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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 09
    Julio
    2012

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    CRÍTICA - Serrat & Sabina: Dos pájaros contraatacan

     

    A SU RITMO

    Serrat & Sabina con la Orquesta del Titanic: Dos pájaros contraatacan. Sábado, 7 de julio, Palma Arena. Aforo: más de 5.000 personas según la organización.

    Ahora que hay tantos sesentones girando por el mundo con cancionero mítico y facultades lógicamente al mínimo, ya tardaban dos luminarias españolas en sumarse al ¿oportunismo?, ¿inercia?, ¿excepcionalidad? La gira debida al lanzamiento del muy convencional álbum conjunto La orquesta del Titanic bien podría ser un intento de neutralizar aquellas sentencias que, a colación de la anterior colaboración entre los dos artistas, Dos pájaros de un tiro, lanzaron periodistas serios, como el también luminaria Diego Manrique: “Lo más penoso que hayan hecho nunca artistas importantes. Un horror, una payasada y un insulto a sus repertorios” [entrevista chat con Diego A. Manrique en El País, 28/2/2012]. Nunca se sabrá (o publicará) si esto es así, porque como señaló otro, a estos dos “no se les puede tocar, ni con el pétalo de una rosa”.

    El repertorio, dicho está, es apabullante. Otra cosa es su actualidad y eficacia. Sabido es entre los no dogmáticos que no toda la música envejece igual. Ello lleva a plantearse cuál de los dos ya mitos sale más beneficiado de haberse juntado. Sabina no ha dejado de componer temazos, y ha hecho esfuerzos evidentes por acercarse a público más joven: actualizando su sonido, aflamencando sus canciones y modernizando su rock, por ejemplo, al grabar con buenos rockeros como Pereza. Serrat, no tanto. Aparte de los discos mismos, que no incluyen canciones rotundas desde hace demasiado tiempo, lo clasicón y a menudo apolillado de los arreglos de Ricard Miralles ejerce desde hace décadas de firme barrera para oídos recientes. Sabina tiene muchos seguidores transgeneracionales. Serrat algunos, pero también bastante rancio autocomplaciente.

    Las consideraciones previas no son prejuicios si llegan desde la exigencia y no de la mera voluntad de pontificar. Llegados aquí, lo primero: el concierto no tuvo ritmo. De tan distendido no fue hacia ninguna parte. Ejemplo: los diez largos minutos que Serrat se llegó a tomar para presentar una canción. Crónicas obvias y buenistas dirán que encandilaron a sus fans, y vaya fracaso sería si ni con sus seguidores lo consiguieran. Había un guión (de texto, escenográfico, de vídeos, de cambios de vestuario), pero demasiado laxo. No hubo tensión ni dinamismo, y los chistes prefijados siempre sonaron más frescos en boca de Sabina, más habituado al humor.

    Y lo segundo: musicalmente tampoco se salió de la dispersión. El músculo, el fervor y el decibelio vinieron siempre con las canciones de Sabina, pero cuando tocaba toda la banda (10 integrantes), lejos de ganar cuerpo, el sonido se empastaba, y cuando eran menos quienes tocaban, se diluía, no conseguía vestir los temas con personalidad. Ítem más, cuando cantaban juntos, la voz aguda y nasal de Sabina siempre tapaba a la de Serrat, que nunca ha sido un chorro. La falta de intensidad del espectáculo puede deberse a falta de rodaje, pero también puede ser el ritmo que sus dos protagonistas han preferido. 

     

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