Blog 
Sopas mallorquinas
RSS - Blog de Víctor Conejo Manso

El autor

Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


Archivo

  • 24
    Septiembre
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    ENTREVISTA - José María Ridao (escritor y ex diplomático): "Ha desaparecido la política europea"

     

    Son muchos los analistas políticos que critican a Alfredo Pérez Rubalcaba, pero fue al escritor y ex diplomático José María Ridao (Madrid, 1961) a quien contestó una de sus opiniones, con inusitada acritud, mediante carta en el diario El País, medio donde publica el madrileño. Ello da la dimensión, potencia y fiabilidad de los argumentos del columnista en opinión de la mayoría, excepto de los más afectos al político. Ridao tomó parte en las Converses literàries a Formentor 2012 aportando su vasta visión literaria a la mesa redonda bajo el leitmotiv “Disturbios familiares: de Edipo a Hamlet”.

     

    “HA DESAPARECIDO LA POLÍTICA EUROPEA”

    -Para empezar, una pregunta ligera: entre tener complejo de Edipo y ser un Hamlet al que le han matado al padre, ¿dónde ubicamos a Europa?
    -Europa está en todo eso y es mucho más. Diría que está también en Ibn Haldún y, aunque no conozco la cultura china, querría que también estuviese en ella.

    -André Gluksmann sentenció “Vaclav Havel es la Europa del futuro”, en el sentido de disidencia, activa y sin autocomplacencia. Como gran conocedor de Havel, de la persona y de su obra, ¿está de acuerdo?
    -Sí en la medida en que lo que reivindica es la disidencia. Si nos fijamos en lo que está pasando en los últimos tiempos, donde lo que se dice es que sólo hay una política económica, nos daremos cuenta del valor de la disidencia. No puede ser que se hayan puesto en marcha procesos y decisiones humanas, políticas, ante las que no podemos hacer nada y que por tanto no hay más que una política, una solución. No sé si el futuro es la disidencia pero sí debe haber espacio para ella. Si no lo hay es que estamos ante sociedades cuyo horizonte es muy tenebroso.

    -Analistas de la prensa española han señalado recientemente la pro actividad en tomar medidas del presidente francés Hollande frente a lo dubitativo de Rajoy. Pero si se consulta la prensa francesa vemos que la mayoría critica a su presidente por divagante. ¿Se critica negativamente en España por costumbre?
    -Hay una tradición de sólo reconocer los méritos españoles a través del extranjero. Pero en este caso creo que hay algo distinto y es que ha desaparecido la política europea. El eje de la discusión no es qué política económica seguir para hacer frente a esta crisis sino qué interés nacional debe prevalecer. Y es el interés alemán el que ha conseguido imponerse. A partir de ese momento, paradójicamente, pocos gobiernos europeos, por no decir ninguno, se ha planteado una política europea, de alianzas, de mayorías, que permita sustituir la discusión sobre qué intereses deben prevalecer por una discusión auténtica sobre qué política le conviene a Europa. La consecuencia de todo esto es que la formación de la voluntad política europea ha sido pervertida en los últimos tiempos como consecuencia de la crisis. Antes, era el resultado de una negociación, de concesiones mutuas, de beneficios también mutuos. En este momento, no. La UE se ha convertido en una especie de ratonera para esos otros países a los que no les queda otra solución que aceptar la hegemonía alemana. Lo más sorprendente es que nadie vea que los problemas que tuvo Grecia son, a grandes rasgos, similares a los que tuvo Portugal, a los que tuvo Irlanda, a los que empezó a tener España y a los que tendrá Italia.

    -¿En qué cantidad de las futuras pesetas calcula usted el próximo rescate de España?
    -Sería incapaz de decirlo ya en euros, así que multiplicando por 166 resulta imposible. De todas formas lo que parece estar en discusión en España en estos momentos son dos cuestiones: cuándo se decidirá solicitar el rescate y, la segunda, que es de algún modo contradictoria con la anterior, si se solicitará o no. Da la impresión de que el Gobierno apuesta a evitar el rescate, y por el contrario alguno socio europeos estiman, The Economist ha insistido en ello, que se está perdiendo el tiempo y debería pedirlo.

    -Le pregunto lo que le demandaban recientemente a Paul Krugman [economista y periodista divulgador, Nobel de Economía en 2008]: si la economía es una ciencia, ¿por qué no hay una sola solución y ya?
    -Porque la economía no es una ciencia.

    -¿Los treintañeros como yo, y sobre todo los veinteañeros, seremos generaciones de perdedores?
    -Esto es lo que se está diciendo, y es más de lo que se puede decir, en el sentido de que se está pronosticando demasiado. Las personas que tienen hoy 30 años, 20 años, tienen muchas de ellas una excelente formación, desde la que están en condiciones de adquirir un liderazgo social. Da la impresión de que si se dice que estas personas están perfectamente desahuciadas estamos ante un determinismo social que nunca se ha confirmado. Nunca se ha confirmado que el futuro esté escrito, ni por una ni por dos generaciones. Por tanto la pregunta habría que hacerla de otra manera, y es por qué las generaciones que tienen hoy 30, 20 años, esperan de los demás. Por qué no asumen. Por qué no reclaman, toman en mano lo que ellos creen que deben hacer. Si nos lo preguntamos así lo que nos damos cuenta es que muchas veces movimientos como el de los indignados les colocan fueran de ese liderazgo. No se trata de fundar un nuevo espacio para ahí ser los reyes, sino de disputar el espacio en el que estamos todos. Es su deber. Pero dicho eso, aunque no tomaran ese liderazgo, en ningún sitio está escrito que el futuro se pueda pronosticar con tanta alegría por dos tres generaciones, incluso por dos o más décadas. Por consiguiente, no es hacer una llamada al optimismo, sino sencillamente una llamada para que quien tenga problemas, responda. Es más, sólo se responden aquellos problemas que se asumen como tales. Si ese es el problema de esas generaciones, estoy convencido de que darán respuesta.

    -Antoni Gutiérrez-Rubí -analista político de El País, principalmente desde su blog Micropolítica- opina que la crisis se ha explicado muy mal. Que los periódicos se han abierto repetidamente con titulares que la mayoría de lectores ni entiende ni calibra.
    -La jerga económica está operando como un conjuro mágico para infundir miedo. Es curioso que cuando esta jerga trata de aclararse recurre a la metáfora. Ha habido modas de metáforas desde que se inició la crisis que han ido variándose. Médica (“el paciente lo que necesita es una terapia antes de que la metástasis se extienda a todos los bancos...”), aeronáutica (“cuando una economía está despegando necesita todos sus motores...”), caligráfica (si esta crisis es un U, en V, en W…”. Ahora no sé en qué metáfora estamos, lo que sí me parece muy llamativo es que se abra un debate en estas circunstancias sobre la continuidad de Grecia porque en realidad, por seguir con la metáfora médica, lo que ha ocurrido es que unos doctores han aplicado una terapia a un paciente que en lugar de mejorar, empeora. Y lo que están diciendo quienes dicen que Grecia debe irse del euro no es que la terapia es equivocada sino que el paciente no es bueno, y que por lo tanto mejor que prescindamos de él. Ni siquiera en el terreno de la metáfora tiene explicación lo que está pasando. Creo que fomentar la jerga incomprensible, de mantras, que repetimos todos sin saber muy bien su dimensión, para infundir miedo, no es buen camino.

    -Cuando veo a un diplomático lanzado a escribir siempre pienso: sólo le interesará la literatura de la experiencia, habitual en los viajeros. Pero parece que gusta usted del híbrido ensayo-novela, a la manera de, por ejemplo, Don DeLillo.
    -Sí, aunque nunca me he sentido diplomático a pesar de haber tenido responsabilidades en ese campo. Hace muchos años que es una profesión que ejerzo con toda la responsabilidad que demanda, pero he estado muchos años fuera de la carrera diplomática. He vuelto recientemente por razones estrictamente personales. Pero digamos que mi representación de mí mismo siempre ha sido como escritor, jamás como diplomático.

    -También es usted un caso particular como columnista: lo habitual es que quien ha ejercido la diplomacia luego peque de ello, es decir, que nade y guarde la ropa en exceso y no escriba más que obviedades o caiga en el buenismo.
    -No lo veo extraño porque ya digo que nunca me he visto como un diplomático, siempre como escritor. Le debo a la diplomacia mucho: la posibilidad de haber viajado y de haber contrastado las propias convicciones en lugares como África o el mundo árabe. No he sido fiel a la diplomacia desde que ingresé: he pasado muchos años fuera de ella, pero siempre que necesito de algún modo alejarme de España, tomar distancia, reflexionar profundamente sobre las cosas, recurro a ella porque me da los instrumentos que da vivir fuera del país.

    -Su rifirrafe con Rubalcaba, El País mediante, evidenció su dimensión como columnista.
    -El Partido Socialista cometió un gravísimo error no convocando un congreso después las elecciones municipales que perdió de manera estrepitosa. Y creo que volvió a cometer un error cuando no optó por la fórmula de una gestora a partir de la derrota en las elecciones generales. Ese error se vio multiplicado por una circunstancia: el candidato que se presenta a las generales es quien cosecha el peor resultado en la historia democrática del PSOE. Y ese candidato, en lugar de asumir responsabilidades políticos, dice que las responsabilidades de su derrota corresponden al anterior presidente del Gobierno. Éste dice que tampoco asume responsabilidades porque ha sido otro el candidato, con el resultado de lo que hoy tenemos. En mi toma de posición sobre la inconveniencia de que quien ha llevado al PSOE a la peor derrota de su historia democrática se presentara a la secretaría general, sólo hay que remitirse a las encuestas y al peso específico del PSOE hoy: es sencillamente irrelevante. Hay una carencia de liderazgo absoluta. Que el responsable, el secretario general, en ese momento lo tomara como un asunto personal, siempre me ha llevado a pensar que da la dimensión política de una persona, el hecho de que cuando se hacen críticas políticas se estimen que son críticas personales. Creo que revela mucho la talla política y personal de ese candidato.

    -¿Quiso usted ser el creador, intelectualmente hablando, de Zapatero?
    -Me sorprende mucho eso porque yo dejé el Partido Socialista inmediatamente después de que Zapatero fuera elegido secretario general. No sólo no me incorporé a ninguno de sus equipos sino que abandoné el PSOE, la militancia, en ese momento.

    -Pero hubo un trabajo previo.
    -Sí, pero como digo yo siempre no me he visto más que como un escritor. No decía en reuniones del partido cosas que no dijera en mis escritos. Yo escribía y si después la dirección del PSOE lo asumía, perfecto. Pero jamás he tenido voluntad de Pigmalión, y puedo decir claramente que nunca he tenido proximidad a la dirección del PSOE.

    -En la rentré literaria hay varios títulos que pretenden analizar el efecto real que las redes sociales pueden tener. Usted entrevistó al filósofo y sociólogo Edgar Morin, quien dijo “los indignados denuncian pero no pueden enunciar”. ¿Podrán las “revueltas digitales” modificar algún paradigma, social, económico, político en España?
    -Tengo muchas reservas hacia ese tipo de aproximación. Me sorprende mucho que cuando estallan revueltas árabes se diga “son las revueltas de Facebook y Twitter”. Para hacer un paralelismo, es como si en 1917 se hubiera dicho “la revolución rusa es la revolución del ciclostil o de las octavillas”. Son instrumentos poderosísimos, pero eso no nos exime de analizar las causas políticas, sociales y de toda naturaleza que hay detrás. Después podemos ver cómo eso llega a través de los instrumentos de agitación, pero no podemos convertir éstos en la causa, el motor de lo que sucede. Y me da la impresión de que estamos haciendo esto con demasiada frecuencia: que el instrumento poderosísimo que es internet se considera como una causa de todo lo que sucede. Un ejemplo muy llamativo: se dice que la globalización, de la que hoy ya nadie habla, es el resultado de las nuevas tecnologías y que la prueba está en que los capitales pueden dar la vuelta al mundo en cuestión de segundos, en tiempo real. Pero para que internet pudiera trasladar capitales por todo el mundo, hubo que tomar una decisión política previa, que fue que pudieran traspasar las fronteras. No olvidemos que pocos años antes de todo ese discurso existía el delito de evasión de divisas. Había un control administrativo muy riguroso sobre los movimientos de capitales. No es que internet hiciera saltar eso por los aires, es que primero estuvo la una decisión política de prescindir de esos controles, y sobre esa decisión llegó internet y, efectivamente, su enorme potencial permitió que los capitales viajaran a esa velocidad. Me parece un signo funesto, sino nefasto, el hecho de que se confundan las causas con los instrumentos.

    -¿La muerte de Christopher Stevens, embajador de EE UU en Libia, vuelve a evidenciar que “asesinato religioso” es un oxímoron?
    -Lo ha sido siempre. Lo que ocurre es que nos hemos habituado a referirnos a la realidad de esos países donde se producen revueltas en términos teológicos y nunca políticos. Cuando se hablaba del régimen de Franco, nacional-católico, la reacción inmediata era decir que se trataba de un régimen político aberrante. Nadie entraba en la cuestión de elemento católico de esa dictadura nacional-católica. Si se habla de otros países, por ejemplo Irán, se dice que es una dictadura del Islam chií, y la consecuencia no es que estamos ante un régimen dictatorial, sino que estamos ante una religión criticable. Creo que hay una desproporción. Para referirnos a esas realidades estamos recurriendo a lenguajes teológicos, poniendo en primer plano los conceptos y las categorías religiosas, algo que no nos aplicamos nosotros mismos. ¿Qué tiene que ver eso con la muerte del embajador? Que esos movimientos no son movimientos religiosos, sino políticos, que se valen de la religión. Es decir, cuando esos movimientos políticos dicen que los musulmanes están siendo sometidos, apartados, segregados de las sociedades occidentales, están diciendo algo que es verdad. Se les está mirando bajo sospecha. Pero ellos no son portavoces de nadie. Nadie les ha dado ese mandato. Y lo que están haciendo es, sencillamente, utilizar esa realidad para su programa político execrable. Quienes criticaban al comunismo marxista tenían las razones que tuvieran, pero esto partía de una realidad, que el obrero, el trabajador manual, estaba en una condición deplorable. Esa condición lo que hace es convertirse en programa político, y ese programa es el que desencadena muchos de los procesos, entre ellos la Revolución de 1917. Pero nadie achaca a los trabajadores lo que pasa. No: es un programa político que se vale de la realidad. Algo similar ocurre en estos movimientos que son revolucionarios, que ponen en cuestión los fundamentos de legitimidad de los países árabes que además son dictaduras. Cuando estos movimientos políticos se basan en la discriminación, como la que se produce en los territorios ocupados, en Palestina, están aludiendo a una realidad, pero eso no les convierte ni portavoces de esa realidad ni significa que los musulmanes hayan asaltado el consulado en Bengasi. Significa que el proyecto político construido en torno a esa realidad, que es además, como digo, execrable, es el que ha ejercido la violencia.

    -Y también significa algo terriblemente prosaico: que con una cámara de vídeo y una cuenta en YouTube se puede incendiar medio mundo.
    -Sí, pero hay que buscar un equilibrio. No podemos estar culpabilizándonos de que haya un loco que con una cámara haga un tráiler de una película que no existe. En este momento la crítica más severa que hay que hacer es a quienes instrumentalizan eso. A quien ha atacado el consulado en Bengasi: alguien que no sólo no se ha preocupado de ver que esto es un fenómeno marginal sino que lo ha instrumentalizado para ejercer la violencia. Hay varios análisis que insisten en la fragilidad de nuestro mundo por el hecho de que un loco con una cámara puede crear estos problemas, pero no olvidemos que puede hacerlo porque en el otro lado hay una disposición de esos programas políticos yihadistas a instrumentalizarlos.

    -¿Las elecciones norteamericanas las ganará Obama porque ha dejado de hacer política basada en valores y ha bajado al barro?
    -Es difícil hacer pronósticos. Las encuestas daban cuatro puntos de ventaja después de las convenciones, por tanto parecía que podía ganar, aunque ahora hay dudas con lo que está ocurriendo en los ataques a las embajadas en diversos países árabes. También está el error de Romney de criticar a Obama después de la muerte del embajador en Libia. Lo que sí creo es que había un error en el análisis cuando se decía que Obama había lanzado una política de valores al empezar su mandato: había recuperado la mejor tradición de la política norteamericana que era basarla en el interés nacional. Quien no estaba haciéndolo era Bush, que era quien buscaba imponer con la guerra valores como la democracia. Era Bush el que operaba con imperativos ideológicos. Lo que sucede es que parece que cuando hablamos de intereses se habla de cosas oscuras. Hay legítimos intereses nacionales, y Obama lo que hace es comprobar que, a diferencia de la ideologización, esos grandes valores que invocaba la administración Bush anterior, EE UU no estaba en condiciones de hacer una guerra en dos frentes, y descubre que la amenaza convencional sobre Irán no la va a disuadir de su programa nuclear. Descubre que el doble rasero en conflictos de oriente Próximo, y en particular entre palestinos e israelíes, no sólo es perjudicial para la región sino que también para sus propios intereses. Intenta por tanto reconducir la política exterior norteamericana a la doctrina del legítimo interés nacional. Lamentablemente es muy fácil sacar los soldaditos de plomo de la caja, pero una vez que están fuera, volver a meterlos cuesta mucho más, y a veces la tapa no encaja. Procesos desencadenados por la política ideológica de Bush son muy difíciles de reconducir porque ha generado reacciones y ha desencadenados procesos que ya no están sólo en manos de EE UU controlarlos.

    -Otra posible lectura prosaica: los republicanos ya no pueden ganar limitándose al voto de ricos y blancos.
    -Sería un gran avance que eso fuera así. Lo peor que puede pasar en las sociedades democráticas es que en lugar de avanzar en la pérdida de peso del voto de grupo, en vez de avanzar en que sea político y de programas abiertos, fuera lo contrario: un repliegue identitario de las distintas minorías. Lo que sí vemos es que en EE UU, lo mismo que en algunos países europeos, se ha sembrado la semilla del sectarismo, que provoca comportamientos sectarios también en la otra parte. Desde el momento en que alguien se reivindica como grupo dentro de un colectivo fuerza a los demás a definirse en los mismos términos. Me da la impresión de que Obama intentó salir de eso precisamente por su condición de afroamericano. Intentó hacer una política transversal a esos efectos, pero no da la impresión de que con la semilla plantada por el Tea Party y demás radicales esto vaya a prosperar de manera rápida.

    -La última pregunta, también sobre la actualidad: ¿es usted un intelectual comprometido?
    -Es la pregunta se siempre se teme. Por varias razones. Uno no está nunca seguro de qué es un intelectual. Nadie da carnet de ello. Lo que sí puedo decir es que antes circunstancias que tienen lugar en nuestro país o fuera de él, sí hay un deseo de tratar de aclarárselo uno mismo para hacer partícipe de ello a los lectores o a quien se quiera acercar al trabajo de uno, de los hallazgos que pueda tener. Si eso es compromiso o no, no lo sé. En cualquier caso, sí que digo que me cuesta mucho mantenerme indiferente frente a lo que pasa.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook