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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 14
    Diciembre
    2012

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    ESPECIAL FICC - 'Amour'

     

    Hablar del cine de Michael Haneke, no es nada sencillo. Hablar del cine de un referente, es muy complicado. Maestro en la complejísima tarea de diseccionar al ser humano en su parte más cruda y desnuda, sin artificios ni trampas, con el exceso propio de las personas, ese que intentamos ocultar tras toneladas de supuesto equilibrio emocional, el director alemán ha compuesto a lo largo de los años una filmografía que bien se podría entender como ópera descarnada y apabullante de los fantasmas, absolutamente reales, que pululan a nuestro alrededor. El miedo que transmiten todas y cada uno de sus películas no responde a golpes de efecto, sustos gratuitos ni vísceras derramadas por el suelo de esas casas donde todos podríamos vivir, esos mundos en los que, de hecho, vivimos. No, el cine de Haneke asusta porque nos enfrenta a nosotros mismos, a lo que nos rodea; sus personajes podrían ser nuestros vecinos, sus historias podrían estar protagonizada por cualquier persona con la que nos cruzamos a diario por las calles de una ciudad, cualquiera, repleta de dramas e impulsos. Cuando uno entra en una sala a ver uno de sus trabajos sabe, o debería saberlo, que no será la misma persona al salir, que junto a el irán escenas, palabras, silencios que se clavan como puñales en lugares tan distintos como la mente y el corazón, las entrañas y el alma. 'Amour' llega para redondear una carrera a la altura de, muy, pocos.
     
    Su mejor película nos cuenta la historia de un matrimonio anciano, profesores de música retirados, que se ve afectado, atacado sin compasión, por una terrible enfermedad que les pondrá a prueba. Un argumento así, sueño prohibido e inconfesable de los directores amantes de la lágrima barata, se convierte en manos de su director y guionista  en un tratado magistral sobre la vejez y la muerte, el paso del tiempo y la ternura, la desesperación y las debilidades. En sus planos, sello inconfundible de su autor, navega el miedo absoluto de una vida que va llegando a su final a pasos agigantados, donde las miradas entre los amantes son las únicas que se mantienen firmes, a pesar de la terrible sensación de estar perdiendo la dignidad y la partida frente a un monstruo llamado muerte. Jean - Louis Trintignant y Emmanuele Riva regalan dos interpretaciones que no lo parecen. Ellos viven, sufren, reflexionan, asimilan, luchan, se resignan. No hay rastro de actor y actriz, no hay personajes. Ellos son ese matrimonio encerrado en un piso de París que traza un mapa tan certero, tan profundo, de caricias furtivas y recuerdos que, dos días antes, eran presente. 
     
    Pese a la misión imposible que supone citar una escena en una película tan compacta y redonda como esta, quizás sea ese instante en el que Trintignant observa la figura de su mujer tocando el piano, absorbida por la música, mientras él es incapaz de olvidar a la persona que grita "duele" en la habitación de al lado. En sus ojos es tal la tristeza y el dolor que, innegablemente, uno entiende la pasión desmedida, el amor real y eterno que este anciano siente hacia su esposa. Una mujer que, inmersa en la oscuridad, no duda en afirmar, mientras mira un viejo álbum de fotos, lo bonita que es la vida. "Es tan larga". Es entonces cuando el espectador, de no haberlo hecho antes, se da cuenta de que están hablándole, de que llegar a ese lugar que se muestra en la pantalla es, simplemente, cuestión de tiempo. Al final, podemos quedarnos con los premios y alabanzas que está recibiendo la mejor película de 2012, porque lo es, pero quedan por encima las sensaciones, lo devastado y desolado que termina uno frente a un trabajo como el que ha facturado Haneke. Lo ha vuelto a conseguir y, esta vez, con más poder que nunca. Hablar de 'Amour', no es nada sencillo. Hay que experimentarla. Hablar de una obra maestra, es muy complicado. Y, de la vida, más. Dejemos ese trabajo a los genios. 

     

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