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Jaume Bauzá


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  • 01
    Diciembre
    2013

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    Cerdà: dinero y poder

    El pollencí no se cortó a la hora de exigir prebendas a Claassen. Serra Ferrer puede consolarse por el hecho de que puso un precio muy alto por su cabeza

    Biel Cerdà ha hecho una relación de los supuestos errores que Miquel Coca cometió en los casos que defendió cuando era abogado del Mallorca. El que juzga también debe ser juzgado así que recordemos aquel esperpéntico plan de remodelación del Lluís Sitjar que dos gobiernos municipales de colores políticos diferentes lanzaron al cubo de la basura. Que es donde acabará su ocurrencia de reformar íntegramente Son Moix. Últimamente Cerdà se ha hecho unas cuantas fotos para presentar un puñado de acuerdos comerciales y de patrocinio que existían antes de que él se pusiera a trastear por los despachos. Así que habrá que concluir que su único logro ha sido ser nombrado presidente del Mallorca, y a estas alturas todo el mundo sabe cómo sucedió aquello: prometió a Serra Ferrer lealtad y su voto para que mantuviera el control del club a cambio de la presidencia. Han pasado unos meses de aquello y ni Serra tiene el control del club, ni Cerdà sabe lo que es la lealtad.

    El precio de la traición
     Pero el presidente sí tiene un concepto muy elevado de sí mismo. En sus negociaciones con Claassen exigió para traicionar a Serra Ferrer un sueldo y unas condiciones absolutamente fuera del mercado, como si fuera un cotizado ejecutivo de Wall Street en lugar de lo que es, un trepa que quiere engordar la hucha a costa del Mallorca. Cerdà se echó en los brazos del alemán después de fracasar en su intento de cobrar un sueldo de 200.000 euros anuales por su supuesta dedicación al club a escasos días de confirmarse el descenso a Segunda. Una nula sensibilidad por parte de alguien que nunca sintió nada por el escudo o los colores, y sí por el poder y el dinero. El pollencí no se cortó a la hora de reclamar prebendas a Claassen –lo de pedir una prima en caso de ascenso es para el Club de la Comedia–. Cerdà se vendía caro. Al menos Serra Ferrer podrá encontrar consuelo en el hecho de que puso un precio muy alto por su cabeza.

    Serra ferrer, ¿víctima?
    En opinión de muchos que pretenden hacer pasar a Serra Ferrer por una víctima de todo este caos institucional el pobler solo se equivocó en la elección de sus compañeros de viaje. No. El gran error del director deportivo fue pretender acaparar todas las parcelas de gestión sin delegar en nadie y gobernar el club con mano de hierro. En el Consejo no tardaron en oírse voces que reclamaban más transparencia y ser partícipes en las decisiones importantes. El pobler no transigió y aquellas primeras chispas dieron lugar a varios fuegos. Solo faltaba que apareciera Cerdà con un bidón de gasolina y provocara este gran incendio.

    Fin de ciclo
    Aquel ciclo que arrancó con el desembarco de Serra Ferrer y su equipo directivo está finiquitado. A día de hoy no hay proyecto, ni ganas, ni un equipo serio de gestores. Solo dos hombres que se detestan y que ansían verse liberados el uno del otro. No ha pasado tanto de aquel verano de 2010, de la ilusión y los elogios que recibieron aquel grupo de personas que iban a sacar a flote a la entidad. Hoy son ellos los que han naufragado.

    Por encima de todo, el ascenso
    El Mallorca más solvente de la temporada logró un triunfo en Eibar y nos recordó que por encima de guerras institucionales el único objetivo de la temporada es el ascenso. La victoria no fue brillante, pero el equipo demostró una notable adaptación a la categoría. Y José Luis Oltra, al borde de la destitución hace escasos días, salió reforzado al triunfar con un planteamiento muy arriesgado que incluyó dejar en el banquillo a Gerard y Víctor.

     

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