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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 06
    Enero
    2012

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    Mis 10 películas de 2011

    1 – The Artist

    Si alguien nos hubiera dicho que la mejor película de 2011 sería muda y en blanco y negro, seguramente, habríamos pensado que se trataba de una broma. Pero, en otra de las piruetas que hacen maravillosa a esta obra maestra, resulta que se trata de una realidad pura y dura. Por respeto al público, no citaré las numerosas escenas inolvidables que regala este romance entre un actor de cine mudo y una joven estrella en ciernes, pero sería injusto no admitir que, a lo largo de 100 minutos que pasan como un respiro, 'The Artist'  nos conmueve con imágenes, gestos, momentos de puro cine, ya sea con un perchero, unas tomas falsas o una frase escrita en un espejo. Y sí, el milagro es posible y, en 2011, un cine puede quedarse en silencio absoluto, se pueden escuchar nítidamente las risas y los suspiros de unos espectadores cautivados ante la historia de George Valentin y Peppy Miller.  El mundo exterior desaparece y, para cuando vuelve el sonido y los colores, uno se descubre sonriendo, feliz, con el corazón en blanco y negro y los pies bailando claqué. En definitiva, si el cine es magia, ‘The Artist’ es el mejor truco que se ha visto este año.  

     

    2 – Drive

    Llegó justo a tiempo para ser parte de la cosecha de lo mejor de 2011 pero el director Nicolas Winding Refn  , acompañado de Ryan Gosling, actor de moda, sí, pero también de presencia y carisma, se marca con 'Drive' una historia que podría haber caído en la monotonía o el salvajismo gratuito pero que, de la mano de sus responsables, encuentra la poesía más absoluta en sus modélicas escenas de acción, deslumbrantes piezas de orfebrería en las que la sangre y la lírica, la sencillez y la épica, convierten a algo que nos han contado muchas veces, la venganza, en un ejercicio de belleza cautivadora. Dura, contundente y con el aroma que desprende el gran cine, no nos encontramos solamente ante el  mejor thriller de 2011, sino frente a una de las mejores películas de los últimos años. Ese coche gastado seguirá recorriendo las calles mientras en su radio suena a todo volumen la maravillosa canción de College que reza: ‘Un verdadero ser humano y un héroe real’.  Y el escorpión amarillo, desde su asiento, esbozará una media sonrisa. La del triunfo que te convierte en clásico.

     

    3 – Cisne negro

    Alejada en el tiempo de su estreno pero en permanente actualidad para cualquier cinéfilo, 'Cisne negro', en sus sucesivos visionados, continúa descubriéndose como una obra de arte, una demostración absoluta y ejemplar del modo en que convertir algo tan común como la permanente lucha de una persona consigo mismo (inconmensurable Natalie Portman) en una apoteosis cinematográfica en toda regla, donde se dan la mano de manera memorable la forma y el contenido, la narración y lo visual, la historia y su aspiración eterna, la grandeza de los límites a los que puede llegar el ser humano, tan bellos como desoladores. Como el eco de unos aplausos finales que marcan el triunfo y la tragedia, los dos términos que, quizás, más se acerquen a lo que realmente significan la perfección y sus consecuencias.

     

    4 – Valor de ley

    La nueva película de los hermanos Coen reúne los códigos más característicos del conocido western crepuscular, como pueden ser la soledad del héroe o las reflexiones sobre la moralidad y ética de las acciones y decisiones de cada personaje, y además se impregna de un maravilloso aroma al más tradicional cine del Oeste. En esa mezcla reside uno de los máximos logros de una película redonda desde todos los puntos de vista. Una manera de reinterpretar el género desde el homenaje y, a la vez, la poesía inherente que siempre ha tenido el western. Por eso, cuando en la cabeza resuenan aún los compases de la memorable banda sonora compuesta por Carter Burwell, se mantiene esa sensación de haber visto una película, en el mejor sentido de la expresión, como las de antes. Un film que, quien sabe, repitan en la televisión dentro de 60 años y le haga pensar a algún chico: "vaya, así se hacía el cine antes". Y, entonces, alguien debería decirle, como lo hacen los Coen con 'Valor de ley' : "No, "hermanito", así se hacía, hace y hará, el mejor cine, siempre".

     

    5 – Medianoche en París

    Como sucede en la mayoría de ocasiones en la filmografía de Allen, la historia, sus personajes, incluso su, en esta ocasión, deslumbrante entorno (pocas veces París ha aparecido en pantalla tan cautivadora), son una excusa para llegar a una idea personal marcada por la reflexión humana, esa que siempre parece tan propia pero que, no nos engañemos, es tema universal. En esta ocasión, la inconformidad continua de las personas ante su presente, la necesidad, casi obligatoria, que nos imponemos con esa manida frase de “cualquier tiempo pasado, fue mejor”, un lastre que, no solamente no nos permite disfrutar de un día a día con el que tendríamos, más que suficiente, trabajo para alegrarnos y deprimirnos por igual, sino que empaña la opción de mirar al futuro con, al menos, perspectiva. Muchos podrán encontrar reivindicativo el mensaje de 'Medianoche en París', leerán entre líneas la declaración de principios de un director que parece exigir una tregua ante todos aquellos que se empeñan en comparar su obra del 2011 con la de 1977, un ejercicio tan incoherente como injusto,  que anula cualquier atisbo de la, inevitable, madurez del autor.  Pero, no se confundan, este Allen no es el del pasado, es el Allen del presente y, seguramente, cuando recordemos dentro de un año este maravilloso paseo parisino que hemos hecho de su mano, suspiremos con la naturalidad que conllevan las grandes películas que conviertes en un tesoro personal. Pero, quien sabe, quizás pensemos en ella andando bajo la lluvia, camino de una de esas salas en las que, como cada año, nos sentaremos para ver que se cuenta este lujo para la cabeza y el corazón disfrazado de director de cine. Y, será entonces, cuando el presente nos parezca algo, completamente, inmejorable.

     

    6 – El árbol de la vida

    Puedes amarla u odiarla. Aplaudir o bostezar. Pero, lo que nadie duda a estas alturas, es que ‘El árbol de la vida’ nace como obra inconmensurable, de forma y contenido inabarcable, demostración del cine como auténtico arte, arriesgado. Hablar de lo que habla Terrence Malick en su nuevo trabajo sin quedarse en la superficie es, casi, imposible. Alcanzar su profundidad real, una meta que requiere un esfuerzo total, tras el que uno puede acabar exhausto. El ser humano nunca será capaz de comprenderse, de entender en su totalidad la razón de sus pasos, donde comenzó su historia y, sobre todo, donde terminará. Puede que, al final del camino, nuestras huellas nos lleven a esa orilla del mar donde el pasado y el presente se dan la mano, sin ser conscientes de hacia dónde nos dirigimos. Porque siempre habrá un “¿por qué?” sobrevolando el horizonte. Hasta entonces podemos seguir observando el vuelo de una gaviota sobre nuestra cabeza, una imagen, tan cotidiana y tan bella tras la que se esconden tantas respuestas como preguntas. Mallick las ha planteado de una manera maravillosa. Encontrando el verso que se esconde en cada una de ellas.

     

     7 – Super 8

    El maestro (Spielberg) se ha visto superado este 2011 por su, inesperado, aspirante a sucesor, J.J.Abrams, particular Rey Midas de la televisión (‘Lost’, ‘Fringe’) que, con ‘Super 8’ rindió un emotivo homenaje a la obra clave del realizador estadounidense. Injustamente tratada por todos aquellos que esperaban un nuevo ‘E.T.’ o ‘Los Goonies’, Abrams compuso una sinfonía de entretenimiento perfectamente medido, de ritmo impecable, con el mejor conjunto de actores infantiles en mucho tiempo y con detalles técnicos deslumbrantes. Sin embargo, la verdadera clave de su éxito, es la emoción y nostalgia que recorre cada una de sus escenas, otorgando un valor extra a sus numerosos guiños cinéfilos, aportando coherencia y argumentando su presencia. Con la inestimable ayuda de Michael Giachinno, autor de una banda sonora que roza la excelencia, Abrams puede sentirse orgulloso de su carta de amor al cine con el que creció y del que aprendió. Un agradecimiento, en modo de película, que el tiempo debería encargarse de poner en su auténtico lugar, el de las obras maestras del entretenimiento contemporáneo.

     

    8 – Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio

    Steven Spielberg regresa a lo que mejor saber hacer, el cine entendido como puro entretenimiento, evasión durante dos horas de todo lo que sucede alrededor de uno mismo mediante la maravilla visual de historias pensadas para todos los públicos convirtiendo la visión de una película en la experiencia más universal posible. ‘Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio’ ofrece todos estos elementos depurando su personalidad hasta la esencia básica, la de la aventura capaz de mantenerte pegado al asiento, transformado la butaca en el compartimento de una montaña rusa que no te deja respirar, en continuo y espléndido movimiento, sin poder apartar la vista de lo que sucede en la pantalla y sin opción a cerrar la boca por lo apabullante de sus imágenes. El mago Spielberg, término que en esta ocasión se hace indispensable, ofrece con su Tintín la película más trepidante y, seguramente, espectacular de su carrera. Y eso, hablando de la persona de la que estamos hablando, es mucho decir.

     

    9 – La boda de mi mejor amiga

    El pasado verano tocaba enfrentarse, con cierta pereza, para que negarlo, y obviando la horrorosa traducción que se hizo en nuestro país de su título original (‘Bridesmaids’) , a una nueva comedia americana que, para más inri, venía con la fama de haber destrozado taquillas en su país de origen, detalle poco fiable,  y, además, haber descubierto a la “nueva reina del humor estadounidense”. Con semejante cartas de presentación, la duda estaba más que justificada. Pero hubo milagro. Todas las alabanzas encontraron justificación a través de la comedia más divertida y, sí, inteligente, de 2011. Protagonizado por un reparto exclusivamente femenino, ‘La boda de mi mejor amiga’, presenta una colección de gags antológicos que visten de carcajadas un discurso sobre la madurez en el que  no solamente las mujeres pueden verse identificadas. La mejor película de la factoría Apatow es una comedia brillante e inspirada en la que todo funciona a las mil maravillas. Y sí, Kristen Wiig es la nueva reina del humor estadounidense. Sin comillas.

     

    10 – La piel que habito

     La última película de Pedro Almodóvar esconde tras cada una de sus esquinas, que son muchas y variadas, las mismas obsesiones que siempre han rodeado el universo del creador manchego: las relaciones familiares, la figura de la madre, el perdón y, sobre todo, la venganza. Todo eso se encuentra en una película que camina constantemente sobre la fina cuerda que separa lo excesivo de lo ridículo, aumentando el valor, si cabe, de su triunfo final. Apoyada por las interpretaciones de sus protagonistas principales, un notable Antonio Banderas desprovisto de cualquier tic reconocible, y, sobre todo, una excelsa Elena Anaya, Almodóvar se la juega sin pensarlo con una historia que dividió opiniones, ante la cual es imposible quedarse indiferente, que horroriza o cautiva e, incluso, las dos cosas. 'La piel que habito' es, y debería suponer, un punto de inflexión en una filmografía poblada de grandes películas que parecen haber ido sumándose hasta dar como resultado este trabajo número dieciocho, la mayoría de edad de un realizador que ha decidido mostrar al desnudo su mensaje más contundente. Un trabajo repleto de escenas memorables, que te hace abandonar la sala con desasosiego, tensión e incomodidad, con el poder que solo tienen las grandes películas de crear debate, pasión y odio a partes iguales. Almodóvar desviste a su criatura con precisión y sofisticación y, al mismo tiempo, la disfraza con una mínima expresión que esconde todo lo excesivo, confuso y salvaje que puebla la mente del ser humano ante el dolor. Esa mirada de Vera. La caricia del creador. Ambos monstruos, culpables y víctimas. La venganza del silencio que siempre precede a una tormenta en la película más redonda que ha dado nuestro cine en 2011.

     

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