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Blog Sopas mallorquinas - Víctor Conejo Manso

Víctor Conejo Manso

Víctor M. Conejo (Palma, 1975). Estudios de Historia del Arte en la UIB y Comunicación Audiovisual en la Escuela de Arte y Diseño Vía Roma. Antes en TVE Baleares, Cadena SER Mallorca, Radioaktivitat, Mondo Sonoro Baleares, Youthing o IB3.

Sobre este blog de Cultura

"Cuando todo el mundo puede hablar y dar su opinión, la función del profesional es ofrecer su juicio de valor, dar una visión de la realidad desde un criterio personal y serio". O tratar seriamente la cultura popular y escribir para el gran público sobre la alta cultura.


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  • 15
    Enero
    2012

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    CRÍTICA - Amaral en el Auditòrium de Palma

    Amaral. Viernes, 13 de enero. Auditòrium de Palma. Aforo: 1.600 personas. Prácticamente lleno.

     

    Convencional, aunque con ganas

    En el caso de Amaral, el directo actúa como filtro revelador de una buena banda convencional en forma y fondo, sin que “bueno” y “convencional” sean necesariamente términos contradictorios. Forma: si el sonido de los discos ya es poperamente ortodoxo –o antiguo, si nos ponemos rígidos-, en directo no hay posibilidad de adornarlo. O tal vez no quieran hacerlo, que también es una opción dado el tipo de repertorio que tienen. El concierto tuvo un par de momentos brillantes en lo musical y lo escenográfico, pero predominó la excesiva suavidad pop y la falta de voltaje rock que diversificase la velada. Fondo: a quien no le importe todo lo anterior, tampoco le pesará el “canon Amaral”: el clasicismo en sentido conservador, el escaso riesgo, que es lo que provoca que desentone poner All tomorrow’s parties de la Velvet al inicio y Moonriver de Henry Mancini y Johnny Mercer al final del concierto. Una ambición que sí tenían, por ejemplo, Sexy Sadie, la banda de García Soriano y Toledo, segundo guitarra y batería en Amaral. Y la ambición y la personalidad pagan peaje en este país, pero ese es otro artículo.

    Por otro lado, Eva Amaral tiene muy buen feeling con sus canciones y con el escenario, lo cual, en música, no es tan habitual como parece (son muchos los que echan a perder unas buenas canciones por una interpretación indolente o por incapacidad escénica. Así era, por ejemplo, con Amy Winehouse), y además tiene una voz muy reconocible (en el buen sentido, no en el de Amaia Montero). Una persona que es capaz de llenar un escenario es un tesoro, y la actitud y las ganas de la cantante de empatizar con su público (paseos por la platea, demanda de coros) lanzan el espectáculo como por una pista de bolos. Merecen un aparte las letras, que no son convencionales, sino bastante malas. Todo ello suma para que pareciese desafortunado el instante del concierto en el que Eva afirmó “al principio de nuestra carrera nos llamaban raritos, y seguimos siendo bastante raritos, la verdad”. No, definitivamente ni lo han sido ni lo son.

     

     

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