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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 02
    Febrero
    2012

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    ENTREVISTA - Rodo Gener: "Sin ayudas, el teatro se volverá un entretenimiento elitista"

    La compañía de teatro mallorquina La Impaciència llegó deslumbrante, como solo el talento real puede hacerlo: con su primer montaje, Radiografies (2006), Luca Bonadei, Salvador Oliva y Rodo Gener fueron seleccionados para el Projecte Alcover de promoción del teatro en Cataluña, y ganaron el premio al mejor espectáculo en la Mostra de Teatre de Barcelona. En 2009, con su segunda obra, In-consciència, se convierten en la única compañía que gana dos veces en la Mostra. La marató es su tercer montaje, ganador del programa Projectes Escènics del Ayuntamiento de Palma, una iniciativa de aquellos tiempos, aún no muy lejanos, en los que las instituciones promovían la cultura local creativa, actual y diferenciada. Además, Carme Serna ganó el premio a la mejor actriz y Oliva el de mejor texto teatral en los últimos Premios Escènica. Dentro de las nuevas dinámicas que imponen los tajantes recortes en las ayudas al sector, la compañía se ha decidido a reponer esta tercera obra que, como se puede intuir por los dos antecedentes, es extraordinaria. El menorquín Rodo Gener, quien también es el presidente de la Associació d’actors i actrius professionals de les Illes Balears, contesta a esta entrevista.

     

    La marató se representa en el Teatre de Mar, del jueves 2 al domingo 5, a las 21 h. (a las 19 h. el domingo). Entrada: 17 € (14 € en jueves).

     

     

    –Rodo Gener, mejor actor del teatro balear en los Premios Escènica dos años consecutivos. Salva Oliva se llevó el de mejor texto en la última entrega. ¿Es La Impaciència un dream team?

    –No estaría mal que nos conocieran así... Nos juntamos porque nos entendíamos muy bien en el escenario, aunque Salva y Luca ya se conocían de antes. Me quise juntar con ellos porque eran muy profesionales, y quería que se me pegase algo.

    –¿De qué trata La marató?

    –Trata del cambio generacional, de no poder entender que los jóvenes te superan porque son mejores y más guapos. Y habla del amor en las distintas edades por medio de la visión de un corredor de fondo, un buen deportista que, sin embargo, es superado por el joven.

    –Tu personaje, ¿lo escribió Salva expresamente para ti?

    –No. Primero porque al principio era un monologo, que después hizo crecer. El protagonista interactuaba con otros personajes que al final acabaron siendo individuales. Y además, tiene mucho de sus experiencias personales.

    –¿Lo que escribió entonces sigue vigente en el contexto actual?

    –No hay tanta vinculación con la actualidad como podría parecer: está ambientada en los años 40, y el cine negro es otro de sus pilares. Pero es cierto que hay cosas que son aplicables a la actualidad de hoy. Y además, ¡se menciona a Janis Joplin y a Bob Marley!

    La marató da la impresión de ser una de esas obras que se podría ir a ver dos veces.

    –Es porque le damos trabajo al espectador. La historia no está contada de manera cronológica, y el espectador debe ir colocando los diferentes momentos para que al final todo le cuadre. Mucha gente sale de la función con la sensación de que le han quedado cosas por descubrir.

    –Pero no solo por la estructura del texto, sino también por la densidad de ideas.

    –Cierto. Al final siempre suele haber debate entre los espectadores porque surgen interpretaciones distintas. Y todas son válidas.

    –Tus compañeros de profesión dicen que tienes muchísima energía. ¿Es así como entiendes la interpretación, como energía?

    –Seguramente sí. Suelo estar más a gusto en papeles “energéticos”. Cuando peor lo paso es cuando un director me pide dos minutos de contención e inmovilidad. La interpretación es dosificar la energía y usarla para que llegue al público. Creo que uno de los principales logros de La marató es que lo consigue.

    –Una cuestión muy concreta, tras ver el uso imaginativo de la escenografía e iluminación mínimas de vuestra obra: ¿no suelen trabajarse poco dichos recursos en los montajes locales?

    –Puede que sí. En Radiografies utilizamos solo tres sillas, y nos daba la impresión de que no necesitábamos ni eso. A veces, el teatro se queda en lo accesorio. No es necesaria una grada para que parezca que estás en un estadio. El público siempre mejorará con su imaginación cualquier cosa que le presentes. Peter Brook dijo que lo peor que puede hacer el teatro es intentar competir con el cine.

    –“La Impaciència es la compañía con más premios que montajes”. Hagamos una pequeña extrapolación: The artist, película muda y en blanco y negro, es un éxito de taquilla y favorita a los Oscars. ¿Por qué? ¿Por el boca a boca, porque la calidad siempre acaba triunfando, porque los medios han hecho su trabajo de señalar lo excepcional?

    –Un poco de todo, pero hoy en día los medios son más importantes que nunca ante la saturación de información que existe. Y también soy de los que piensan que la calidad siempre acaba por imponerse.

    –La eterna discusión: ¿los medios os prestan suficiente atención?

    –No. El teatro es la hermana pobre de las artes. A menudo ni siquiera sale como toca en las agendas: se equivocan de día o de hora. O la crítica sale tarde. Y no sé si es propio de aquí, pero parece que lo de fuera siempre es mejor. A Arévalo nunca la faltará espacio.

    –Hay quien opina en el gremio que las crisis son cíclicas, y que esta es solo una más. Y también quien dice que las épocas duras estimulan la creatividad. ¿Demasiado optimismo?

    ­–Se pasan de optimistas, pero tienen parte de razón. Cortar radicalmente las ayudas al teatro es una estupidez y un suicidio cultural que solo ha pasado aquí y en Valencia, porque no ha sido un recorte, sino una supresión total. No somos Broadway, ni Berlín, ni Barcelona, pero habíamos espabilado y estábamos creciendo. Y tampoco nos ayudaban tanto. Dicen que hay que reinventarse, sí, pero será a nivel empresarial porque trabajábamos con obras de pequeño presupuesto. Reinventarse significará trabajar en negro o gratis, en cooperativas…

    –Como periodista, creo que a veces hay que posicionarse: las quejas del sector teatral en la gala de los Escènica -en noviembre de 2011- fueron justas y necesarias. Sin embargo, el gremio fue muy criticado y se os acusó de acomodados en el dinero público. ¿Cómo ves todo aquello ya desde una cierta distancia?

    –Las críticas no nos afectaron mucho porque las arrastramos desde siempre. Cuando dices que eres actor te dicen “Qué bien. ¿Y de qué trabajas?”. Siempre se ha considerado una afición. Esto es una industria, y no recibimos tantas subvenciones como los payeses o los deportistas. Yo, Rodo Gener, no he recibido ninguna subvención. El actor no recibe subvenciones. Es el tejido empresarial quien las recibe: actores, escenógrafos, tramoyistas, diseñadores de escenario, de luces, etc. La última subvención fue de 240.000 euros, y ya se ha gastado más en cubrir el paro. La Impaciència va a quebrar ya mismo porque los ayuntamientos no pueden pagar lo que nos deben. ¿Quién es el genio que ha decidido que así se ahorra?

    –¿Los recortes pueden convertir al teatro en un entretenimiento elitista?

    –Absolutamente. Sin ayudas, habrá que poner la entrada a 50 euros.

    –¿Cómo se convence a una sociedad de que la cultura es necesaria?

    –Erradicándola. Si deja de haber teatros, pocos protestarán. Pero si deja de haber música, cine, libros, cómic, ¿qué pasaría? No se puede vivir solo de ver Telecinco.

    –¿Los culebrones son interesantes para un actor, sueldo aparte?

    –Sí, lo son, y por encima de todo son muy divertidos. Lo que sucede es que el teatro te acostumbra a otro ritmo, a un mayor cuidado. La televisión te impone memorizar-recitar, memorizar-recitar… Ese ritmo rápido impone otra calidad. No es lo mismo trabajar en House y rodar un capítulo durante dos semanas que grabar dos en un día.

    –Ante los culebrones de IB3, gran parte del público se quejaba de lo mismo que ante los seriales catalanes: lo artificioso del idioma, que en la calle nadie habla así. ¿Crees que eso perjudicaba a las series?

    –No, se llega a olvidar y entras en el convencionalismo, de la misma manera que ante una película doblada.

    –¿El catalán está en peligro en Balears?

    –Sí. En grave peligro desde el momento en que el presidente de la comunidad dice que el castellano es mayoritario y que también existe por ahí otra cosa que es el catalán.

    –Volviendo al teatro: ¿cuáles son las hipotecas de la escena local?

    –Por encima de todo, que no ha habido una voluntad de educar como sí ha habido, por ejemplo, en Cataluña. Es un trabajo que tienen que hacer las instituciones. El teatro costumbrista tipo Xesc Forteza se ha convertido en un lastre.

    –¿Los gestores políticos son la principal tara?

    –Palma tiene la peor gestión teatral que conozco a pesar de tener tres espacios municipales, y llega a ser absurda la cantidad de teatros que hay por toda Mallorca. Todos los alcaldes querían uno.

    –¿Y el talento?

    –Ahí ya no. Sinceramente y sin querer parecer pedante, no somos soberbios, pero sí hay talento. Lo había trabajando aquí, y de vuelta desde la península. ¡Estábamos ahí! Se había creado una retroalimentación televisión-teatro que estaba a punto de explotar. Ahora ya no es posible: todos vamos a marcharnos fuera. No queda otra opción.

     

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