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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 26
    Julio
    2013

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    ENTREVISTA + SORTEO DE ENTRADAS - Jon Arias: “Ahora ya nadie confunde lo que es Layabouts”

     

    Los madrileños Layabouts gustan mucho. A unos por su música: rockera, poderosa, enrrabietada y también hedonista. A otros por su directo: intenso, voluntarioso y también desfasado. Han publicado tres discos, con los que han evolucionado desde un estimable rock directo y bailable, mimético de las maneras anglosajonas (¿hay alguna música que no imite a nada ni nadie?) hasta unas canciones más monolíticas y contundentes. Son los cabezas de cartel del Festival LVC, que junta a lo bueno y lo mejor que el indie y el rock tiene en la isla, que es mucho, y no es una frase hecha. Jon Arias, el cantante, responde al cuestionario.

    *Sopas mallorquinas regala 4 entradas para el Festival LVC (Layabouts, Mujeres, The Parrots, Ceremoney, Dj Niño Caracol, LVC DJS), que se celebra hoy viernes en la sala Es Gremi desde las 0 h. Ganan los cuatro primeros que envíen a sopasmallorquinas@gmail.com el nombre del grupo con el que más van a desfasar.

     

    “AHORA YA NADIE CONFUNDE LO QUE ES LAYABOUTS”

    –Algo que llama la atención al acercarse a Layabouts es la actitud rocanrrolera. Surge entonces inevitable la pregunta de si crees imprescindible una vida de rock&roll para escribir rock&roll.
    –No creo. Lo importante es vivir el rock&roll a tu manera. Los clichés están ahí, pero no los seguimos. No voy al cine con una botella de whisky. Otra cosa es el escenario, porque nos gustan las descargas sinceras de rock de tres minutos. Eso debe salir solo, sin forzarlo. También es cierto que cuando nos subimos a la furgoneta, al entrar en ese mundo que nos hace muy felices, sí parecemos adolescentes en un viaje de campamento. Aunque no vayamos a ganar mucho dinero con ello, sabemos que van a ser los mejores años de nuestra vida.

    –Si con el primer disco uno busca darse a conocer y con el segundo confirmarse, ¿qué se busca con el cuarto?
    –Es que sucede que nuestro segundo disco sirvió para darnos a conocer de nuevo [tras Layabouts, editado por Wild Thing Records en 2005, vino ...And they ran into the woods, autoeditado en su propio sello Homeless Records en 2009). El primero fue un experimento, y nos ubicó como banda de indie y rock bailable, pero al acabar la gira éramos otro grupo. Nuestro productor de entonces decía que hacíamos dancecore. Le quitamos los teclados y nos quedamos solo con el rock&roll. Ahora ya nadie confunde lo que es Layabouts. Nos ha costado tres discos, pero seguimos evolucionando.

    –¿Cómo suena el nuevo material?
    –Es un EP que no difiere mucho de Savage Behavoir (autoeditado en Homeless Records en 2011). De éste diría que es hasta alegre, pues refleja la satisfacción de haber encontrado lo que queríamos hacer, y las nuevas canciones buscan hacerle justicia a nuestro directo, cosa que hasta ahora creo que no habíamos logrado del todo. Son canciones que ya hemos tocado mucho en directo, y suenan más macarras, a escupitajo.

    –¿Conjugan en directo las canciones más antiguas con las más recientes?
    –Con las canciones antiguas tenemos un punto un poco intransigente. Del primero solo tocamos Fine for me, y casi por obligación, porque sabemos que a nuestros seguidores les gusta mucho. Solíamos tocar más canciones del segundo, pero últimamente nos limitamos sobre todo al tercero. Hemos intentado trasladar las del disco debut, pero no conjugan. Además, entonces teníamos teclista, y si les quitas los teclados no acaban de sonar. Pero tenemos el propósito de revisitar ese disco para la siguiente gira. Es una espinita.

    –¿La música es importante en la capital de este país?
    –La cultura es importante en España cuando conviene. Cuando hace falta somos país de grandes artistas, músicos, actores, pintores, etc. Pero el día a día desmiente esa hipocresía y demuestra que no hay un gran apoyo. También creo que en esta sociedad pesa muchísimo el folclore. Además, hacer rock&roll no es hacer electrónica, es menos “popular”, a lo que se le añade hacerlo en inglés... Pone al público reticente a pesar de que es un género clásico y fue así, en inglés, como llegó a este país. En los países anglosajones no es así: aquí se va al concierto de quien eres fan y te sabes todas las canciones; en Londres la gente va a salas de música en directo por costumbre, sin saber siquiera quién toca esa noche. No tenemos la cultura del arte por el arte, la música por la música. Consumir porque sí.

    –¿Que tienen Layabouts de castizo?
    –A lo mejor cuando subimos al escenario sí tenemos un punto chulillo porque el rock toma posesión de nuestro cuerpo. Eso nos lo da ser de Madrid ciudad.

    –Solo hay dos tipos de grupos en el rock&roll: los que se preocupan por su imagen y lo reconocen, y los que se preocupan por su imagen pero no lo reconocen. ¿De qué tipo sois?
    –Nos preocupa la imagen porque nos preocupa en nuestra vida diaria. No hacemos una propuesta estética tipo Hives o White Stripes, pero nuestros pantalones de pitillo y las chupas es lo que llevamos cada día. Para nosotros lo más son los Ramones, cuya ropa les venía impuesta por Johnny Ramone, el guitarrista, que era un dictador. Es importante que el grupo de sensación de unidad, aunque no lo es tanto como para llevar uniforme.

    –Reivindicáis muy vehementemente el rock&roll. Pues Phil Spector dijo [en el documental La agonía y el éxtasis de Phil Spector, de 2010] que “la culpa de todo la tiene el rock&roll”.
    –Es un drama que el rock&roll no sea piedra angular de cualquier cultura que se precie. Es algo que en EE UU tienen muy claro. Y allí Dave Grohl [vocalista de Foo Fighters] podrá ser un mandamás del rock, pero él mismo reconoce que la cosa está difícil y que hay mucha competencia. Pues imagina aquí. También estamos sufriendo una especie de cuarta generación de hijos bastardos de Bloc Party o Arctic Monkeys. Eso sigue generando bandas actualmente. En 2005 no les gustaban a nadie, y hoy todos flipan con el quinto disco de The Killers, que es el peor. En este país dices rock y se entiende Marea o Extremoduro.

    –Un músico inglés me dijo que entendía perfectamente la gran diferencia que hay para el público español entre que un cantante diga I'm gonna fuck you o “Te voy a follar”. ¿A vosotros no os importa esa diferencia?
    –Hay algo de eso. Pero creo que el inglés es un idioma más bonito para el rock, además de que puedes poner el acento donde quieras. Yo tuve la suerte de ir a un colegio no bilingüe, sino británico, y por eso el idioma es prácticamente nativo para mí. Tampoco he escuchado mucho rock en español y sí mucho a Sonics, Motörhead, Who o todas esas bandas de rock suecas que cantan en inglés. Así me he criado. Y he visto que muchos cambian al castellano porque les dicen que venderán más, y acaban cayendo en clichés, como usar la palabra “neón”, que sale en multitud de canciones. Yo no digo que no llegue a hacerlo algún día, pero será formando otro grupo, no con Layabouts.

    –Queens of the Stone Age lanzan su nuevo disco y es un acontecimiento mundial. ¿Sucederá alguna vez en España que el lanzamiento de un álbum de rock sea un hito?
    –¡Hace dos días les estuve viendo en segunda fila! Si eres fan suyo te das cuenta de que han hecho un disco más relajado y grandilocuente, con un punto Bowie: se reinventan y consiguen explotar a nivel mundial, incluso en España. Pero dudo que haya base mental o cultural en España para que eso pase con un disco hecho aquí. Aunque he de reconocer que antes era más pesimista, porque me he ido encontrando con que a nuestros conciertos viene gente muy joven, y que incluso mi hermano de 11 años escucha bandas de rock en inglés. Son la generación YouTube, que ha visto mucho y mucho de ello en inglés. Para que algo así acabe por suceder en España tendría que venir validado de fuera. A nosotros se nos descifra mejor en Londres. Tengo muy claro que todo éxito que tengamos fuera significará el doble en España.

     

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