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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 26
    Septiembre
    2012

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    ENTREVISTA - Jesús Ruiz Mantilla (periodista cultural y escritor)

     

    Jesús Ruiz Mantilla (Santander, 1965) es un primera fila del periodismo cultural en España, una firma que ha alcanzado el ideal: estilo y fiabilidad, principalmente por medio de sus textos en El País, donde publica desde 1992 cubriendo casi todas las vertientes de la cultura (música, cine, libros, gastronomía, etc.). Su sorna protagonizó la mesa redonda “Detectives, sabuesos y asesinos: entre Sherlock Holmes y Philip Marlowe” en las Converses literàrias a Formentor 2012, y con ella entra a formar parte también de la primera fila de las anécdotas del ciclo.

     

    “EL PERIODISMO SE SALVARÁ CONTANDO HISTORIAS, COMO SIEMPRE,
    EN CUALQUIER SOPORTE QUE NOS TOQUE”

    -Una entrevista, ¿mejor cuestionario o conversación?
    -Mejor siempre una conversación. Una conversación con dudas en las que hay que ahondar hasta caer en la riqueza de las respuestas, que están basadas siempre en contradicciones y paradojas. No me gustan las entrevistas con conclusiones rápidas, contundentes y claras. No me entretienen.

    -¿Su periodismo es cultura o entretenimiento?
    -Espero que cultura para Vargas Llosa y entretenimiento para el resto. O una mezcla de las dos, según nos convenga. Cuando los personajes son de alta cultura lo afronto como entretenimiento, para bajarle la estofa, y cuando son de entretenimiento trato de darles un rango de alta cultura. En ese equilibrio está la clave.

    -Muchos coinciden con usted: para ser un buen periodista y buen entrevistador hay que leer poesía. Por el ritmo y por la capacidad de sorpresa que tiene el lenguaje.
    -También porque es contagioso para la escritura. Vivimos en un tiempo en el que estamos tan plagados de eufemismos, sobre todo en el ámbito político, que los periodistas debemos buscar la verdad del significado auténtico de las palabras. Es decir: a las bajas colaterales llamarlas asesinatos indiscriminados. Esa pureza del lenguaje sólo se encuentra en la exploración poética. Por eso hay que animar a los periodistas de información a leer poesía para indagar en la verdad y en la autenticidad del lenguaje que luego nos sirva para denunciar cómo se enmascaran las mentiras con eufemismos, con medias verdades y con vergonzosas afirmaciones que lo que hacen es sonrojarnos.

    -Varios prebostes del periodismo han pasado por España sentenciando “solo el periodismo salvará a los periódicos”. Pero ninguno da ninguna directriz concreta. ¿Tiene usted alguna?
    -Sí, contando historias, como siempre hemos hecho y siempre haremos, en cualquier soporte que nos toque trabajar. Ir a lo esencial, no lo a lo posmoderno ni a la parafernalia. Nuestro trabajo es preguntar y contar. Ya está. Y eso lo puedes hacer en cualquier soporte. Está chupado.

    -Sobre los contenidos: ¿le molesta la cultura de masas tanto como parece que le molesta a Vargas Llosa?
    -No creo que ataque la cultura de masas sino a la civilización del espectáculo, esa cosa más compleja. A mí no me molesta. No soy nada elitista en ese sentido. Vivimos una época de eclecticismo, de falta de complejos a la hora de afrontar los hechos creativos. Y tenemos que abrir el prisma de la vieja concepción de la cultura a lo que la modernidad nos indique. Vivimos uno de los grandísimos momentos culturales de la humanidad. El más grande, el más desarrollado, el más rico, el más estimulante, viéndolo todo con el prisma correcto. Decir que es una civilización del espectáculo es no entender el mundo en el que vivimos. Aunque creo que Vargas Llosa tiene razón en muchas cosas, en otras chochea, está fuera de la realidad. Él es una persona con una mente muy abierta, permeable y transparente. Hay afirmaciones en el libro que, aunque insisto que me parece en la órbita de su pensamiento liberal -en mejor sentido de la palabra, no en lo económico sino en la defensa de las libertades civiles tan abierta y moderna que tiene-, hay cosas como digo en las que sí me gustaría hablar con él para decirle que no ha estado demasiado atentos a ciertas cosas. Su opinión es muy respetable, pero veo la debilidad del prejuicio en muchas cosas.

    -Una de las ideas más interesantes que apunta, aunque no la desarrolla, es que vivimos en una época en la que un buen grueso de los creadores actuales son menos cultos que nunca.
    -No lo sé. No lo creo. ¿Cuál era la cultura que tenían los creadores antes?

    -Su teoría es que “antes” había muchos menos creadores y muchísimo más cultos.
    -No creo que sea verdad. Un creador hoy tiene muchísimos estímulos, información y fuentes donde acudir para tener una vasta cultura, mucho más desarrollada y amplia, con mucha más riqueza que en el siglo XVIII o XIX, por la simple razón de que hay más medios. Y en la base del creador siempre está la curiosidad, que impulsa a conocer. En España hay hoy muchos creadores de nivel interesante, por ejemplo las nuevas generaciones de poesía. Es una de las más brillantes que ha existido jamás en España. Por ese eclecticismo, por ese poder abordarlo todo sin complejos. O los músicos: la generación de músicos más brillantes se da hoy en España.

    -Pero el caudal cultural de la persona no es causa-efecto, no lleva irremediablemente a la creación: muchos estudiantes de cine han visto más películas y tienen más cultura visual que la que tuvo Hitchcock en toda su vida, y sin embargo no están haciendo obras maestras.
    -Sí, pero hay una diferencia importante, que eso sí es un problema: hay tanto estímulo artístico que hay muy poco estímulo de la experiencia. Se sustituyen los referentes estéticos y artísticos por la experiencia vital. La generación de Amenábar estaba empapada de cine, pero no se podía comparar con lo que había vivido Almodóvar a la misma edad. Éste no tenía tantos referentes cinematográficos pero tenía una vida tan rica que su cine era particular por eso, por su experiencia vital creativa. Los jóvenes creadores de hoy deberían vivir. E intuyo que Hitchcock, como Buñuel, tuvieron un mundo interior y una experiencia extraordinarias. Sino, es imposible sugerir lo que sugerían. Eran artistas de la vida.

    -¿Hay que revisar el concepto de cultura popular en España? Y le pongo un ejemplo: la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres y la extraordinaria música que allí se escuchó. Los ingleses no son más listos que nosotros: ¿por qué tienen esa cultura popular?
    -Es que los grandes creadores del concepto de cultura universal ahora son los ingleses con el pop. Hubo un gran concepto de cultura dominante alemán creado por Wagner y Nietzsche, de grandísimo calado y elitismo, que murió y fue arrasado en Auswitch. No nos servía. Era una trampa. Fue sustituido por el francés, con la filosofía como garante, también muy literaria y artística. Todo eso quedó arrasado cuando los Beatles publican Sgt. Peppers, cuando instituyen un concepto de cultura popular que entronca con un tiempo. Entonces, lo que venía a demostrar la ceremonia de los Juegos Olímpicos es que ese concepto de cultura popular ya es caduco, porque ya se ha solemnizado.

    -¿La ceremonia le pareció caduca?
    -Lo vi interesante y espectacular pero ahí es cuando dices, “bueno, ya ha pasado a las grandes esferas y ese concepto de cultura popular empezará su gran decadencia”. Y de ahí no sabemos si iremos a mejor o peor. Fue una hábil utilización de cultura global, pero a partir de ahí puede entrar en una curiosa decadencia. En España llegaremos a ese concepto de cultura cuando ellos ya entren en otra época. Es decir, treinta años después. Pero tenemos otros conceptos de cultura interesantes.

    -Un compañero periodista cultural lo explica así: en Inglaterra, los albañiles en la obra escuchan Oasis. Aquí, Bisbal.
    -O Estopa. ¿Pero son buenos Oasis? Son muy caducos. No son nada. Son unos malos imitadores de John Lennon. No de los Beatles, de Lennon. Después de esos cuatro años geniales con los Beatles encerrados en un estudio creando las bases de la música popular, todo lo demás son repeticiones. No hay nada nuevo. Y Oasis son un ejemplo de decadencia. No han inventado nada. Es más original Estopa, lo que escuchan los albañiles en España, que Oasis.

    -Pocos recuerdan que donde primero sonaron Estopa fue en Radio 3 porque les pareció un sonido nuevo y fresco.
    -Sí. Bisbal es otra cosa, es decadencia, una fórmula. Es un cliché, un corsé. Estopa es un divertimento, pero Oasis es muy mal ejemplo.

    -Tampoco es creíble decir que los albañiles ingleses escuchan a los Beatles en la obra.
    -No lo sé. Pero tal vez sí Placebo o Radiohead.

    -¿Suscribe la sentencia de Juan Luis Cebrián en su entrevista con la revista online JotDown: “El periódico que no respeta la cultura vive fuera de su época”?
    -Absolutamente. La cultura impregna la vida, y la vida impregna la cultura. Eso no se puede ignorar.

    -¿Exiges para la cultura el mismo tratamiento que para cualquier sección, Nacional, Internacional, Economía, Deportes?
    -Totalmente. Jerarquización periodística de la información cultural. Tan digna como otros sectores porque la cultura es la vida.

    -Raymond Chandler, en boca de Philip Marlowe, en El largo adiós: “Después del vomitado de perro que es la página de Sociedad hasta la lucha libre resulta reconfortante”. ¿De acuerdo?
    -Resulta incluso noble. Es así. Evidentemente no entendiendo la sociedad como ciencia, religión, medicina, sino como ecos de sociedad, cotilleo, que supongo que es como habría que traducir a Chandler.

    -Intuyo que le gusta bastante la etiqueta que adjudican a su última novela, Ahogada en llamas -los avatares de una familia en el Santander de los siglos XIX y XX; la novela tiene una oferta para ser llevada a la pequeña pantalla como miniserie-: Galdós adaptado al siglo XXI.
    -¡Claro, qué menos! El experimento era ese: una novela realista, galdosiana, quizá con ecos de La regenta o de Los Buddenbrock de Thomas Mann, un libro éste que me influyó muchísimo. Todo para el siglo XXI. Cimientos decimonónicos para una obra de nuestro tiempo.

    -Tanta gente buscando nuevas formas de narrar y a usted le da por el clasicismo.
    -Hay que descubrir los clásicos para ser moderno.

    -¿Para ser moderno?
    -Sí, hay que mirar hacia atrás y empaparse de la buena tradición, de la que te gusta, te convence, y de la que ha pasado por el filtro de los siglos produciendo las mismas emociones y palpitaciones de modernidad. Adaptar ese gran conflicto que ellos planteaban en todas esas novelas a nuestra época.

    -Anteriormente ha escrito sobre el placer y el hedonismo. ¿Es más legítimo el placer de 100 personas ante Michael Nyman que el de 4.000 ante Estopa?
    -Es equiparable. Es un placer que a lo mejor es diferente, uno más introvertido, más interior, y el otro más extrovertido, pero son absolutamente legítimos los dos, y valorables y defendibles.

    -¿Los medios deben educar?
    -Eso es algo un poco antiguo. Es considerar al lector menos de lo que realmente es. Me gusta escribir pensando que mis lectores son mucho más inteligentes que yo. Y eso me hace mejor. Si escribiera desde el convencimiento contrario me relajaría, haría bajo periodismo. El estímulo está en pensar siempre que tus lectores son mucho más inteligentes, cultos y preparados que tú, y que tienes que estar a su altura. El grado de estimulación, de búsqueda y de deseo de aprendizaje y mejoría que te produce es lo que te ayuda a superarte. No está en mi ansia educar a nadie, sino quizá descubrir cosas que pueden ayudar, estimular a la gente, pero no educar.

    -Sobre la actualidad de nuestro país: ¿los treintañeros como yo y sobre todo los veinteañeros seremos generaciones de perdedores?
    -La derrota es tan tremenda que al final habrá que sobreponerse, y habrá un triunfo ante estas circunstancias. Hay que confiar en los estímulos, en el deseo profundo de cambio, de transformación, que puede llevarnos a un resurgimiento, al cambio profundo que es un triunfo. Como las cosas no pueden ir peor, tienen que ir necesariamente mejor. Y está en la mano de esa generación que viene detrás: tomar el mando y dar un golpe de timón. Es la ley de la naturaleza. Hay que matar al padre.

    -¿Los jóvenes tienen ante sí una “generación tapón”?
    -Da igual: la matamos. Hay que matar al padre, transformarse. Pero ya. Lo que nos quieren legar es una mierda.

    -Sobre el futuro de los medios: de su casa, El País, llama muchísimo la atención que se cuelguen en la web muchos de los contenidos íntegros del papel, a menudo incluso el día antes. ¿Hay en la redacción el sentimiento de que se tiene al enemigo en casa?
    -Es el mal del periodismo moderno, no sólo en nuestro caso. Estamos en un momento de transición en el que no sabemos qué es lo que merece la pena contar, qué pasar al papel, pero que creo que ya estamos superando. Estamos ordenando todo eso bien.

    -Y que el futuro es el pago.
    -El Wall Street Journal y sobre todo el New York Times parece que empieza a notar rentabilidad en eso, pero hay que ser consciente de que para tener prensa de calidad y tener una sociedad con verdadera libertad de información y de calidad tendríamos que hacer un esfuerzo. Que no es gratis, que es un periodismo que exige muchos recursos económicos y que todo eso hay que cubrirlo de alguna manera. Si no encontramos fórmulas que eviten el pago al final habrá que intentar pedir una ayuda para que siga existiendo. Pero en eso está la concienciación de los usuarios de internet de que no es una selva, sino que o les cuesta un poquito, casi nada, o no tendrán nada porque no se podrá hacer buen periodismo por lo caro que es. Y entonces estarán indefensos ante desmanes, abusos e injusticia, que es lo que el periodismo vigila.

    -Algo sobre lo que tal vez no se ha reflexionado mucho: sale uno a la calle y es sorprendente la cantidad de gente que vive sin consumir información, que no ve telediarios y mucho menos lee periódicos.
    -La gente se informa de diferentes maneras, y más hoy. Siempre hay flujo de información. La gente se entera siempre de cosas.

     

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