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Blog Presunciones - Felipe Armendáriz

Felipe Armendáriz

Nacido en Pamplona, periodista especializado en tribunales. Lleva 30 años cubriendo la crónica jurídica y es un experto en los recovecos de la justicia y la injusticia. Profesor de Periodismo en la Escuela Universitaria Alberta Giménez (CESAG) desde 2007. Ganó, juntó a Matias Vallés y Marisa Goñi, e...

Sobre este blog de Mallorca

Un pequeño sonido en un mar de ruido


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  • 25
    Enero
    2013

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    El ducado regalado

    Iñaki Urdangarin lleva años jugando con su buena fortuna. De ser un casi desconocido jugador de balonmano pasó a esposo de la segunda hija del rey de España. Entonces se abrieron para él muchas puertas: Esade lo acogió con mimo y le dio una formación universitaria sobre promoción empresarial; le hicieron alto cargo del Comité Olímpico español; le contrataron como conseguidor en una consultoría internacional, con un sueldo de 35 millones de pesetas al año; le llovieron los cargos para ocupar sillones en consejos de Administración; y se integró en el cómodo humus de la casa real.


    Pero Urdangarin siguió tentando la suerte: se mofó de su ducado regalado,  distinción que, a lo visto, le importaba un bledo, y decidió instalarse por su cuenta.
    Sus intenciones eran dejar de ser un pelele de las multinacionales, ganar dinero por su cuenta y hacer proyectos benéficos para la sociedad.
    Tuvo otra excelente racha: su proyecto Nóos subió como la espuma; consiguió importantes beneficios y aparentó ser un benefactor.


    Las cosas se torcieron ligeramente en 2006 cuando su suegro le pidió un poco de discreción, especialmente a la hora de contratar con Administraciones Públicas. Más él continuó apostando a caballo ganador. Creó otras fundaciones, fue colocado de alto ejecutivo en Telefónica y se fue una temporada a Estados Unidos.
    El duque em-palma-do confiaba en sus buenas estrellas.
    Ahora sigue pensando que nada malo le va a pasar. Ve venir el peligro, más no sabe como evitarlo.

     

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