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Blog Presunciones - Felipe Armendáriz

Felipe Armendáriz

Nacido en Pamplona, periodista especializado en tribunales. Lleva 30 años cubriendo la crónica jurídica y es un experto en los recovecos de la justicia y la injusticia. Profesor de Periodismo en la Escuela Universitaria Alberta Giménez (CESAG) desde 2007. Ganó, juntó a Matias Vallés y Marisa Goñi, e...

Sobre este blog de Mallorca

Un pequeño sonido en un mar de ruido


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  • 24
    Agosto
    2012

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    La parábola de Ruiz Mateos

    Un anciano tenía 13 hijos.

    Un día reunió a los seis descendientes varones y les dijo: "Compraremos unos hoteles en Mallorca, los pagaremos a plazos y reactivaremos Hotasa. ¡Cuánto añoro aquellos años 60 cuando en los hoteles de la abeja no se ponía el sol!".

    Los hijos se pusieron manos a la obra. Buscaron sociedades en paraísos fiscales, designaron testaferros para que apareciesen como los responsables de otras empresas intermediarias y consumaron las compras.

    Los nuevos dueños anunciaron la apertura de sus negocios, salieron a los caminos a buscar clientes, pregonaron que reformarían los establecimientos, pero lo primero que hicieron fue hipotecarlos. El dinero de esas hipotecas desapareció rápidamente y se perdió en el magma empresarial de la familia.

    Los vendedores se pusieron nerviosos cuando vieron que el suculento negocio planeado no era tan bueno. El octogenario patriarca les había prometido mucho más dinero que el valor real de sus hoteles. Lo cierto es unos cobraron una parte del precio, otros nada y el resto apenas vio dinero en efectivo. También hubo pagos poco edificantes.

    Cuando la Justicia intervino, los guardianes del templo llamaron al hombre y a sus hijos varones. Los descendientes culparon de todas las operaciones a su padre y se desentendieron de las reclamaciones y del caso.

    El cabeza de familia empezó a recordar sus años de persecuciones y prisiones y no paró de hacer llamamientos a Dios y los Santos para dar fe de su honestidad. El octogenario salió a las plazas a decir que quería pagar a todos sus deudores, pero que el Gobierno no le dejaba.

    Sus hijos, mientras tanto, callaban y dejaban hacer al padre.

    Los hijos contrataron a los mejores doctores de la Ley del país con objeto de marear a los acreedores y se fueron de veraneo. 

    El padre se quedó casi solo en la mansión familiar, a donde fueron a buscarle los guardianes para recordarle que tenía que ir al templo de la Justicia a declarar. El anciano volvió a mentar a Dios y se negó a acudir al templo. Fue detenido. Sus hijos, desde su lugar de asueto, y bien fresquitos, se quejaron de las supuestas ignominias contra su padre.

    La juez se apiadó del anciano y lo dejo libre, con la promesa de que horas después se presentaría ante ella.

    El patriarca, desbocado en su delirio, no acudió a la cita. Ahora se arriesga a ser arrestado de nuevo.

    –Os aseguro que los hijos tendrán su merecido por desamparar a su padre y olvidarse de sus acreedores.

     

     

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