riber, Salvador Galmés o Joan Rosselló de Son Forteza, o Miquel Àngel Riera. Todos sabían de la importancia de acertar con la palabra exacta para describir las emociones. También Gabriel Galmés, que en la página 317 de Vull una estàtua eqüestre, en un artículo que se publicó en El País, habla exactamente de lo mismo que yo quería hablar en Acorar.

    -Hay un pasaje en el que se habla de palabras en desuso. Sin embargo, una de las ideas implícitas de tu texto es que la identidad de una sociedad no es sólo su vocabulario.

    -Porque a partir del vocabulario por bandera se crea el medio. Y como dijo Blai Bonet, “el medio es el que nos hace”. No es sólo la lengua. Y eso lleva a que no hay que vivir del pasado, sino que hay que actualizarse y redefinirse. Todos lo hacen, y a veces parece que los mallorquines estamos en pausa desde 1950.

    -¿Faltan dramaturgos que traten de lo local en nuestro teatro?

    -Faltan más textos, en general. No hay espacio para la experimentación, y así es muy difícil que salgan textos nuevos. Acorar es una excepción porque faltan todo tipo de condiciones, empezando por espacios en los que no haya la presión de tener que sostenerse. Si la obra no funciona el primer día, suele ser un drama. La cultura no es sólo entretenimiento. Es algo más. Es reflexionar, y si podemos hacerlo con ojos de aquí, mejor.

    -¿Por qué no has metido “morcillas” sobre la actualidad (Urdangarin, Televisió de Mallorca, L’anell [el último culebrón de IB3, cuya temporada fue recientemente acortada], etc.)?

    -Le quitaría poética. Lo banalizaría. Hemos incluido expresiones que podrían ser demasiado populares, pero siempre sin perder de vista que no quitasen profundidad a la obra.

    -¿Por qué Rafel Duran y no otro?

    -Primero porque entiende de qué va el texto y su intencionalidad. Y segundo porque domina muy bien el arte de la escénica. Rafel y Toni me han ayudado hasta tal punto que el texto funciona tan perfectamente que sólo me tengo que preocupar de la interpretación.

    -Si surge la posibilidad de representar la obra en Cataluña, ¿crees que lo que plantea es universal o hará falta una adaptación catalana en cuanto a contenido, personajes, vocabulario, etc.?

    -La obra ha sido seleccionada para el Proyecto Alcover [creación de un circuito de teatro por todo el territorio de habla catalana], por lo que los que vinieron a verla a la Fira de Teatre de Manacor debieron de entenderla perfectamente. El día 3 de febrero, en Girona, tendremos la primera prueba. También algún valenciano ha visto la obra, y sin haber estado de matances, le ha gustado, porque éstas son sólo una excusa en el texto.

    -Para algunos, los recortes en ayudas al teatro son una vuelta a la prehistoria. Para otros, sólo otra crisis más de las que afectan cíclicamente a la cultura. ¿Cuál es tu visión?

    -Si la cultura ha estado siempre en crisis, ésta es la más profunda. Lo mal hecho en los últimos 30 años está volviendo, y lo bueno de los últimos 10 ó 15 ha desaparecido. Me preocupa más la falta de reacción y respuestas que los recortes en sí. En 30 años no hemos sido capaces de organizarnos. Compañías, teatro, medios… todos van por caminos distintos, y no veo solución a corto plazo. Compañías que cierran, ayuntamientos sin dinero, programadores que hacen lo que pueden, teatros que no hacen ni el mantenimiento mínimo…

    -Es de suponer que renunciar al caché e ir a taquilla debe ser una solución puntual, no la norma.

    -Ir a taquilla es siempre un problema. Empezando por el precio de la entrada, que casi está ya al nivel de la de cine. No hay margen, no podemos reaccionar.

    -Javier Matesanz, organizador de los Premios Escènica, dijo en una entrevista a este diario que las reivindicaciones del sector teatral durante la gala eran justas, pero que acabaron por resultar excesivas y que hundieron la gala. Como presentador de la ceremonia [junto a Lina Mira], ¿cómo viviste aquella noche?

    -Desde la presentación fue muy difícil. Una gala es complicadísima: ¡en directo y por televisión! Acumulas tensión todo el día, y tal y como transcurrió todo al final, no hizo más que añadir y alargar la tensión. Es importante contextualizar la situación: la reciente cancelación de L’anell, la cancelación de las ayudas… Entiendo lo explosivo de la situación, y entiendo que simplemente se utilizó el amplificador más grande. Pero probablemente, si no se hubiese dicho nada, alguien habría criticado ese silencio.

    -Parece que el sector teatral vive una situación doblemente injusta por los recortes unilaterales e innegociables y por la percepción excesivamente negativa del público general ante las quejas del ramo, cuando son muchísimos los sectores profesionales que dependen del dinero público. ¿Se percibe así desde dentro?

    -Sí. Todos los sectores está afectados: disminuidos, bomberos… Todos. Somos uno más.

    -¿L’anell tampoco ha conseguido convertirse en el fenómeno audiovisual y social que se pretendió también con Vallterra, Laberint de passions o Llàgrima de sang [Sebastià, personaje interpretado por Gomila en esta última, fue uno de los que más conectó con la audiencia]?

    -No estoy de acuerdo con esa idea. En la part forana y en Menorca se veía muchísimo. Es más una percepción desde Palma. Proporcionalmente, sí creo que ha funcionado.

    -¿Y cuáles han sido los principales logros del último culebrón y de los anteriores?

    -Primero, que a menudo la tele ha salvado al teatro. Vis a vis en Hawai o Els convidats funcionaron muy bien porque había actores y actrices de las series que llevaban público. Y muchas compañías de teatro se han financiado a través de actores y actrices de las series. Y sobre todo se ha alcanzado la profesionalidad. El público nos ha visto como profesionales que se ganan la vida con este trabajo.

    -En la cancelación de L’anell se esgrimió su alto coste de producción como uno de los motivos principales. ¿Se pueden hacer series low-cost?

    -¿Una carretera es cara? Habría que ver qué significa low-cost.

    -¿Ha estallado una burbuja cultural?

    -No, lo que ha sucedido ha sido un intento de normalización. ¿Cómo es posible que se diga que somos la comunidad más rica de España y no hayamos conseguido establecer una programación estable de teatro? ¿Para qué ha servido cargarse la costa? Estamos en la trinchera, y a veces se criminaliza a los que van por delante. Los actores no somos los culpables, porque nosotros no decidimos crear una escuela, una televisión y teatros municipales. Es como echar la culpa de cómo están las cosas a quien compra el piso. O por ejemplo: limpiar Marivent cuesta al año prácticamente el doble de las subvenciones dedicadas a la producción teatral.

     

     

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