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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 19
    Diciembre
    2011

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    ENTREVISTA - Gabi Beltrán: “Viví mucho muy joven, y ahora prefiero pensar que fue divertido”

     

    Gabi Beltrán (Palma, 1966) ha querido escribir sobre su vida en el barrio chino de la Palma de los años ochenta. En Historias del barrio (Astiberri Ediciones) hay delincuencia juvenil, pandillas, gueto, territorio y las drogas que marcaron y cerraron el camino de casi todos sus amigos. Es un relato crudo y doloroso, pero con sitio para ternura, comprensión y sinceridad. Lo ha creado al alimón con los dibujos del también mallorquín y Premio Nacional de Cómic en 2009 Tomeu Seguí.

     

    Consiguió salir de todo aquello, y lo hizo de manera luminosa: además de escritor, es un reputado ilustrador. Sus dibujos han acompañado los artículos de Javier Cercas y de Trias de Bes en El País Semanal. Ha colaborado habitualmente con Público, y su talento se ha desparramado por varios frentes: fichó por la agencia Veer (creada por John Newton, director de arte de la edición norteamericana de Rolling Stone), ha publicado en biblias globales del medio gráfico como Communication Arts y ha diseñado portadas para bandas de Los Ángeles.

     

    -Has escrito una historia dura...

    -¡No! Todo el mundo lo dice, pero me he cortado mucho. He contado sólo el principio de los ochenta, cuando empezó a entrar la heroína en el barrio. La etapa más dura es la que vino después. Cuando me lo dicen, me pregunto “¿Qué clase de vida habéis vivido?”.

     

    -...has contado una historia cruda, y tal vez sea una ingenuidad, pero para muchos el barrio chino encarna una cierta libertad, sobre todo con la creciente cultura de la restricción de hoy día.

    -Sí, porque es como ir al zoo. Es como cuando, en Nueva York, llevaban a los turistas al Bronx en autobuses enrejados. Aunque las cosas no han cambiado tanto. Sólo han evolucionado desde aquellos dos o tres años, tras Tejero, la llegada del PSOE al Gobierno, la entelequia de la Movida madrileña, el campi qui pugui en Cataluña, etc., en los que se pensaba que vivíamos en una libertad total. La sensación nació al mezclar la salida del franquismo con seguir siendo el tercer mundo y, al mismo tiempo, pretender ser europeo. Pero los barrios periféricos demostraban que era sólo un intento de teñirlo todo de modernidad.

     

    -Después de contar una historia tan en primera persona, lo normal es no quedarse indiferente, sino en un extremo: ¿agotado, aliviado, o satisfecho sin más?

    -Te quedas mal. Recordar todo aquello sólo me produce una enorme tristeza. No quería meterme otra vez en ese mundo. Llevaba tiempo escribiendo de forma gratuita, o colgándolo en mi blog. Tomeu Seguí y otros artistas me animaron a publicarlo.

     

    -¿Costó encontrar con Tomeu el estilo de dibujo apropiado para tu historia?

    -En absoluto. Tomeu es un dibujante puro. Clásico. Yo soy ilustrador y dibujante, pero él tiene algo muy difícil de encontrar: la capacidad de contar con imágenes. Podría ser un gran director de cine. Da igual el guión que le den: él puede cogerlo y hacer su parte, como cualquier gran director de cine.

     

    -En el dibujo no hay truculencia: la tensión y la violencia implícita la pone el texto. ¿Salió eso de ti o de Tomeu?

    -Eso es algo genial que él puso, y que previamente hablamos mucho entre los dos. Por eso siempre digo que no es mi libro, sino nuestro libro. Tomeu, con su planificación y sus viñetas, ha sabido mejorar mi guión sin perder la esencia de la historia. Siempre es mejor que sean dos en vez de cuatro. Como narrador me gusta sintetizar, y él era capaz de hacerlo en el dibujo más aún de lo que ya había hecho yo en el texto.

     

    -¿Por qué los dibujantes locales tratan tan poco lo local y suelen dedicarse a asuntos más “elevados”?

    -El problema del arte, sobre todo en cómic, es que es muy precario. Aquí hay talentos enormes. Me gusta insistir en ello porque la gente no lo sabe. He ido a salones de cómic en muchos países y el colectivo mallorquín tiene muchísimo prestigio. Se preguntan cómo es posible que en un sitio tan pequeño se dé un porcentaje de talento tan elevado. No tiene explicación racional. Pero al final están las dos opciones de siempre: ser totalmente individualista o hacer ciertas concesiones. Por ejemplo, Guillem March, un dibujante extraordinario que al principio hacía un trabajo algo más personal, y ahí lo tienes ahora: trabajando para DC Comics, que en cine sería como trabajar par Spielberg. Ahora bien, es un trabajo comercial. Si quieres ser artista, tienes el problema de que nunca tendrás libertad total. Por otra parte, todo el mundo tiene derecho a vivir dignamente.

     

    -La adrenalina crea adicción. Y como intuyo que no sigues robando coches, ¿qué te estimula a día de hoy?

    -Es un problema que he hablado con la gente más íntima. Siento una cierta nostalgia de aquella época, que arrastré durante muchos años, porque cuando intentas hacer después una vida normal, te faltan cosas. Las cosas eran muy complicadas y muy radicales en 1980, 81, 82. En lo malo es obvio, pero en lo bueno no es tan obvio. Ésto es algo que no he encontrado en el resto de mi vida, lo cual he reflejado en la dedicatoria del libro: “A los chicos del barrio, a los que la vida esquivó”. Esa lealtad absoluta, esa idea de la amistad por encima de absolutamente todo, esa forma de amar sin amar, porque en esa época nunca amabas porque era de débiles, pero se demostraba día a día. Esa idea de “me voy a partir la cara por ti con quien sea aunque no tengas razón”. Va mucho más allá de la familia. Es un cobijo. Todo eso lo destrozó la heroína. No quedaron amigos, ni familia, ni lealtad.

     

    -Hay quien hace una vinculación directa entre los primeros porros y una posterior adicción a la heroína. ¿Te parece correcta, realista?

    -No soy sociólogo, pero sé que la heroína es una droga que te aísla. Los porros, el alcohol, etc., son drogas sociales, que se pueden compartir. ¿Qué los unos te lleven a la otra? No lo creo. El alcohol no tiene por qué llevarte a la delincuencia. Puedes ser concejal de Urbanismo, consumir cocaína todos los días como Rodrigo de Santos, que nadie se dé cuenta y seguir trabajando. El problema no es de drogas, sino de miseria: de tener dinero o de no tenerlo. Burroughs se metió heroína toda su vida, lo contó y ha pasado a la historia de la literatura. Pero pudo hacerlo porque tenía dinero.

     

    -En 2009 el CCCB de Barcelona programó la exposición Quinquis de los 80. ¿Te preocupa la banalización de una época tan áspera como fue aquella?

    -Vivimos en una sociedad en la que todo es consumible, y la miseria y el dolor no escapan a ello. Banalizar, el consumismo, han existido siempre. No me preocupa. Es más, es una especie de reafirmación mía, personal.

     

    -Entrevistando a Los Chunguitos, éstos decían que sigue habiendo mucho perro callejero, pero que ahora lo son debido a las hipotecas que no pueden pagar y a los pisos que les embargan. ¿Han cambiado los condicionamientos sociales pero los resultados son los mismos?

    -Exacto. Somos gente de clase baja que hemos vivido el “¿Qué vamos a cenar esta noche?”. Mi madre tenía una frase: “Gabi, come pan con la ensalada porque no sabemos si vamos a cenar”. La precariedad no ha desaparecido, sólo se ha transformado.

     

    -Ya has anunciado que va a haber continuación de Historias del barrio. ¿Cómo será el tono general, igual de duro y descreído?

    -El mismo, buscando la parte humana. Una mirada atrás comprensiva, intentando explicar por qué la gente hace las cosas que hace, y señalando que no somos nadie para juzgar a los demás a la ligera. Scott Fitzgerald lo escribió al principio de El gran Gatsby, cuando el padre dice “Si te sientes tentado de juzgar a los demás, piensa que no todo el mundo ha tenido tus mismas oportunidades”.

     

    -El primer recorte que afecta al cómic ya se conoce: el Premio Ciutat de Palma es el único que pasa a ser bianual. Aunque por otra parte, Miguel Gallardo aseguraba en una entrevista a este diario que el sector siempre ha estado en crisis y que por tanto será de los que menos se resienta. ¿Estás de acuerdo?

    -Primero, estoy seguro de que el Nacional de Cómic desaparecerá el año que viene. Y luego, ahora que hasta Rajoy ha reconocido que no se va a crear empleo, en este país se sigue pensando que la cultura no genera ingresos. ¡Y no es cierto! Es verdad que el cómic siempre ha estado en crisis pero, ¿cuándo la poesía ha vendido millones de libros? Algunos autores de cómic no entienden que nosotros deberíamos ser como los poetas: crear arte, vendas o no.

     

    -El antiguo barrio chino es actualmente una zona sin personalidad por los motivos habituales: pisos carísimos, residentes esporádicos que no dan vida a la zona, etc. ¿Qué se debería haber hecho con él?

    -No es tanto con el barrio como con la gente. Hay una parte estética y otra social. La primera ha mejorado, obviamente. El problema es la segunda. Con los barrios no hay sólo que limpiar la fachada, sino hacer que sus habitantes tengan la oportunidad de hacer algo con su vida.

     

    -¿Sigue vigente lo que dijiste en 2008: “Odio a la gente pero me gustan las personas”?

    -Para mí, sí. Me gustan las personas una a una, pero la humanidad de asco. Ya lo decía Charles d’Orléans, en la cita con la que Houellebecq abre su último libro: “El mundo está harto de mí y yo estoy harto del mundo”.

     

    -Acabas el cómic con un “Tan sólo éramos unos niños. Maldita sea”. Tal vez es un exceso de positivismo, pero seguro que vivir tan rápido tan joven tiene alguna ventaja.

    -La primera vez en mi vida en la que vi algo positivo fue cuando Max (Premio Nacional de Cómic 2007) me dijo: “Yo tuve una infancia y una adolescencia muy aburridas. A mí no me pasó nada. Y las tuyas fueron muy divertidas; míralo así”. Y me convenció. Viví cosas que muchos no vivieron ni en treinta años, y ahora prefiero pensar que fue divertido.

     

     

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