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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 11
    Julio
    2011

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    ENTREVISTA Maika Makovski: "A Calixto Bieito le gustan las cosas con víscera"

     

    La mallorquina Maika Makovski estrenó 'Desaparecer' el pasado 1 de julio en el Teatre Romea de Barcelona, en el marco de festival Grec, al lado de dos primeras espadas: el director Calixto Bieito y el actor Juan Echanove.

     

    El “año Makovski” no acaba nunca. Sobre la cantante mallorquina y su banda no paran de caer alabanzas tanto desde prensa especializada como generalista, a lo que hay que añadir ahora su debut teatral, que no puede ser de mayor rango: ha creado las canciones para una nueva escenificación de diversos cuentos de Edgar Allan Poe, que interpreta en directo acompañada solo de un piano. Dirige un autor tan personal y de reputación europea como Calixto Bieito, y coprotagoniza el gran Juan Echanove.

     

    –Primero, la pregunta de moda: ¿eres de derechas o de izquierdas?

    –Me preocupan la educación y el bien común, por lo que supongo que soy de izquierdas. De todas formas, soy de esas que no se siente representada.

    –A pesar de tus tablas con tu banda, Desaparecer no es un concierto. ¿Has sentido miedo escénico?

    –No, y eso que desde detrás del escenario no se ve nada, ni siquiera el piano de semicola [gran parte de la obra se escenifica con una densa niebla cubriendo toda la escena]. Pero a dos pasos de entrar... tienes que respirar. De todas formas, nunca he sido de las que se planta ante el miedo escénico. Es empezar y todo se diluye.

    –Ante un nuevo montaje de un clásico como Poe, lo primero es preguntarse por su vigencia. ¿Más en las ideas que en la literatura?

    –En ambas. Poe siempre está vigente porque no es solo el escritor del terror, sino también y más aún el de la realidad humana, del alma.

    –Canciones aparte, en el breve texto que recitas en la obra consigues una convicción sorprendente. ¿Cómo se trabaja la convicción con alguien que no es actriz?

    –Lo he encarado igual que con la música: trato de entender lo que estoy diciendo al máximo exponente. Y luego, con la repetición: siempre acabas por entrar.

    –Sobre la música: ¿qué margen de maniobra te ha dado Calixto?

    –Todo. Incluso me dijo que si quería, podía tocar lo que escribió Lou Reed [el neoyorquino publicó un disco conceptual en 2003 sobre el poema de Poe El cuervo]. Me dio algunas generalidades al principio, pero luego aceptó todo lo que traje.

    –¿No os planteasteis hacer las letras de las canciones en castellano?

    –No. Calixto trabaja por toda Europa, y le gusta el bilingüismo y hasta el trilingüismo. De ahí que en el teatro haya un panel en el que ir leyendo la traducción.

    –¿Influyó la potencia de los textos originales, su inglés tan estético, y tu dicción perfecta en ese idioma? [La cantante pasó dos años viviendo en Nueva York, en los que se dedicó a la pintura].

    –Sí. Es que son poemas muy rítmicos. Aunque hay que decir que la traducción de Julio Cortázar –en ella se basan los textos del montaje– es extraordinaria.

    –¿Por qué una canción tan briosa para un poema tan oscuro y dramático como Nevermore?

    –A Calixto le gustan las cosas con víscera. Nevermore es una de sus canciones favoritas.

    –Hay un tercer actor en el escenario: la niebla.

    –Totalmente.

    –Dice Calixto que Desaparecer es un concierto-poema en la niebla. Es decir, que lo ha llevado a tu terreno.

    –No tanto, pero creo que él tenía la idea muy clara desde el inicio: que no fuese ni un concierto ni un recital de palabra hablada.

    –Hay una ruptura de ritmo muy marcada en este montaje: cuando Echanove se pasa un tercio de la obra, unos 20-25 minutos, narrando el cuento El gato. A algunos les meterá más en la atmósfera, pero a otros les sacará fuera.

    –Creo que a la mayoría los meterá más, porque para mí consigue lo que busca: dar sentido a toda la obra. Hasta entonces te preguntas qué significa todo, dónde estás y qué relación hay entre los dos personajes que estamos en el escenario.

    –En el disco toca toda tu banda. ¿Un grupo de rock en escena habría sido demasiado para Poe?

    –Probablemente sí, aunque es más por la batalla de siempre: cómo llevar a escena la fuerza y el sudor.

    –Para estas canciones has vuelto a componer con el piano, algo muy distinto a hacerlo con la guitarra.

    –Es completamente diferente. Y para mí, ha llegado en el momento justo porque tenía un bloqueo con el piano. Realmente tengo más técnica que con la guitarra, porque hice piano clásico, pero estaba acostumbrada a interpretar de una manera casi cohibida. He conseguido soltarme y aprovechar el gran potencial armónico que ofrece el piano.

    –¿Qué tiene El cuervo que tanto fascina a Lou Reed [además del disco conceptual, en 2010 editó su propio libro de poemas, con el mismo título, en la editorial mallorquina Alfabia].

    –Es por ese ritmo del que hablaba antes, esa musicalidad extraordinaria. Y porque es un poema-espejo: el cuervo es la voz del protagonista. Es lo que no quiere reconocer. No es un cuervo, es él mismo hablando a través de un pico y unas alas.

    –Define a Calixto.

    –Es un niño zen.

    –Echanove ha utilizado la misma palabra: niño.

    –Ha conseguido madurar lo necesario, pero manteniendo intacto la enorme energía de un niño.

    –Define a Juan.

    –Es como Neil Young: una fuerza de la naturaleza. Su fuerza no puede ser obviada. Su convicción es total, en lo que dice y también en lo que hace.

    –Aunque sea un poco pronto: ¿cómo llevas la mecánica de la repetición del teatro? [La obra se representa viernes, sábado y domingo en dos pases diarios; la entrevista se hizo tras el primer fin de semana].

    –Por ahora, bien. El truco es seguir creando en cada función.

    –Si voy a ver la última función, ¿salgo ganando o perdiendo?

    –Ganas en algunas cosas y pierdes en otras, sobre todo desde el punto de vista de la música. Pero creo que ganas más, porque el público a veces no aprecia que desde la inseguridad también se puede crear. Luego, el tiempo, por medio del esfuerzo, siempre va redimensionando lo que haces.

    –¿Acaba siempre el público en pie, como en la función en la que estuve?

    –Por ahora, sí.

    –Pregunta obligada: la SGAE. ¿Es necesaria? ¿Te sorprende lo que está pasando o era de esperar?

    –La SGAE es una cosa extraña que todos damos por supuesto que existe o debería existir, pero también da la sensación de que todo el mundo esperaba que pasase algo.

    –Última pregunta: saliste hace años de tu casa en Mallorca para perseguir tu sueño. ¿En qué parte del camino estás?

    –He bajado al terraplén. Sobre todo a nivel personal. Ahora estoy en un momento dulce en lo material, tengo proyectos muy interesantes, pero al mismo tiempo me lo tomo todo con más calma: agradezco lo que tengo, y ya está.

     

     

    CRÍTICA

    Desaparecer. Teatre Romea (Barcelona). Hasta el 31 de julio.

     

    Suma sin resta

    El peligro era evidente: que sobre el escenario hubiera una persona cantando y otra recitando, sin conexión entre ellas. Bieito lo solventa escogiendo hábilmente los cuentos de Poe a escenificar. Surge así un diálogo soterrado, fácil de seguir (gran acierto poder leer las traducciones en un luminoso cuando los textos los canta Makovski en el precioso inglés original), y la obra va cobrando sentido. Después viene el órdago del director: Echanove ocupa un tercio de la duración del montaje relatando el cuento de El gato. Y entonces la propuesta cuadra: los personajes, el espacio (cárcel o manicomio), la niebla. Donde se podía haber naufragado por inconcreción se triunfa por clarividencia. Recuerda a una famosa secuencia de la adaptación de El cabo del miedo que filmó Scorsese: aquel largo lapso de tiempo en el que Max/De Niro tiene su primer contacto directo con Danielle/Lewis. El director lo explicó tajantemente: “Esa secuencia tiene que ser tan larga para que el espectador se crea la fascinación que Max ejerce sobre Danielle”.

     

    La segunda parte de la fórmula, la música que Maika Makovski interpreta en escena solo con piano, consigue lo que debe: sumar y verse dentro de la obra, no pegada por fuera como si fuera un cinturón innecesario. Por calidad y por carácter: porque son excelentes canciones y porque su feeling encaja con lo que una narración tan densa y tensa necesita. Un plus aparte para la interpretación de Makovski: como los grandes dicen que hay que morir un poco en cada actuación, ojalá la cantante tenga, al menos, siete veces las siete vidas de siete gatos.

     

    Y sobre Juan Echanove, qué decir. Hoy en día el superlativo está barato, acabando por perder su rotundidad. Por tanto, baste decir que este actor podría interpretar hasta a un cenicero: todos iríamos a apagar nuestro cigarro sobre su cabeza, porque todos estaríamos viendo un cenicero.

     

     

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