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Blog Preferiría no hacerlo - Jaume Bauzá

Jaume Bauzá


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  • 09
    Marzo
    2014

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    La vida sigue igual

    Hasta ahora los futbolistas han esquivado las críticas, pero habría que empezar a decir que no se merecen la Primera División ni el sueldo que cobran

    La Romareda contempló al Mallorca discontinuo y agobiado de siempre, a unos futbolistas que van asumiendo el fracaso y empiezan a ser conscientes de su incapacidad para pelear por el ascenso. La vida sigue igual con Lluís Carreras. Nadie sabe a qué juegan los de rojo y el vestuario sigue cegado y viendo mejoras inexistentes. El punto no vale para nada porque aleja al Mallorca de la pelea por el ascenso y le acerca a la de la permanencia. Hasta ahora los futbolistas han esquivado el grueso de las críticas, parapetados por los escándalos de la directiva y el ruido provocado por el cambio de entrenador. Por tanto habría que empezar a decir que no merecen ni la Primera División ni el sueldo que cobran. Asumido el descalabro, solo queda exigirles que no dejen de remar antes de tiempo porque el descenso a Segunda B empieza a ser una amenaza muy real.
     
    Uno de diez
    El Mallorca ha ganado uno de los últimos diez partidos, en los que ha contabilizado tres derrotas y seis empates. Son esas igualadas –muchas de ellas afortunadas– las que han evitado de momento el naufragio completo de un proyecto que debía ascender por la vía rápida y además marcando diferencias en la categoría. Pero todo ha fallado: la elección del técnico, los refuerzos estivales y los invernales. Es pronto para hacer balance de la labor de Serra Ferrer esta temporada–quién sabe si por uno de esos milagros del fútbol el equipo acaba enganchándose a la pelea por el ascenso– pero llueve sobre mojado para el director deportivo del descenso. De momento su Mallorca ocupa la antepenúltima posición de una clasificación imaginaria que solo tuviera en cuenta los últimos diez partidos.

    El desgaste de Claassen
    La oferta de compra de acciones que realizó Utz Claassen la pasada semana obedece más al hartazgo que a otra cosa. Hartazgo por compartir viaje con un Serra Ferrer y un Biel Cerdà con los que jamás se entenderá. Y por seguir manteniendo una guerra que le está desgastando más a él que a sus rivales y en la que solo se puede apuntar dos o tres éxitos sin importancia. La penúltima batalla que planteó acabó en bochorno, con Cerdà decidiendo al entrenador del Mallorca. Está harto y eso lo entiende todo el mundo, pero hay cosas que escapan al sentido común. Como lanzar una oferta en el tramo final y decisivo de la temporada para el equipo. O hacerlo, como él mismo reconoce, sin saber a ciencia cierta cuál es la situación económica de la institución. Es muy respetable que Claassen quiera controlar un club a la deriva y un equipo que la próxima temporada podría jugar en cualquier categoría –incluyamos la Segunda B en las quinielas–. Pero una vez rechazada su oferta debe cumplir su palabra y apartarse.

    Se borran
    La representación del Real Mallorca en La Romareda corrió a cargo de Tolo Martorell y Toni Prats. Pocas cosas ejemplifican mejor vacío de poder y el estado de abandono institucional que sufre el club por parte de sus directivos. Todos los accionistas se han borrado, lo que no es malo si es porque sienten vergüenza de sí mismos y de su penosa gestión.


    Dudosa distinción
     Chirría el nombramiento de Rafel Nadal como doctor honoris causa por la UIB. Nadie dice que el deporte no pueda entrar en la Universidad, pero da la sensación de que la elección no es más que una operación de márketing que, por cierto, ha levantado ampollas dentro de la propia UIB. “En atención a los valores que ha transmitido a todas las generaciones a lo largo de su carrera”, argumenta la Universitat en una defensa de los méritos del deportista en la que no caben más vaguedades.
     

     

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