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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 12
    Enero
    2013

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    'The Master' - Sin parpadear

    Paul Thomas Anderson ha dirigido, hasta la fecha, seis películas. La primera, 'Sidney', en 1996, la última, 'The Master', en 2012. Dieciseis años entre una y otra. En ese tiempo, mientras otros han dado forma a carreras titubeantes, irregulares, con claros altos y bajos, despuntando obras maestras y vacíos, él se ha convertido en un gigante. Ha evolucionado, transformado su discurso, ha cambiado las reglas, ha hecho del cine algo nuevo y fascinante. Puede que 'Embriagado de amor' sea el único traspies de un director al que, más allá de eso, no se le puede echar nada en cara. 'Boogie Nights', 'Magnolia' y 'Pozos de ambición' son tres clásicos con patas, tres monumentos al séptimo arte que justifican una carrera entera. Sin embargo, en su análisis cronólogico, se puede observar el tono gélido, la ausencia de emoción que van mostrando, el nulo interés de este autor, etiqueta justificada en este caso, por contentar al espectador. 'The Master' llega para cerrar el círculo, para convertir su cine en una auténtica sesión de hipnosis, en un reto en toda regla. Sí, voy a conseguir tu aplauso, pero no te lo voy a poner fácil. 

     

    La historia de dos bestias salvajes, de dos animales impulsivos, atormentados, títeres en manos de una idea o un trauma, profundamente doloridos, escondidos tras alcohol y discursos, terapias y torturas, golpes y soledad, resuena como un eco en medio del desierto. Uno no sabe de donde proviene la potencia de una obra como 'The Master' pero no ceja en su empeño de encontrarla. Sabe que está viendo algo magnífico y, al mismo tiempo, profundamente repulsivo. El Lancaster Todd que crea Philip Seymour Hoffman, un encantador de serpientes dominado por una cobra cerebral y aterradora (espectacular, otra vez, Amy Adams) no necesita más que su voz para penetrar en las mentes derrotadas tras la cobardía, la ingenuidad o la guerra que nunca termina. El Freddie Quell que crea Joaquin Phoenix, un perro salvaje, borracho, primigenio, impulsivo. refugiado en el sexo salvaje y enfermizo, refleja en su mirada la cárcel mental en la que se encuentra encerrado, la esperanza por buscar una solución, un reencuentro, una compañía en la butaca de al lado. Su relación, fraternal, tóxica, tierna, infantil, enferma, es el centro de una película que utiliza el origen de la Cienciología como mera excusa para profundizar en el cerebro de dos mentes destruidas, convertidas en restos de un naufragio emocional que jamás podrá superarse. Todo el mundo necesita agarrarse a algo para no caer, un paraguas para soportar la tormenta, una voz para aguantar el silencio. 
     
     
    Dos actores. Dos recitales. Seymour Hoffman, gigante. Phoenix, palabras mayores. Su labor se convierte en uno de los tours de force interpretativos más impactantes que se recuerdan. Cuando la película, especialmente en su desarrollo, parece despistarse, su figura aparece para recuperarte, ponerte alerta, esperar cualquier cosa de un actor que ofrece, a estas alturas, la mejor interpretación de su carrera. 'The Master' puede ser la película más complicada, compleja, gélida que haya rodado jamás Thomas Anderson, pero también la más valiente, capaz de combinar el cine clásico con el lado más salvaje del nuevo cine. Repleta de momentos antológicos que cobran más fuerza conforme pasa el tiempo, estamos ante una obra que se instala en el cerebro y juega con nosotros, que se observa sin pestañear, que reaparece cuando menos se la espera para reiterar su fuerza. Dieciseis años. Seis películas. Un notable, dos matrículas de honor. Otro sobresaliente. Un genio. Paul Thomas Anderson. 

     

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