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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

Sobre este blog de Mallorca

Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 20
    Noviembre
    2013

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    El corazón de Lulú

    En el reciente ataque yihadista a un centro comercial de Kenia, los terroristas preguntaban a los rehenes cuál era su religión. Quienes confesaban que no eran musulmanes, eran ejecutados de inmediato. Murieron 61 personas.

    El New York Times publicó días despues un análisis de la masacre, preguntándose cómo era posible semejante comportamiento, cuáles eran las raíces del odio entre hermanos. Para hallar la respuesta, acudieron a una buena fuente. Preguntaron a Sean O´Callaghan, un antiguo pistolero del grupo terrorista irlandés IRA. El entrevistado tenía 42 crímenes a sus espaldas. O´Callaghan reconoció que lo de Kenia era lo mismo que él había empezado a practicar con quince años, cuando entró en el IRA. La vieja historia, Caín contra Abel. El mismo comportamiento repetido desde el origen de los tiempos: basta que las circunstancias sociales empiecen a impregnarse de autoridad y obediencia, basta que la responsabilidad moral individual empiece a considerarse un lastre para el avance de la comunidad para que la sangre empiece a correr en torrentera.

    O´Callaghan asegura que no recuerda ninguno de los rostros sobre los que disparó hasta vaciar el cargador. Lo que sí recuerda es lo que le dijo Lulú, nombre en clave de una compañera del IRA. Las palabras de aquella mujer resumen la inquietante contradicción que hay en cada ser humano. Lulú era la encargada de conducir el coche en uno de los atentados que cometió O´Callaghan. En este caso, le habían ordenado matar a un hombre por considerarlo traidor a la causa católica. Se lo mandaron, él entró en un bar y se lo cargó. Lulú, la muchacha que conducía en la huida, era de Belfast, tenía una linda carita y estaba muy nerviosa tras el crimen. Al parecer se equivocó y se metió por dirección prohibida. Lulú había contribuido al asesinato a sangre fría de aquel supuesto traidor del IRA, pero al llegar a casa, cuando recuperó el resuello, sólo se le ocurrió comentar a sus compañeros de crimen: “Lo siento mucho por la madre de ese tipo”.

     

     

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