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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 13
    Junio
    2016

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    26-J: Que debatan de verdad, coño

    Lo llaman debate electoral como si realmente fuera un debate: una sucesiva contraposición de argumentos antitéticos, expuestos más o menos ordenadamente; un asunto que se piensa y se habla al objeto de alcanzar una síntesis final o la aceptación razonada de un argumento sobre los demás. Lo llaman debate como si en esas quedadas televisivas importase lo que se dice. Como si el formato permitiera al votante retener algo parecido a un argumento de fondo. Lo vemos con el “mute” mental puesto. No podemos escuchar. El medio no nos deja: las palabras se las lleva el viento huracanado de la retransmisión.

    Hagamos memoria. ¿Alguien podría determinar, tras el debate económico de anoche entre De Guindos, Garzón, Garicano y Sevilla, cuál es el objetivo de déficit que nos impone Europa y cuáles son las distintas propuestas para llevarlo a cabo sin acometer nuevos recortes? Ni flores. Y eso que fue anoche. No importa. Este género, el de los debates televisivos, va de otra cosa. La política en general ya va de otra cosa. Con esa sorprendente adherencia que tienen las banalidades/ viralidades, de los últimos debates nos quedó el lapsus de Margarita Robles y las risas que le causó a Inés Arrimadas, nos quedó el baile del San Vito de Albert Rivera en el anterior “debate a cuatro”, o cuando Rajoy quiso llamar ruín a Sánchez y lo llamó “Ruiz”, con ese carajal vocal que sufre el Presidente. También tenemos en la memoria, en el cajón de las razones de Estado, los sobacos empapados de Pablo Iglesias y cómo la sonrisa de este país era incapaz de pronunciar “Price Water House Cooper”, la consultora supercalifragilísticoespialidosa.

    La importancia del gesto, la potencia letal del lapsus, la contundencia de la gota de sudor es tal en esos encuentros que se comprende perfectamente la escena que hemos visto en las horas previas al debate de esta noche entre Rajoy, Rivera, Iglesias y Sánchez: los cuatro asesores de los candidatos probando el escalón que hay en el set televisivo donde se celebrará el primer gran combate electoral del 26-J. Ahí aparecen ellos testando el entorno, como el que mete el pie en la piscina para saber si el agua está fría. Es de suponer que luego alguien se encargaría de medir la altura del escalón y esta tarde los aspirantes a Presidente la pasarán subiendo y bajando una réplica del peldaño que conduce al poder. No sea que alguien tropiece y deje en la caída unas narices y tres millones de votos. Tratado de nueva política. Capítulo 1: maneras de subir un escalón.

    Llamarlo debate es una oportunidad perdida. Nos estamos engañando. Nos estamos hurtando la posibilidad de examinar a nuestros candidatos cómo realmente lo deseamos. Deberíamos de empezar, de una vez, a hacer nueva política. Que esta noche hagan carreras de sacos, que vayan a la pata coja con una cuchara con un huevo duro en la boca, que la emprendan a tartazos, que jueguen a ver quién aguanta más sin respirar. Que debatan de verdad, coño. Es lo que queremos.

     

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