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Blog Preferiría no hacerlo - Jaume Bauzá

Jaume Bauzá


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  • 04
    Mayo
    2014

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    Se masca la tragedia

    Lluís Carreras no tiene la clave para detener la dramática inercia perdedora del Real Mallorca porque el gran problema del equipo está en una defensa que ha heredado los peores vicios de la temporada del descenso. El boquete es el mismo porque en su momento Serra Ferrer consideró que valía con Agus y el olvidado Miguel García. Y el colofón fue aquella frase que entonces y ahora suena a tomadura de pelo: “Hemos fichado al mejor central”, dijo el pobler en referencia a Geromel. Ya da igual si el equipo juega mal o más o menos bien, como ayer. El resultado  es el mismo porque Mallorca tiene la peor defensa de la categoría, que ya es decir. Algunos desinformados ponen a todos en el mismo saco, pero Claassen y Terrasa no han firmado un solo fichaje.


    Los futbolistas
    El otro gran pecado del equipo es la indolencia y recae directamente sobre los futbolistas. Los bermellones jugaron un partido aseado y acumularon méritos para ganar a un Eibar que en nada se pareció a un candidato al ascenso directo. Pero no hay que olvidar la pereza, la falta de exigencia e intensidad de unos futbolistas que durante muchas jornadas en lugar de competir, han deambulado por los terrenos de juego, humillados por equipos que siendo notablemente inferiores sí conocían la definición de la palabra esfuerzo. El bajo nivel del resto de aspirantes al ascenso servía de coartada a unos futbolistas completamente alejados de la realidad, pero ahora ya no hay ganas ni de poner excusas. Antes la situación era decepcionante. Ahora es dramática, pero puede convertirse en una tragedia.


    Vale la pena
    Un descenso a Segunda B podría significar la desaparición del club o su regeneración total. Es tanto el deterioro deportivo e institucional que vale la pena correr el riesgo. El Racing de Santander ha salido más o menos bien parado. Al menos se sacudió toda la porquería que poblaban el club y el vestuario.
     
    Un buen ejemplo
    El Eibar tiene su primer ascenso a la elite en la mano, una prueba más de la mediocridad que reina en esta Segunda División. Pero reconforta comprobar que el fútbol a veces también premia a los que hacen las cosas bien, por pocos recursos que tengan. Es difícil no sentir simpatía por un Eibar que desde el momento de su fundación ha sido fiel a la filosofía de no gastar más de lo que ingresaba. La dirección deportiva del club vasco ha confeccionado la plantilla más competitiva de la categoría con un presupuesto pírrico. Suficiente para avergonzar a un Serra Ferrer que con frecuencia se ha quejado de no disponer de recursos suficientes. El pobler siempre ha acudido al mercado presumiendo de contactos y creyéndose más listo que los demás, pero nada como el Eibar y una temporada desastrosa –la segunda consecutiva– para dejarle retratado.

    El lío de las peñas
    Es difícil digerir la penosa situación por la que atraviesa un club que no hace tanto tiempo vivió momentos gloriosos, pero eso no justifica hacer el ridículo. La empanada mental que sufren Toni Tatxa y Miquel Barralet es tan grande que un día exigen la dimisión de Biel Cerdà y al siguiente le piden que vaya al palco. Un día reniegan de los futbolistas y al siguiente reclaman que el mallorquinismo vaya a Son Moix a animar. En este Mallorca en el que jugadores y directiva han perdido la brújula, estos dos personajes andan como pollo sin cabeza afirmando una cosa y la contraria al mismo tiempo. Al final de esta fracasada temporada convendría sacar la escoba para limpiar el vestuario, la planta noble y la Federació de Penyes. No pasa nada porque haya pocos mallorquinistas. Sí es un problema que sus teóricos representantes anden completamente extraviados.

     

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