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Blog Presunciones - Felipe Armendáriz

Felipe Armendáriz

Nacido en Pamplona, periodista especializado en tribunales. Lleva 30 años cubriendo la crónica jurídica y es un experto en los recovecos de la justicia y la injusticia. Profesor de Periodismo en la Escuela Universitaria Alberta Giménez (CESAG) desde 2007. Ganó, juntó a Matias Vallés y Marisa Goñi, e...

Sobre este blog de Mallorca

Un pequeño sonido en un mar de ruido


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  • 14
    Julio
    2012

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    Mal Consejo Judicial

    Muchos nos dan consejos, pero no todos están capacitados para asesorar al prójimo. Surgen así los malos consejeros, como los que convencieron al dimitido Carlos Dívar, expresidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, de que contra él soplaba una ligera brisa y no un vendaval en pro de la honestidad pública.
    El Consejo General del Poder Judicial, un organismo de tan largo nombre como escasa eficacia, es algo imprescindible para un estado democrático y para la tan anhelada división de poderes.


    Es una institución constitucional y como tal difícil de cambiar o desmantelar. ¿Cuál es su pecado?, perderse en banderías y capillitas y carecer de potestad (y por ende, dinero) para poder facilitar al ciudadano una justicia digna.
    El Consejo, afortunadamente, no es el Poder Judicial, algo intangible que recae, casi como un sacramento, en el conjunto de jueces y magistrados españoles, profesionales que, en la mayoría de las ocasiones, se dejan la piel por un escaso salario en hacer cumplir la legalidad y poner a la Constitución como brújula en las duras travesías emprendidas desde que murió el Dictador.


    El ministerio de Justicia, que sin ser Consejo, ni Poder Judicial, también pinta lo suyo a la hora de configurar la llamada Administración Judicial (básicamente se ocupa de la intendencia de los jueces y tribunales), quiere cambiar las cosas. El Consejo está desprestigiado, pero va a ser casi imposible devolverle su buena fama, si es que alguna vez llegó a tenerla.

     

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