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Jose Carbonell

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra. Miembro de Real Colegio de Psiquiatras de Londres. Master en Investigación y Teoría Psiquiátrica. University College London. Master en Psiquiatría Legal y Forense. Universidad Complutense de Madrid.

Sobre este blog de Salud

El Dr. José Carbonell Casasús, experimentado psiquiatra, comparte noticias y opiniones sobre la salud mental y los retos que nos plantea la sociedad moderna para mantener una vida sana y feliz. Noticias, opiniones y consejos sin tecnicismos y útiles para todo el mundo.


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  • 24
    Octubre
    2017

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    Mallorca Salud

    Estrategias para vencer el consumo de drogas en los adolescente

    Estrategias para vencer el consumo de drogas en los adolescente

    Las adicciones en los adolescentes son una de las mayores preocupaciones que tenemos en la actualidad. El siguiente artículo explica como un país –Islandia- ha logrado luchar contra este problema, reduciendo significativamente el uso y abuso de sustancias.

    Harvey Milkman catedrático de Psicología estadounidense que da clase en Universidad de Reikiavik , explica que hace 20 años los adolescentes islandeses eran de los más bebedores de Europa. “El viernes por la noche no podías caminar por las calles del centro de Reikiavik porque no te sentías seguro”, afirma Milkman.

    En 1998 el porcentaje de jóvenes que habían cogido una borrachera en el mes anterior era de un 42%. En la actualidad solo un 5% se había emborrachado el mes anterior. En cuanto al cannabis se ha pasado del 17% al 7% y los fumadores de tabaco a diario se ha desplomado de un 23% a un 3%.

    En la actualidad Islandia ocupa el primer puesto de la clasificación europea en cuanto a adolescentes con un estilo de vida saludable.

     La tesis doctoral de Milkman concluía que las personas elegían la heroína o las anfetaminas dependiendo de cómo quisiesen lidiar con el estrés. Los consumidores de heroína preferían insensibilizarse, mientras que los que tomaban anfetaminas preferían enfrentarse a él activamente. Cuando su trabajo se publicó, Milkman entró a formar parte de un grupo de investigadores del Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas de Estados Unidos para encontrar respuestas a cuestiones como por qué empieza la gente a consumir drogas, por qué sigue haciéndolo, cuándo alcanza el umbral del abuso, cuándo deja de consumirlas y cuándo recae.

     Cualquier chaval de la facultad podría responder a la pregunta de por qué se empieza, y es que las drogas son fáciles de conseguir y a los jóvenes les gusta el riesgo. También está el aislamiento, y quizá algo de depresión”, señala. “Pero, ¿por qué siguen consumiendo? Los chicos podían estar al borde de la adicción incluso antes de tomar la droga, porque la adicción estaba en la manera en que se enfrentaban a sus problemas”.

     En la Universidad Estatal Metropolitana de Denver, Milkman fue fundamental para el desarrollo de la idea de que el origen de las adicciones estaba en la química cerebral. “La gente puede volverse adicta a la bebida, a los coches, al dinero, al sexo, a las calorías, a la cocaína… a cualquier cosa”, asegura Milkman. “La idea de la adicción comportamental se convirtió en nuestro distintivo”. De esta idea nació otra. “¿Por qué no organizar un movimiento social basado en la embriaguez natural, en que la gente se coloque con la química de su cerebro –porque me parece evidente que la gente quiere cambiar su estado de conciencia– sin los efectos perjudiciales de las drogas?”

    En 1992, su equipo de Denver creó el Proyecto Autodescubrimiento, que ofrecía a los adolescentes maneras naturales de embriagarse alternativas a los estupefacientes y el delito. Solicitaron a los profesores, enfermeras y terapeutas de los centros escolares, que les enviasen alumnos, e incluyeron a niños de 14 años que no pensaban que necesitasen tratamiento, pero que tenían problemas con las drogas o con delitos menores.

    “No les dijimos que venían a una terapia, sino que les íbamos a enseñar algo que quisiesen aprender: música, danza, hip hop, arte o artes marciales”. La idea era que las diferentes clases pudiesen provocar una serie de alteraciones en su química cerebral y les proporcionasen lo que necesitaban para enfrentarse mejor a la vida. 

    En 1992, los alumnos de 14, 15 y 16 años de todos los centros de enseñanza de Islandia rellenaron un cuestionario con preguntas sobre sus hábitos de salud, consumo de sustancias, actividades que realizaban y tipo de relación que tenían con sus padres. El proceso se repitió en 1995 y 1997. 

    Los resultados de la encuesta fueron alarmantes. A escala nacional, casi el 25% fumaba a diario, y más del 40% se había emborrachado el mes anterior. Su análisis reveló que había unos cuantos factores con un efecto decididamente protector: la participación, tres o cuatro veces a la semana, en actividades organizadas –en particular, deportivas–; el tiempo que pasaban con sus padres entre semana; la sensación de que en el instituto se preocupaban por ellos, y no salir por la noche.

     Las leyes cambiaron. Se penalizó la compra de tabaco a menores de 18 años y la de alcohol a menores de 20, y se prohibió la publicidad de ambas sustancias. Se reforzaron los vínculos entre los padres y los centros de enseñanza mediante organizaciones que se debían crear por ley en todos los centros. Se instó a los padres a asistir a las charlas sobre la importancia de pasar mucho tiempo con sus hijos en lugar de dedicarles “tiempo de calidad” esporádicamente, así como a hablar con ellos de sus vidas, conocer a sus amistades, y a que se quedasen en casa por la noche. Asimismo, se aprobó una ley que prohibía que los adolescentes de entre 13 y 16 años saliesen más tarde de las 10 en invierno y de medianoche en verano. La norma sigue vigente en la actualidad.

     Se aumentó la financiación estatal de los clubs deportivos, musicales, artísticos, de danza y de otras actividades organizadas con el fin de ofrecer a los chicos otras maneras de sentirse parte de un grupo y de encontrarse a gusto que no fuesen consumiendo alcohol y drogas, y los hijos de familias con menos ingresos recibieron ayuda para participar en ellas.

    Entre 1997 y 2012, el porcentaje de adolescentes de 15 y 16 años que declaraban que los fines de semana pasaban tiempo con sus padres a menudo o casi siempre se duplicó ­–pasó del 23 al 46%–, y el de los que participaban en actividades deportivas organizadas al menos cuatro veces por semana subió del 24 al 42%. Al mismo tiempo, el consumo de cigarrillos, bebidas alcohólicas y cannabis en ese mismo grupo de edad cayó en picado.

    Como señala una de las investigadoras, “los estudios nos enseñaron que teníamos que crear unas circunstancias en las cuales los menores de edad pudiesen llevar una vida saludable y no necesitasen consumir drogas porque la vida es divertida, los chicos tienen muchas cosas que hacer y cuentan con el apoyo de unos padres que pasan tiempo con ellos”.

    En opinión del Dr. Carbonell, este artículo publicado en el País por Emma Young, es una evidencia más de la sensibilización que hay en España por la necesidad de culturizarnos frente a un problema extendido entre nuestros adolescentes. De manera científica han demostrado en la práctica como todas estas estrategias han sido de gran utilidad a la hora de combatir el consumo de tóxicos y adicciones entre los adolescentes.

     

     

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