Blog 
Sopas mallorquinas
RSS - Blog de Víctor Conejo Manso

El autor

Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


Archivo

  • 16
    Marzo
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    ENTREVISTA - Enric Montefusco, cantante y líder de Standstill

    Hay a quien escuchar a Standstill le pone de mal humor. Figuradamente, quiero decir. Pone de mal humor que una banda con una carrera tan excepcional, con unas ambiciones artísticas tan polivalentes y tanto talento contrastado para llevarlas a cabo no vaya por el mundo como césares triunfantes entrando en Roma o emperadores en capitales europeas. No es que les falte reconocimiento (la revista musical Mondo Sonoro consideró su álbum Vivalaguerra como el mejor disco español de la década), pero el aparato mediático generalista de este país ensalza a tantas medianías que va a ser que es cierto que ha llegado la hora de salir a la calle a montar barricadas. Y qué motivo más legítimo que hacerlo por la música, por el arte.

    Enric Montefusco responde a esta entrevista como cantante y motor vital de Standstill. El grupo actúa hoy viernes en la sala Es Gremi (antigua Assaig), en un concierto inexcusable organizado por la promotora Casino Royale.

     

    “SI NO LLEGO A PUBLICAR 'VIVALAGUERRA' O 'ADELANTE BONAPARTE' TAL VEZ ESTARÍA ENFERMO”

    -Standstill es como una gran casa, con numerosas y cambiantes colaboraciones. ¿Eres el Bonaparte, el general que pone orden?

    -Supongo que soy el motor de la historia, el que coordina toda la energía y el talento. Con tantos proyectos y tanta gente diferente alguien tiene que estar en el centro poniendo orden.

    -Algo que engancha enseguida de vuestra música es la enorme sensibilidad que desprende. Esas músicas tan emocionantes, ¿salen mejor a las 10 de la mañana o a la 1 de la madrugada?

    -Es difícil decirlo. A nivel creativo, es algo que tiene que salir y la hora da igual, sino conseguir conectar con ese material real y sensible. El proceso creativo es muy caótico. Hay dos fases: el vómito, que puede suceder en cualquier momento, en la calle, comiendo con tu familia… Y necesitas sacarlo. Después, en el grupo necesitamos otra fase en la que poner orden y forma. Entonces sí hay una organización y un horario. Si no fuera así, solo vomitarías todo el tiempo.

    -Tus letras son muy ambiciosas. Se nota que quieres contar y comunicarte. ¿No te atrae la narración de 400 páginas?

    -Me da mucho respeto. Tengo experiencia juntando palabras con sonidos y con puestas en escena para intentar comunicar algo, pero para escribir un libro hay que haberse pasado la vida leyendo.

    -¿Has reflexionado sobre cómo es esa comunicación, sobre si el destinatario final entiende lo que quieres decir en tus letras?

    -Eso es una de las cosas que hay que tener claro. Con el tiempo he ido cambiando. Antes me preocupaba que yo las entendiera para que después el público hiciera lo que quisiera con ellas. Pero las letras de Vivalaguerra son diferentes a las de Adelante Bonaparte porque con éstas he buscado la comunicación por encima de todo, dejando de lado la ambigüedad.

    -¿Con qué has sustituido la urgencia con la que se escriben canciones a los 20 años?

    -Antes decías que mis letras son ambiciosas, y creo que siguen respondiendo a mi urgencia, porque hoy, para mí, es la misma. En eso no ha cambiado nada porque siempre he tenido la urgencia de transmitir lo que me pasa en ese momento. Si no llego a publicar Vivalaguerra o Adelante Bonaparte tal vez estaría enfermo.

    -¿Cómo es la relación con el material más antiguo? ¿Cómo una madre a la que hay que visitar de vez en cuando casi por obligación? ¿O como a un viejo amigo con quien quedas con gusto?

    -(ríe) Cuando se hacen discos de esta manera, vaciándose, buscando la forma más estimulante que responda a lo que eres en cada momento y lugar, al soltar los hijos, eres tú en ese momento. En el material antiguo me reconozco aunque ya no sea ese. Y siempre hay nostalgia.

    -Es imposible que al autor de The Ionic Spell y al de Adelante Bonaparte le inspiren las mismas cosas. Las musas no pueden tener el mismo nombre.

    -A estas alturas tengo claro que una cosa es lo que necesito decir y otra cómo lo quiero decir. Antes el registro era otro, y ahora es mucho más amplio.

    -Llevas muchos años de carrera y muchos de esos “hijos”. ¿Sientes que te quedan muchas canciones por escribir?

    -Estoy convencido. Uno tiende a pensar en presente, pero no que ya lo haya dicho todo. Cuando publicamos Adelante Bonaparte quedamos muy satisfechos, pero ya ha pasado un año y medio, y siempre hay cosas nuevas que contar. Uno nunca se detiene, aunque otra cosa es que a la gente le interese.

    -Eres artista: creas a partir de lo que ves a tu alrededor. ¿Eres optimista o pesimista?

    -(ríe) A mí me da igual. No creo que estemos mejor o peor que hace 2, 20 o 200 años. El alma humana padece siempre de lo mismo.

    -A los artistas catalanes me gusta preguntarles qué es Madrid para ellos.

    -Una ciudad a la que he ido millones de veces a trabajar, a actuar.

    -Lo digo sobre todo por si detectas eso que llaman “la energía de Madrid”.

    -Tendría que vivir allí más tiempo, Siempre he ido el tiempo justo de tocar. Aunque toda ciudad grande tiene siempre una gran energía.

    -¿Qué se sabe después de dar 1.000 conciertos que no se sepa después de escuchar 1.000 discos, ver 1.000 películas o leer 1.000 libros?

    -De alguna manera, concierto a concierto, he ido encontrando quién era, qué papel jugar, qué persona actuaba frente al público. Lo que entiendes es ese papel. Y con el que me he encontrado más cómodo es el de tratar a la gente como cómplices. Supongo que con otro tipo de actividad en el que no hay tanto contacto no lo relacionas todo tanto con la gente.

    -Dice Tom Waits que la diferencia entre el sonido del vinilo y el del CD es que en el primero da la sensación de que hay alguien dentro pidiendo ayuda y que dan ganas de asomarse. ¿Es por eso que editáis en vinilo?

    -(ríe) Es una manera muy romántica de explicarlo, con la que empatizo. Como muchos de los de mi generación, asocio ese sonido con cosas y épocas buenas.

    -Has dirigido un documental sobre tu grupo (Standstill: diez años y una zanahoria). Es el antiperiodismo: el protagonista hablando de sí mismo.

    -El documental era muy pretendidamente lo contrario a un trabajo objetivo. Era mi visión de lo que ha sido el grupo. Después de Vivalaguerra nos conocía muchísima gente. Fue un salto muy importante, y había la necesidad  de explicar qué es Standstill y por qué hacemos lo que hacemos.

    -Os involucráis en proyectos que exigen mucha energía y mucho capital humano. ¿No os apetecen proyectos más “pequeños”?

    -Es verdad que tendemos a ello. Esto es como un juego, y nos gustan las cosas ricas y complejas. Por eso siempre acabamos haciendo un disco triple, un documental, un proyecto escénico. Al final da igual a través de qué lo quieras explicar porque un documental es como una canción. Tienen el mismo valor artístico y como documento.

    -Resulta llamativo que vuestros primeros proyectos escénicos los dirigiese Rodrigo García, reputado director y autor teatral con una gran querencia por lo monstruoso y lo abyecto de la persona.

    -Fue él quien nos llamó para colaborar después de que sacásemos el primer disco (The Ionic Spell, 2001). No conocíamos el teatro, y entramos de su mano. Es un provocador muy fuerte, quiere llamar la atención.

    -Y curiosamente, tras varios trabajos juntos pasas a ser tú el director de los montajes. ¿Su forma de entender el teatro ya no se ajustaba a Standstill?

    -Rodrigo nos ha enseñado mucho. Ha sido el maestro. Pero después creces y quieres usar esas herramientas bajo tus criterios.

    -Ante autores tan duros, tan exigentes, tan de rebuscar y exponer las miserias uno se plantea si debe haber coherencia entre el hombre y su obra, entre ética y estética.

    -No conozco un solo autor que no sea contradictorio en alguna forma. Cuando uno pone el acento en algo es porque esa polaridad está presente en su vida. Nunca se puede valorar la obra en función de la vida del autor.

    -Una pregunta muy mallorquina: ¿fuiste a ver Desaparecer, de Calixto Bieito, con Juan Echanove y la mallorquina Maika Makovski [estrenada en el Teatre Romea de Barcelona, recibió excelentes y unánimes críticas, tanto la obra como el debut actoral de la cantante y la banda sonora escrita por ella]?

    -No, se me escapó. Y tengo que decir, ya que sale en la conversación, que me gusta más la provocación de Rodrigo que la de Bieito. Me parece menos medida, más visceral y real. A veces con Calixto parece que utiliza determinados elementos con una finalidad demasiado estudiada.

    -¿Con qué formato venís a Palma?

    -Con el de banda de rock y básicamente con las canciones de Bonaparte y los discos en castellano.

     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook